
Manuel Riveiro
[Lunes, 18 de junio de 2007]
Con su gesto entre compungido y desafiante, su nombre de telenovela y su derrota a cuestas, la ex alcaldesa de Arrecife se resiste a asumir que perdió por goleada las pasadas elecciones locales. Visto lo visto desde el 27 de mayo, a María Isabel Déniz de León parece que nadie la quiere bien, porque de lo contrario alguien -algún compañero de partido, tal vez un amigo o quizá su panadero- le recomendaría no seguir paseando sus desgracias políticas por los platós de televisión, convirtiéndose definitivamente en un personaje de la Salsa Rosa insular.
Erróneamente, se ha automedicado contra la depresión postelectoral con estimulantes dosis de titulares: “Algunos hubieran querido que me quedara para continuar machacándome y sacándome la sangre y la piel a tiras”, “Lanzarote está sometida a un pacto entre rejas” o este otro, espectacular, a lo Carmina Ordóñez: “He vivido situaciones de mucho estrés, de mucha violencia, e incluso humillación, he tenido que hacer cosas que no le voy a contar, pero que eran muy duras”.
Llamando implícitamente estúpido al electorado que le dio la espalda, la ex no hace sino dilatar la vuelta a la normalidad dentro de Coalición Canaria, cuando lo más sano hubiera sido esperar plácidamente en casa la llamada de Paulino Rivero para ocupar algún echadero en el Gobierno de Canarias en forma de Dirección General relevante o, con suerte, Viceconsejería con derecho a foto periódica. Un retiro temporal de cuatro años en el que renacer de sus cenizas (algo muy difícil) o simplemente hacerse a la idea de tener que volver a coger la tiza, aunque fuese sólo para disimular.
Donde debería haber estado y ni se rozó fue el sábado por la mañana en el salón de plenos del Ayuntamiento que la vio nacer, crecer y apagarse políticamente. La silla que llevaba su nombre ya estaba ocupada por Lolina Curbelo y entre el público, de pie si hubiera llegado tarde, tampoco le debió de parecer ubicación adecuada. Se perdió la toma de posesión de Enrique Pérez Parrilla, al que apenas se le escuchó una palabra más alta que otra cuando el fallido ‘plan renove' del Partido Socialista lo mandó hace cuatro años al instituto.
Y se perdió, también, algunas lecciones de viejo profesor. Y es que cuando Pérez Parrilla -con una gestión pública tan criticable como las demás- dice que con sus “aciertos y errores” ha puesto “siempre el interés general por encima de todo”, suena creíble. Es más, si ya alcalde reflexiona que en esta “Isla comprometida” el “espectacular desarrollo no ha servido” todo lo que debiera para “el progreso” social, que “el dinero fácil ha traído la pérdida de valores” y que “nos hemos envilecido adorando al becerro de oro”, uno no tiene más remedio que darle la razón.
manuelriveiro@diariodelanzarote.com
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