El pacto

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 11 de junio de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

El PSC-PSOE y el PIL han llegado a un acuerdo para gobernar las principales instituciones públicas insulares en los próximos cuatro años. Ha trascendido el reparto de áreas entre ambas formaciones, pero lo que de verdad nos interesa a algunos -espero que no seamos pocos- es el programa conjunto de gobierno que piensan desarrollar a lo largo de este mandato. Esperaba un programa, al menos en sus líneas maestras, y que se difundiera antes de que comiencen a ejercer sus nuevas funciones, y así ha sido. No es poco.

Lo primero que se aguarda de un nuevo grupo de gobierno que alcanza el poder es que sea coherente con las posturas mantenidas durante su estancia en la oposición, y que sea fiel a las promesas realizadas a lo largo de la campaña electoral. Es lo mínimo. Lo segundo es que sus integrantes establezcan sólidas bases de confianza recíproca y que no se hagan la puñeta unos a otros para que el pacto sea estable y duradero. Lo tercero es olvidarse de lo accesorio y centrarse en los problemas reales de los ciudadanos para tratar de resolverlos, gobernando bien, desde la cercanía y honestamente. Y, por último, creo que los nuevos consejeros y concejales deben evitar la tentación de gobernar desde la vanidad y/o el rencor hacia los vencidos.

Tener los pies en el suelo y tratar de no perderle el pulso a la realidad es esencial. Es muy fácil que el gobernante se crea gobernador plenipotenciario, y eso es malo. En mi opinión, hay otro factor decisivo, así que lo apunto aunque no me atrevo a sugerirlo. Ahí va. Creo que para gobernar bien no hay que ver la televisión, ni oír la radio ni leer los periódicos. Basta con escuchar a las personas, a los administrados. Es muy fácil que un gobernante pierda la noción de la realidad si está todo el día pendiente de los medios de comunicación. La opinión y la información publicadas tienen la importancia que tienen, y nada más, pero crea una realidad paralela, virtual -en palabras de Manu Riveiro-, en la que se instalan las necesidades de los propios medios, los cargos públicos y orgánicos, los escasos seguidores de la actualidad publicada, los asesores y los gabinetes de prensa. Y al final se acaba gobernando para los medios de comunicación o en función de ellos. Creo que estamos muy sobrevalorados.

 

(Publicado en Canarias7)

 

 

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