
Elisa Corujo Rodríguez
Médico geriatra
[Miércoles, 6 de junio de 2007]
Pensar en el Hospital Insular de Lanzarote es pensar en el anciano, en su integridad con sus valores, sus necesidades, y en su dignidad.
Hace ya casi un cuarto de siglo que el hospital insular dejo de ser un centro asilar, con una imagen de abandono de sus instalaciones y en la política de dar cobijo a todas aquellas personas sin techo ni familia. Era el espacio en el que se daba cabida a los abandonados de la sociedad. Personas , que bien por imperativo gubernamental o social, era ingresada para sus cuidados. No se llevaba a cabo ningún tipo de valoración, seguimiento y tratamiento, y terminaban sus días en el centro de una forma indigna para la condición humana.
Al inicio de este cuarto de siglo comenzamos nuestra andadura profesional en el Hospital Insular, en unas instalaciones obsoletas, en las que el residente independiente, convivía con personas dependientes bien desde el punto de vista físico y/o mental. Nuestra mayor preocupación era dar dignidad y calidad a la atención asistencial. Existía, en ese momento, un especial interés por parte de la corporación del Cabildo de Lanzarote en la recuperación del espacio hospitalario y con ello dar una atención específica al anciano, dado que en la isla no existía este tipo de atención. Recordar que la única residencia-asilo de la isla se encontraba ubicada en un edificio anexo al hospital en situación de abandono.
La ilusión en el grupo de profesionales, que en aquellos momentos componíamos el equipo sanitario del Hospital Insular, fue en aumento: buscamos información, documentación, iniciamos periodos de formación y reciclaje, y poco a poco fuimos conformando el espacio y los niveles asistenciales que hoy conforman la asistencia geriátrica que dicho centro presta.
Hablar de atención al anciano es hablar de valoración, rehabilitación, ubicación, apoyo familiar, seguimiento al paciente y al cuidador, y afrontar los últimos momentos de la vida dando soporte paliativo. ¿Qué valoramos en el anciano? Valoramos sus funciones físicas y mentales, su situación familiar y social, sus problemas y situación de enfermedad. Tratamos de conocer sus valores y respetar su autonomía, para mantener en todo momento la personeidad que todo ser humano conlleva. Con ello elaboramos un plan de actuación terapéutico y de rehabilitación para lograr, siempre, el máximo de beneficio para el anciano. Rehabilitamos todas aquellas situaciones de discapacidad que potencialmente pueden revertir. Ubicamos en el espacio mas digno que puede existir, bien desde el punto de vista social como institucional. Apoyamos a las familias desde el asesoramiento, la información y en la formación de grupos de apoyo, para que puedan llevar los cuidados y los tratamientos desde el domicilio o desde su entorno de vida al familiar anciano con problemas de salud invalidante tanto física como mental. De esta forma tratamos, entre todos, de mantener al anciano el mayor tiempo posible dentro de su entorno familiar, social y vivencial, y conseguir evitar los problemas que la institucionalización puede producir: infecciones, cuadros confusionales, caídas, depresión, etc.
Con todo ello hemos iniciado, desde una isla periférica, un modelo de asistencia geriátrica integrada, de referencia, lejos de comparaciones con otros modelos en el resto del territorio nacional. En él se encuentran representados todos los niveles asistenciales que el anciano requiere: Unidad de hospitalización de agudo y media estancia, unidad de cuidados continuados, unidad de demencia, Hospital de día geriátrico, consulta externa de valoración y seguimiento, y residencia de ancianos asistida, junto con camas de hospitalización para dar soporte a los cuidados paliativos. Además el equipo multidisciplinar aporta informes geriátricos de valoración y orienta en la selección de los ancianos-solicitantes para el uso de las plazas residenciales públicas que cuenta la Isla de Lanzarote.
Toda esta tarea la hemos llevado con ilusión, profesionalidad y compromiso desde un equipo multidisciplinar que fundamenta la línea asistencial que el Hospital Insular ha llevado en los últimos años, y que trata se seguir llevando.
El tiempo pasa y con él el deterioro de las instalaciones del Hospital. En la actualidad es un centro senil, que soporta una gran carga asistencial, que sus instalaciones no toleran más modificaciones y que su mantenimiento es complejo dada la pobre, por no decir nula, implicación del gobierno y la política insular en estos últimos cinco años. No nos adecuamos a los tiempos. Tenemos falta de personal, el material sanitario necesita una inversión, las barreras arquitectónicas son insalvables, por lo que el personal se encuentra trabajando en unas condiciones no adecuadas para este siglo XXI.
Aún con todo seguimos trabajando, seguimos disfrutando con nuestro trabajo, pero observamos que debido a la importante carga asistencial que soporta, con medios no adecuados, pueden producirse y de hecho se producen, situaciones de conflictos en la atención. Si a ello se suman los conflictos familiares que pueden existir en el seno de las familias en relación a los cuidados del anciano: pobre implicación, exigencias cada vez mayores y conflictos en las conciencias individuales de abandono, tratan de culpabilizar al centro y al personal. ¡No! Muchas familias no se implican, se desprenden del anciano cuando éste requiere el soporte, el cariño y la implicación familiar en etapa final de su vida. En todo momento buscamos soluciones pensando en la mejor asistencia y ubicación del anciano. No es fácil, las plazas son insuficientes, las instalaciones no adecuadas, los problemas de salud añadidos a la institucionalización se exacerban y el apoyo, muchas veces, de la familia es inexistente. Accidentes existen, el error humano es un factor y lo asumimos, pero no es el habitual. Hay que tener en cuenta todas las particularidades de la institucionalización del anciano, reconocidas y estudiadas desde la Geriatría como un factor de riesgo de deterioro de la salud: éste deja de reconocer su espacio de vida, su familia y sus amigos, sí a ello se suma el incremento de las infecciones, inmovilismo, depresión, y un aumento del deterioro cognitivo y riesgo de caídas; la necesidad de vigilancia y atención aumenta. En el momento actual el centro no tiene el personal suficiente, y los medios de vigilancia, desde la tecnología, no son lo adecuados.
Con todo ello, quiero dar a conocer, desde el propio centro, una realidad de trabajo y de compromiso con el anciano y las familias, para que no saquemos fuera de contexto una asistencia que es de todos y para todos. Que los principios asistenciales se rigen: en tratar y cuidar al anciano respetando su autonomía; procurarle siempre beneficios con el diagnóstico, los tratamientos, y los cuidados; y ser justos en la distribución de los recursos en relación con sus necesidades. Por todo ello es necesario que nuestros representantes políticos, económicos y sociales aboguen por este planteamiento asistencial geriátrico en su conjunto. Que defendamos, todos, un espacio y una calidad asistencial que, tarde o tempranos, podremos utilizar. Tratemos de dar dignidad a nuestros ancianos y con ello a nosotros mismos. La atención a este grupo de población es un grado de buena salud de nuestros representantes y de nuestro pueblo.
Sigamos defendiendo para el anciano todos los recursos asistenciales que en estos momentos cuenta la Isla de Lanzarote pero dignificando las instalaciones.
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