
Mario Alberto Perdomo
[Martes, 29 de mayo de 2007]
Voté porque somos los ciudadanos quienes ponemos y quitamos a los gobernantes, aunque algunos acaben por tener un sentido patrimonialista del poder público. Voté porque en realidad concibo este derecho como un deber cívico, como un acto de responsabilidad. Uno más, aunque colofón, de una manera de estar en la vida y, por lo tanto, de estar en el espacio público. No concibo la democracia reducida a la posibilidad de votar cada cuatro años, sino como un ejercicio de participación cotidiana, de expresión de mis preocupaciones señalando lo que me gusta o no de la acción de gobierno, proponiendo iniciativas y/o criticando el quehacer de los elegidos. Les haya votado o no.
La política no es, para mí, sólo la actividad de los cargos electos, ni de los partidos. No es engaño, ni demagogia, ni populismo, ni diplomática ambigüedad. La política es la casa común de todos los ciudadanos, sólo que unos pocos tienen la responsabilidad de ejecutar los anhelos de las mayorías, a las que deben servir desde el primer día hasta el último. No concibo la política ni la democracia para ser ejercitadas cada vez que hay elecciones y mantenerme callado durante cuatro años. Y quienes no lo sienten así y se presentan a las elecciones, difícilmente obtendrán mi confianza.
Quienes quieran mejorar en la vida, que se preparen y estudien; quienes quieran aumentar su nivel de ingresos, que creen una empresa y se arriesguen; quienes quieran hacerse ricos, que jueguen a las quinielas; quienes necesiten cariño, que lo cultiven o vayan al psicólogo; quienes persigan la fama, que se presenten a 'Factor X'; quienes quieran pasar a la historia, que se dediquen a la investigación o se entreguen al bienestar de los demás a manos llenas. Reflexiono sobre buenos administradores, eficientes, valientes, con verdadera vocación de servicio y demócratas hasta la médula. Pienso en personas que sientan los derechos humanos y aferradas a valores como justicia, igualdad, solidaridad y equidad. Los quiero así no sólo durante una campaña electoral, sino a lo largo de todos y cada uno de los días de una legislatura. Las instituciones públicas lanzaroteñas están necesitadas de demócratas hasta la médula y de buen gobierno.
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