
Mario Alberto Perdomo
[Sábado, 26 de mayo de 2007]
En unas elecciones locales las personas son más importantes que los partidos. Más que los programas políticos y más que las promesas. A diferencia de unas generales, en las que las marcas garantizan una sólida base, las locales es el tiempo de las personas, sin desmerecer las siglas. Si no conoces a un candidato, puedes averiguar quién es, qué inquietudes tiene, cuál es su trayectoria profesional, cuál su pulsión vital y cómo se relaciona con la vida, con sus semejantes y con el espacio público. Puedes saber, en suma, si es una persona en la que se puede confiar o no. Y, sobre todo, por qué y para qué ha dado el salto a la política. Si lo conoces, tiempo que te ahorras.
Lo que los electores tratamos de discernir es qué personas son más rectas, honestas y capaces para gestionar en nuestro nombre los asuntos colectivos. De eso se trata, de poner en sus manos la administración de lo público para resolver los problemas y mejorar la calidad de vida de las personas. Gobernar bien es muy importante, con hondo espíritu democrático, vocación de servicio y para las mayorías. Más o menos por aquí está lo que todos buscamos en un candidato, o candidata, más allá de las afinidades ideológicas.
Lanzarote ha tocado fondo y con ella la percepción que muchos ciudadanos tenemos de la política y de los políticos. Para tratar de regenerar esta situación y recuperar la confianza de los ciudadanos en sus gestores públicos, es imprescindible una nueva ética política, un nuevo impulso democrático y administrar Cabildo y ayuntamientos bajo nuevos criterios. Seriedad, rigor político y presupuestario, trabajo, dedicación, vocación de servicio y defensa del interés general serían algunas de las características de todo buen gobernante y de todo buen gobierno. Ya no tiene cabida el populismo, el engaño, la demagogia, los personalismos, las tentaciones autoritarias, el despilfarro, el asalto a las arcas públicas o la confusión entre la política y los negocios.
Necesitamos confiar en las personas, en unas más que en otras. Y ellas deben hacerse merecedoras de nuestra confianza. Iré a votar y mi elección estará muy influenciada por el perfil de los candidatos. Me he vuelto muy poco tolerante con los chapuzas, estirados, aficionados, medradores, tiranillos e incompetentes.
(Publicado en Canarias7)
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