EL OBSERVATORIO

 

La Corporación

 

Manuel Riveiro

[Sábado, 26 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

Llevamos meses, quizá años ya, escuchando que detrás de cada paso para revisar un Plan General o para descatalogar viviendas protegidas o para permitir grandes operaciones urbanísticas se encuentran "cuatro o cinco especuladores" bien relacionados con el Poder político. Es queja común, también, la cercanía y atención de los gobernantes hacia los que tienen la billetera llena -que pueden tener algún detalle y hasta pagar campañas electorales- y el desdén por los que con dificultades llegan a final de mes. ¿Demagogia tal vez? Puede. Así en frío, generalizando y sin poner ejemplos con sus correspondientes nombres y apellidos, la sensación de que quien manda realmente en la Isla son un puñado de empresarios y no los legítimos representantes de la voluntad popular -rebajados a simples marionetas- no pasaría de comentario de tertulia de media mañana en la Calle Real o de reflexión de un aprendiz de Saramago cualquiera.

Centremos la mirada en Arrecife. La capital de la Isla, que ronda ya los 60.000 habitantes, es un caso práctico de cómo se manifiestan las tensiones del dinero -de natural inquieto- por lo urbanístico. Se aprecia en la reconversión de las antiguas zonas industriales o en las expectativas sobre los edificios catalogados por su valor histórico y arquitectónico y, en resumen, por el ansia en inventarse una nueva ciudad sobre los cimientos de la actual. Contando poco, eso sí, con sus miles de actuales residentes y sus necesidades pero mucho con los hacedores y las suyas.

Un ejemplo de lo dicho es la manzana de Garavilla, en Valterra, propiedad de las sociedades de Miguel Morales (Hormiconsa) y Francisco González (Supermercados Marcial). A través de un convenio urbanístico, el suelo (52.250 metros cuadrados) pasa de ser industrial a residencial y recreativo-comercial, dando vía libre a dos torres (de 7 y 10 plantas), un centro comercial y un aparcamiento subterráneo. El Ayuntamiento, es decir, el pueblo de Arrecife, se queda con una plaza, que en realidad será la cubierta del aparcamiento. Ni vivienda de protección oficial, ni reserva de suelo para dotaciones públicas... hablando en plata, un 'business', pero para los promotores.

Otro ejemplo, en este caso de las expectativas sobre el patrimonio arquitectónico de la capital, es el que se produce en la calle Real sobre tres edificios, muestras de las 'casas altas' decimonónicas de la ciudad. Entre las tres (más bien dos porque una fue demolida con muchísimas dudas sobre la legalidad del derribo por parte de Patrimonio) suman 1.400 metros cuadrados de superficie. Hablo del antiguo Hotel Oriental y de los números 33 y 35 de la calle León y Castillo. Y hablo de Inmobiliaria Chimida, es decir, de la familia González Berriel, que anheló la demolición del número 33 y hacer lo mismo con el Hotel Oriental.

Son dos casos, pero se podrían poner muchos más. Ahora bien, ¿qué tienen en común los dueños de Garavilla, Miguel Morales y Francisco González; y los del Hotel Oriental, Fernando González Berriel & brothers; y la empresa chicharrera que ha adquirido Agramar, de nombre Salatin S.L.; y Lanzagrava; y los desconocidos Juan Francisco Rosa y Rafael Lasso? Pues muy sencillo: forman parte de 'La Corporación'. De la Corporación Lanzaroteña de Medios S.L., el atril mediático desde el que, de puntillas, Jorge Coll pontifica las bondades de sus proyectos empresariales y aprovecha para tratar de laminar -algo que puede convertirse en oficio- a los que disienten, difieren o discrepan sobre un modelo de ciudad diseñado a la medida para engordar las cuentas corrientes de sus jefes.

Empecé mencionando la influencia que puede llegar a ejercer el Poder económico sobre el Poder político. Y a la hora de escribir esto, no sé por qué me acuerdo de una anécdota de lo más curiosa. Resulta que en marzo, un par de agentes de la Policía Local de Arrecife se dieron una vuelta por la tele de 'La Corporación' para comprobar que tenía licencia de apertura. Un "control rutinario", dicen los agentes. Al solicitarle la documentación al "encargado", éste se debe de poner un poco nervioso pues -según el informe policial- llega a "faltar el respeto" a los funcionarios.

En vez de entregar la documentación que le requieren, les dice a los agentes que esperen "un momento" que "iba a llamar a la alcaldesa". Y es así que la pareja de policías es testigo -según relatan- de "la conversación" entre el responsable del chiringuito "y la supuesta señora alcaldesa" de Arrecife: "Isabel, ¿estás por el Gran Hotel? Es que tengo a dos municipales de los tuyos aquí, pidiéndome eso de la documentación. Y esto ya me parece vergonzoso, esto es un acoso y que sepas que lo voy a denunciar públicamente, y eso te va a hacer mucho daño a ti y te va a repercutir políticamente. Así que o lo arreglas tú o lo hago yo, estoy dispuesto a llevarlo a los tribunales".

Hay quien piensa que en las elecciones no sólo se deciden quiénes ocuparán los sillones (a veces auténticas poltronas) de las instituciones públicas. Hay quien cree que se elige mucho más. 'La Corporación' no se presenta a las elecciones. ¿O sí?

 

manuelriveiro@diariodelanzarote.com

 

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