Abstencionistas

 

Mario Alberto Perdomo

[Viernes, 25 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

La perfección casi no existe. Sólo en la naturaleza, quizá. La brecha entre lo que es y lo que debería ser es tan grande que muchos teóricos abstencionistas recurren a este argumento -sólido, por otro lado- para justificar por qué no piensan acudir a las urnas el domingo. Lo entiendo. En Lanzarote, además, la política ha alcanzado tales niveles de corrupción, incompetencia y desgobierno que los potenciales abstencionistas tienen más motivos todavía para no ir a votar. Es posible que todo ello situara esta isla en la menos participativa en las elecciones de 2003, lo que muy bien podría volver a reeditarse en las del próximo día 27, según vaticinan algunas encuestas.

A veces se argumenta que los nuevos lanzaroteños no votan; que los trabajadores y sus familias que han ido llegando en los últimos tiempos y se han instalado aquí, sólo se interesan por mejorar sus condiciones de vida y le dan la espalda a la política y a los procesos electorales. Es posible que ello justifique la alta abstención, al menos en parte. Sin embargo, el patético panorama político que se encuentran tampoco motiva la participación. Como quiera que sea, el verdadero potencial de cambio y de regeneración está en manos de los potenciales abstencionistas, si acudieran a votar en masa no por la opción ideal de cada uno, sino por la menos mala. O en blanco.

No hay condiciones objetivas para que algo así suceda, pero algún día acontecerá. En su contra juega que hay partidos que no incentivan la participación, ya que cuantas más personas ejerzan su derecho al voto, disminuyen sus expectativas a favor de otras formaciones políticas que generan mayor confianza e ilusión. ¿Cómo convencer a los abstencionistas de que vayan a votar? Difícil tarea. Se podría empezar por hacer las cosas bien en las instituciones públicas, con verdadera vocación de servicio público y desterrando la demagogia y la corrupción, trabajando a medio plazo en los proyectos que reclama la ciudadanía y colocando en las listas a personas de trayectoria impecable. Entre otras, al menos estas condiciones son necesarias para que los abstencionistas dejen de serlo. Pero con o sin estos requisitos, la posibilidad de los cambios políticos se encuentra en sus manos. En Lanzarote son casi tantos como los que votan.

 

(Publicado en Canarias7)

 

 

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