Ezcritor, la obsesión por la escritura

 

Fabián Álvarez

[Martes, 22 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

Este fragmento de Trópico de Capricornio (Henry Miller) aparece en las primeras páginas de los "Diarios secretos de sexo y libertad" que próximamente publicará Rafael Fernández "El Ezcritor"

 

"... Tenía que aprender como Balzac, que has de escribir volúmenes y volúmenes antes de firmar con tu nombre. Tenía que aprender, y no tardé en hacerlo, que has de abandonar todo y no hacer otra cosa que escribir, que has de escribir, escribir y escribir, aun cuando todo el mundo te aconseje lo contrario, aun cuando nadie crea en ti. Quizá lo hagas precisamente porque nadie cree en ti. Quizá el autentico secreto radique en hacer creer a la gente...".

Rafa, es de esas personas que parecen salidas de una película. De un libro en el que alguien lucha por sus sueños y termina consiguiéndolos. Alguien a quien no le importó dejar su trabajo de recepcionista de noche para encerrarse a escribir. O quizá sí le importó y eso hace más increíble la gesta que lleva en camino. Dejó su mundo, su todo. Para perseguir un sueño que va tomando forma. Actualmente decenas de miles de personas siguen diariamente sus "ezcritos". Él no es correcto. Las teclas más gastadas de su teclado son el "Shift" y los dos puntos. Separa sus frases así. Porque cada una de ella nace de la anterior. Cada palabra da a luz a otras que te atrapan. Que no te sueltan. En cada uno de sus textos es fácil ver a la persona que quizá deseas ser. O a la que no te atreves a ser.

Se ríe de las costumbres. De nuestro modo de vida. Le das pena tú. Que trabajas de sol a sol para pagar hipotecas, para pagar cosas que no quieres, que no necesitas. El se ríe. Desde su buhardilla en Madrid donde se mudó para estar más cerca de su meta. Siempre tiene presente al que un día fue. En los tiempos en que le daban con la puerta en las narices los editores. Rafa se apellida Fernández. Y hasta su apellido habla claro sobre quien es. Es alguien normal. Sin recomendaciones. Rafa es tú, o yo, o ese vecino raro que te encuentras en la escalera.

Sabe escribir. No adorna nada. No hay sitio para las flores y las telas de colores en la realidad. Cada texto es vida. Es una herida abierta que sangra a borbotones. Un trago de Vodka en ayunas. No te puede dejar indiferente. Él no pide tu cariño, ni que lo comprendas o lo aceptes. No le importa. Lo único importante es que leas lo que escribe. Que te metas dentro. Que sientas una literatura que parece dormida entre templarios, códigos y búsquedas de la felicidad apiladas en absurdas estanterías.

Balzac inspiró a Henry Miller para que este se fuera a Paris a llenar cuartillas con una maquina de escribir. Miller hizo lo propio con el Ezcritor. Y seguro que dentro de no mucho tiempo, alguien en algún lugar, dejará una mañana todo lo que para él represente seguridad y tedio. Y se pondrá a manchar hojas de papel con sangre, sudor y semen. Ese día volveremos a ganar todos los que disfrutamos de la lectura.

 

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