LA MIRADA OLIVINA

 

Lo que sigue a la integración

 

Mare Cabrera

[Viernes, 18 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

La presidenta del colectivo de discapacitados de Lanzarote hacía unas declaraciones plasmadas en Crónicas de Lanzarote cuanto menos significativas y clarificadoras. Planteaba la sensación que se percibe por parte de este colectivo de ser conejito de indias de los políticos durante la campaña política. Afirmaba que "ahora es la época en la que más nos llaman y después de las elecciones no nos vuelven a llamar hasta dentro de otros cuatro años". Este hecho, que no es monopolio del colectivo que preside, es por todos conocido y reafirmado en cada arranque de precampaña política. Son muchas las reuniones y posteriores promesas que quedan en el limbo electoral.

Es tanta la dejadez que han percibido por parte de los representantes públicos que han decidido no reunirse con el fin de no gastar saliva inútilmente, ahora bien, aunque comprensible, rendirse en el empeño de reivindicar mejoras del tipo que sean nos lleva a una actitud derrotada de la que sin duda no podemos hacer acopio, si no, ¿qué sería de nosotros en Lanzarote?

Mari Luz Moya, habla de una doble lectura en el hecho de que se presenten en las listas a personas con discapacidad, añade que algunos pueden verlo como una "estrategia para quedar bien y conseguir votos" mientras que otros lo valorarían como un paso hacia la integración. Actualmente los discapacitados, el sistema educativo, que es donde se perpetúan o mueren las diferencias y la discriminación, da un paso cualitativo y cuantitativo hacia delante. La integración se queda pequeña, no nos sirve, no es justa, no vale para todos, es insuficiente. La inclusión impera, se está educando en ella, se asimila por los más pequeños y escala socialmente hacia algo más y mejor.

¿Y qué si algunos piensan que es una artimaña para quedar bien? ¿Y qué si existe algún político/a tan inepto que no pasa de esa pretensión cuando incluye en las listas de su partido a una persona con discapacidad?

La supuesta actitud vencida de los discapacitados que en teoría les imposibilitaría presentarse a unas listas porque dan la derrota por sentada, es completamente irreal. Puede que sectores completamente insensibilizados o radicalmente ignorantes piensen que el hecho de tener una discapacidad influye en la toma de decisiones, actuaciones válidas y responsables, criterios razonables, etc, etc, etc, pero el que se sienta en una silla de ruedas no se convierte en una silla de ruedas, y es completamente consciente de su validez.

En el caso de que una persona con discapacidad se presente a las elecciones y las gane, los ciudadanos verán los resultados de su gestión, su presencia política, su decencia y actuaciones preocupadas por el bienestar común o la falta de todas estas premisas que debería tener un buen gobernante-entre otras- lo de la silla, la muleta o similares sólo lo perciben los que no ven más allá.

Acerca de la imposición de personas con discapacidades en las listas de partidos, sinceramente, mis ideas son contradictorias aunque se decantan hacia la semi-imposición. Estoy convencida de que un empujoncito así, quizá menos forzoso, obligaría al despertar del sector político de la isla. Lo que en un principio sería impuesto se convertiría a posteriori en una importantísima terapia de grupo en lo que a tolerancia se refiere. La existencia de este sector de población en los cargos y responsabilidades públicas, políticas y sociales acercaría más a la realidad a un colectivo que excluyen del contexto-entre otras razones-la pésima infraestructura y el estado de calles y aceras, la baja incorporación al mercado laboral, la imposibilidad de acceder a servicios públicos, participar en actividades culturales y lúdicas-por no disponer de adaptaciones necesarias- etc.

El infinito desconocimiento acerca de las características de las discapacidades nos ciega en cuanto a todo lo que viene después. He hablado de personas con dificultades motrices, pero existe un sector con discapacidades cognitivas-entre otras- que tampoco le impiden realizar trabajos y adquirir cualquier tipo de responsabilidad. Existen grados y en cada uno de ellos pueden adquirirse determinadas habilidades. Por lo que pueden ser perfectamente competentes o incompetentes, como el resto de los mortales.

La actitud excesiva de protección, el sentimiento de pena o la tendencia a la exclusión a la hora de relacionarnos, es una forma más de discriminación, puede que la más grave, porque nos separa a todos y nos aleja de la tan deseada inclusión.

 

 

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