Llegó el Teatro

 

José M. Clar García

[Viernes, 18 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

Y con él, llegó el escándalo. Y a pesar de los pesares podemos decir que Arrecife, nuestra capital, la tercera capital de Canarias, cuenta ya con un teatro o "sala polivalente", es decir, lo mismo para un roto que para un descosido, como lo denominó la todavía Presidenta de la Corporación Insular. Y casi atropelladamente, pues la cita era ineludible - la pegada de carteles - , sin apenas tiempo para cambiarse de ropa o acicalarse un poco más si cabe, con las melodías disonantes de un nutrido grupo de profesores del conservatorio y los compases de fusión del músico conejero Toñín Corujo, seguido de los flashes y la fotografía de rigor, pasó sin pena ni gloria una jornada que podría haberse convertido en una de las más relevantes de los últimos tiempos.

Siempre había imaginado que el advenimiento de nuestro teatro sería una fiesta, una fiesta de la cultura. Una fiesta a la que, formalmente, seríamos invitados los colectivos artístico-culturales para realzar, tan solo con nuestra presencia, tal acontecimiento. Siempre creí que cuando llegase ese día se organizaría un solemne acto institucional, como imponen los cánones protocolarios y ya por la noche podríamos acudir a un gran concierto musical de cualquier índole, donde todos los melómanos, profesionales del ámbito de la música y curiosos en general, pudiésemos acudir para comprobar in situ las excelencias que se le suponen a una obra de estas características. Pero nada más lejos de la realidad. Tuvimos que acercarnos al teatro y mendigar una miserable invitación para un acto meramente político cuya única finalidad fue engrosar la lista de inauguraciones y captar ¡cómo no! un par de votos más, al tiempo que sirviese para correr una cortina de humo - como se dice ahora- y distraernos a la opinión pública y medios de comunicación de los estragos que está causando el tedioso "plan de Arrecife". Sin programa de manos, sin mención expresa de los artistas, a una hora inapropiada, hora a la que la mayoría de los establecimientos, en el mejor de los casos están cerrando, se inauguró nuestro teatro. Una modesta sala, más propia de un centro socio-cultural (antes teleclub), que de la capital de la isla de Lanzarote!

Y yo me pregunto: ¿y ahora qué?. ¿Qué podemos hacer con una sala de no más de 700 butacas para una población de casi 60.000 habitantes?. ¿Tendremos una temporada de ópera y de zarzuela? En caso afirmativo, ¿dónde colocaremos la orquesta? ¿En el patio de butacas, a ras del suelo, para lo cual será preciso eliminar algunas filas de asientos? ¿Tendremos oportunidad de ver buenas obras de teatro en la próxima temporada? ¿Y ballet? ¿Y conciertos de música sinfónica?

¡Ojalá, por el bien de nuestra capital!, se produzca una verdadera dinamización cultural de este espacio. Que esta "sala polivalente" no se convierta en el perfecto comodín para organizar actos de diversa índole: presentaciones de libros, de discos, mítines políticos, asambleas vecinales, pases de modelos y peluquería... ¿Qué más polivalencia que el hecho de ser útil para aquello que fue diseñado, esto es, música y teatro?

 

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