Queremos oferta complementaria

 

Tomás J. López

[Viernes, 4 de mayo de 2007]

 

 

 

 

 

 

¿Cómo no? Claro que sí. Son ellos quienes deberían enterarse y no se entran. Deberían hacerlo porque para eso les pagamos, porque para eso les elegimos. Vale que eligiéramos a otros, y luego esos pactaron con los otros, y se cambiaran al partido de los otros de más allá, y se llevaran el acta, y.en resumen, que nos gusten o no "les elegimos". Pero aunque estén ahí, se saquen la foto y cobren, no se enteran. Y como la ignorancia siempre ha sido atrevida, terminan diciendo que los ignorantes somos los demás. Por eso somos los demás quienes estamos en contra de todo, y nos negamos al desarrollo de la isla; por eso nos dicen que queremos volver a plantar papas. Por eso aseguran que representamos a la reacción, y ellos, al progreso. Y es que estos quieren modernizar la isla como un tal Amargo al carnaval de Tenerife: cagándola. Su modelo de desarrollo es más viejo que los teniques de los Ajaches y sus resultados están en las costas mediterráneas de España o en el sur de nuestras islas capitalinas.

Pos cierto: a cuenta de esto me viene a la memoria la visita de un amigo de fuera que viajó a Lanzarote y al sur de Gran Canaria el pasado verano. Yo le acompañé por nuestra isla y luego marchó a "la redonda". Cuando volví a verlo, ya fuera de Canarias, me contó con una sinceridad demoledora que quería volver a Lanzarote pero que probablemente no regresaría a Gran Canaria. Había pasado cinco días en la costa de Meloneras, donde la "oferta complementaria" de la que ahora hablan nuestros políticos no falta: campos de golf, ocio nocturno, marinas deportivas., pero mi amigo, muy viajado por cierto, iba buscando lo singular. Y piche, barcos, cemento, cholas, bronceador, bloques o césped era paisaje común en cualquier zona turística del planeta. Yo, canario de siete islas como canta la isa, y además nacido en el Hospital Materno de Las Palmas, no pude dejar de reprenderle y le dije que Gran Canaria tenía muchas cosas bonitas. Pero entre la oferta, la 'contraoferta' y la oferta complementaria, mi amigo se había agobiado y, comprensiblemente, no había visto allí más que una reproducción del casposo modelo desarrollista que ya se pusiera en marcha en tiempos del "abuelo Patxi", como el otro día escuché que llamaron al dictador en un programa de la tele. Lo que sentí entonces fue, esencialmente, vergüenza. Los canarios, que vamos por ahí presumiendo de tierra no sabemos cómo reaccionar cuando alguien nos dice que "aquí no vuelve". Y porque nos negamos a sentir vergüenza cuando siempre hemos sentido orgullo, nos debemos negar a que los sinvergüenzas sigan proyectando nuestro futuro.

A los que han perdido la vergüenza para llenar sus bolsillos hay que dejarles claro que nosotros sí queremos una oferta complementaria. Pero una oferta complementaria del siglo XXI, sostenible, respetuosa con nuestra identidad como pueblo, que redunde en el turista y también en el isleño, que no destruya nuestras singularidades naturales, paisajísticas o culturales, sino que las refuerce. Claro que queremos una oferta complementaria, claro que queremos progresar, pero con parámetros de verdadera modernidad, y no con un "más de lo mismo".

¿Saben quienes ahora hablan de "oferta complementaria" que en esta isla no existe ni un solo museo público donde conocer la historia, ni remota ni cercana, de Lanzarote? ¿Saben los que se etiquetan como nacionalistas dónde y cómo están los vestigios del pasado aborigen de la isla? ¿por qué no incluir a Zonzamas, abandonado y destrozado, en ese "mapa complementario" de Lanzarote? Nada, eso ni se nombra. ¿qué tipo de sociedad, de pueblo, no tiene ni un solo referente de su pasado para visitar y que sea visitado por quienes llegan como turistas? Oferta complementaria sí. Claro que queremos un centro de interpretación del yacimiento de Zonzamas, donde los chinijos de los colegios de la Isla se junten con los turistas europeos para saber cómo es la quesera, qué forma tiene el ídolo de reminiscencias púnicas, cómo eran las "casas hondas" o cómo sobrevivían los majos ante la escasez de recursos.

Obviamente queremos oferta complementaria. Claro que queremos desenterrar del olvido al Rubicón histórico, el lugar por el que comenzó la conquista de Canarias, el gran hito de nuestra historia, y por donde se inició la expansión europea por el Atlántico, uno de los grandes hitos de la historia universal. Sin dudarlo queremos que se trace un recorrido histórico-etnográfico por esos yermos parajes del sur en los que hubo un día en que los invasores europeos y nuestros aborígenes entraron en contacto iniciando una nueva era de la historia insular.

Claro que queremos que se reabra el castillo de San Gabriel, en pleno centro de Arrecife, al que los turistas acuden día tras día encontrando, año tras año, cerradas sus puertas. Por supuesto que queremos que sea un espacio para la cultura de la ciudad, entre las paredes que en su día esperaron la llegada de piratas y corsarios.

¿Cómo que no? Quién no quiere que se conserve lo poco que va quedando del casco histórico de Arrecife y la bellísima ribera del Charco y que se convierta en una zona comercial alternativa y que refuerce el comercio histórico del centro de la ciudad con pequeños puestos de artesanía, de venta de vinos, de tascas por donde salir a probar unos enyesques y donde los cruceristas puedan disfrutar del "sabor" de esta tierra.

¿Por qué no? ¿Por qué de una vez por todas no se adecenta el litoral de Arrecife y se crea, por ejemplo, un museo del mar y de la pesca donde conocer la riqueza de nuestros fondos marinos y en el que se recuerde cuál era la fuente de riqueza fundamental de esta isla hasta hace sólo 35 años?

¿Cómo vamos a estar en contra de que nuestra cultura sea un valor añadido a las bellezas con las que ya cuenta la isla? Claro que queremos que una fiesta como San Ginés deje de ser la vergüenza en la que este último grupo de gobierno ha convertido a la que era la principal festividad de la capital -ahora casi prefiero cualquier sábado en un bar de la calle José Antonio-. Queremos que San Ginés sea una fiesta digna de ser visitada, con ventorrillos, jolateros y folclore, como ha sido "de toda la vida", pero también con teatro en la calle, con cine, con conciertos de rock, canción de autor, música latina o clásica, con exposiciones de arte, con exhibiciones de deportes autóctonos... no tres cochitos y la concejala cantando temas de la Pantoja.

Los turistas y los lanzaroteños queremos movernos por la isla de manera cómoda y sin masificación. Los turistas quieren poder llegar en guagua desde Puerto del Carmen hasta el Mirador del Río. Yo quiero poder ir en verano a la playa de Famara desde Costa Teguise aunque mi madre no me deje el coche. Quienes viven en Tiagua tienen que poder llegar en transporte público a su trabajo en Playa Blanca sin dedicar el día en ello. Claro que queremos un servicio de transportes que no sea tercermundistas, y un intercambiador en la zona del nuevo Cabildo -lo habrán visto, por grande y por feo- para conectar las guaguas urbanas con las interurbanas.

Queremos que se conserven y visiten las Salinas de Janubio, queremos una red de senderismo y para bicicleta respetuosa con el medio, queremos un palacio de congresos para que venga este tipo de turismo, queremos imaginación para que el centro comercial histórico y abierto de Arrecife deje de estar en decadencia, queremos que quienes llegan a los Mármoles en barco encuentren unas instalaciones portuarias de primera, queremos que el aeropuerto vuelva a parecerse en algo a esta isla, queremos salas de arte, una agenda cultural que se dé más a menudo que cada cuatro años, queremos parques y jardines, queremos que se conserve el paraje de La Geria...

Queremos una oferta complementaria que refuerce lo que somos y tenemos, lo que nos hace distintos y únicos. Sabemos que no queremos cinco campos de golf, porque destrozaría lo que nos hace singulares y atentaría contra nuestro bien más escaso y preciado: el territorio. Y sabemos que no podemos perder lo que la naturaleza y la historia nos ha dado: queremos tierras secas donde sólo suene el viento, queremos que el jable siga viajando de norte a sur, queremos mareas limpias y rocas de basalto sobre las que siga rompiendo el Atlántico. Queremos tabaibas. Queremos seguir siendo la "Isla Mítica" del logotipo de Manrique, no otra "Terra Mítica". Queremos que el amigo que nos vista siga sintiéndose sobrecogido por la extraña belleza de esta tierra. Queremos seguir sintiéndonos orgullosos de ella.

 

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