
Mario Alberto Perdomo
[Jueves, 19 de abril de 2007]
No sólo la salud de la democracia, sino la democracia misma depende de la participación activa de los ciudadanos. La participación democrática es la esencia misma de la vida en sociedad. En el presente mes de abril se conmemora el 20º aniversario de la constitución formal de El Guincho, una asociación de corte cultural y ecologista que fue capaz de organizarse poniendo el énfasis en los aspectos e ideas que unían frente a las que separaban. Su vocación fue abrirse a la sociedad y trascender superando la autoexclusión y la automarginación tan característica de las organizaciones ecologistas de aquellos tiempos. Se impregnó de la mejor tradición ambientalista y paisajística existente en la isla bebiendo de César Manrique, destacando su carácter apartidista y permitiendo la convivencia de la pluralidad ideológica. Hace 20 años superó la diferencia entre los de dentro y los de fuera, o entre tradición y modernidad, haciéndolos convivir en su seno. Logró dotarse de una amplia base social, suficiencia económica, potentes métodos organizativos y sólidos sistemas de trabajo. Con estos mimbres, desde la conciencia crítica y considerando la isla y sus recursos como un todo interdependiente, los logros fueron muy importantes.
Manrique formó parte del Círculo Ecologista de Lanzarote, un antecedente inmediato a principios de los años 80. Su compromiso personal marcó a los promotores de El Guincho. Enseñó que la isla es un todo permitiendo tratar el territorio insular como un ecosistema unitario cuyas partes están estrechamente relacionadas entre sí. V alorizó los recursos naturales y culturales y sus propuestas siempre tenían la virtud de enraizarse en la escala insular. Mostró que la protección del territorio es un tema central y que, hablando de turismo, mejor la calidad que la cantidad. Todo eso lo hizo con unos recursos didácticos espectaculares: el ejemplo de su pensamiento, su vida y su obra. Por todo ello, El Guincho representó un nuevo impulso de la sociedad civil de la isla a mediados de los años ochenta del siglo XX, diagnosticando, criticando con fundamento y proponiendo alternativas al desarrollismo entonces naciente.
Sin embargo, fracasó la transición y el relevo planteados a finales de los años noventa del siglo pasado para tratar de superar la parálisis entonces existente, ocasionada por el fin de un ciclo. Aunque en un primer momento cogió gran impulso, movilizando y nucleando Foro Lanzarote, el movimiento ecologista quedó reducido más tarde a un mero apéndice de Alternativa Ciudadana. Desde entonces, el ecologismo en Lanzarote se encuentra débil, cautivo y amordazado. Al derivar en una organización al servicio de un partido político, quedó reducido a un instrumento triste y subsidiario.
Ahora se presenta la oportunidad de superar viejos problemas de inconsciencia o de inmadurez, cuando no de cruel sectarismo ocasionado por las tradicionales disputas de la izquierda. En todas las organizaciones, también en las civiles, hay personas con capacidad de liderazgo que ocasionan mucho daño por variados motivos, siendo trascendental identificar estos roles y erradicarlos, o las organizaciones corren el riesgo de sucumbir. Lo mismo cabe decir de la sociedad civil en su conjunto. Para construir espacios sociales hace falta una cabeza muy bien amueblada y tener claras cuatro cositas del mundo interno. Y, sobre todo, transparentar las intenciones y los objetivos para evitar la nefasta instrumentalización de organizaciones como El Guincho.
Desafíos como el cambio climático a escala global y su concreción en la escala insular, o el impulso del intenso debate que se avecina en la próxima legislatura sobre los límites del crecimiento insular, incluyendo moratorias y ecotasas, expresan la imperiosa necesidad de que, después del 27 de mayo, El Guincho deba refundarse sobre sus bases originarias: integrando y no excluyendo.
El Guincho debe ser liberado para que la sociedad civil pueda fortalecerse. Después de los últimos sucesos vividos internamente, Alternativa Ciudadana tiene la responsabilidad de liberar partidistamente uno de sus espacios de procedencia para que siga germinando participación civil y diversidad progresista. Si no es así, el proceso no podrá retroalimentarse, y, por endogámico, se debilitará pudiendo incluso llegar a agotarse.
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