Las tizas no se manchan con sangre

 

Marino Alduán Guerra

Profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
[Miércoles, 18 de abril de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

Argentina vive convulsionada desde que el pasado jueves murió un profesor, herido por la policía, durante una manifestación en la provincia de Neuquén a unos 1.100 kilómetros al sur de Buenos Aires. Las tizas no se manchan con sangre, dicen los carteles en las puertas de las escuelas argentinas.

Nadie puede consentir que haya muertos, en una manifestación pacífica y democrática, como la que protagonizan los docentes argentinos, en defensa de unas condiciones laborales que les permitan sobrevivir. Me cuentan que tienen salarios de unos 1500 pesos, con un coste medio mensual de la cesta de la compra en torno a 3000 pesos.

El propio presidente Kirchner criticó a quienes solicitan que el gobierno esté continuamente con el palo en la mano. Kirchner aseguró que "la muerte del maestro fue por pensar de una determinada forma. Qué importa si estaba más acá, más allá, es un argentino que estaba haciendo lo que correspondía y por pensar así fue fusilado. Eso evidentemente no puede ni debe pasar nunca más en Argentina", enfatizó.

La situación de explosión social que vive el país en su conjunto y en los sectores educativos y sanitarios en concreto, desaconsejan esa política del bastonazo permanente. La paciencia puede estallar como lo está haciendo en Buenos Aires, en Neuquén, en Tierra de Fuego.

Ustedes se preguntarán por mi interés ante este problema. Creo que se puede entender fácilmente. No es usual una huelga larga y ampliamente seguida de los docentes. Muy mal tiene que estar la situación para que hayan dicho, basta ya.

Aquí tenemos un ejemplo de las consecuencias, de las políticas liberales o neoliberales que tanto pregonan nuestros aprendices de neoconservadores como los señores Rajoy, Acebes o Soria. Para ellos, el mercado lo arregla todo, quien puede paga y quien no se adapta y lo que no es rentable, no hay que protegerlo. La educación pública, no es necesaria para quienes pueden pagarse una educación privada o elitista. Cuando vienen tiempos de vacas flacas estallan todas las costuras sociales y populares: empleo, educación, sanidad, pensiones, mayores, menores en riesgo...

Y entramos en un círculo vicioso. Los países ricos sí invierten en educación e investigación, nos valen dos ejemplos, Irlanda y Finlandia. La formación les permite elaborar productos caros y mejorar su nivel de vida. Unos, cada vez mejor formados y más desarrollados y otros con los maestros en la calle porque no pueden vivir. Pero la culpa ni es toda, ni especialmente, de Argentina y del resto de países empobrecidos. Hay responsabilidades internacionales compartidas. Nos relacionamos desde la superioridad y hasta del abuso.

Y también a nosotros nos vale aquello de cuando veas las barbas de tu vecino quemar pon las tuyas a remojar. La educación en Canarias y en España no está al nivel que la sociedad necesita para ser puntera y ser justa. No valoramos e invertimos lo que requiere una primera potencia mundial y lo que es peor, hemos bajado la inversión educativa por alumno-a en los últimos años.

Si la situación en general no mejora, los resultados del alumnado con dificultades sociales o escolares exigirán parar la guagua educativa y buscar soluciones urgentes. Esta desigualdad no ocurriría si no estuviéramos gobernados por gente a quien nunca le toca de cerca esta inquietud.

Y miren por donde, el círculo se cierra en el malestar de profesores y profesoras canarios. Es cierto que es incomparable con la situación argentina, pero la demanda para que se cumpla la ley de homologación retributiva canaria, por la que los docentes se igualan con el resto de funcionarios es totalmente justa. El profesorado canario, en estos momentos, percibe un 20% menos de lo que la ley establece.

Es pura demagogia hablar de la importancia de la educación y del papel del profesorado si no se cumplen las leyes ya aprobadas y en vigor que reconocen derechos laborales a los docentes.

Muchas de las cosas que están esconchabadas en nuestro entorno, empezarían a enderezarse si la sociedad respaldara la función del profesorado y todos encontráramos en la escuela, el referente que cultivan y valoran las sociedades avanzadas del Norte de Europa.

Ojalá nunca más la sangre manche la tiza ni el desinterés desmoralice la escuela canaria.

 

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