
Jaime Puig
[Martes, 10 de abril de 2007]
Tengo un par de fans, como se dice ahora, que reclaman mi opinión acerca del último juguete que circula por los despachos de maderas nobles de la Casa Cabildo: la auditoría hecha sobre las cuentas de los Centros Turísticos en el periodo comprendido entre el 97 y 2004. Una auditoría, por cierto, que comienza reconociendo que no es una auditoría. Que no puede ser una auditoría porque se carece de la materia prima necesaria para que lo sea: los datos. Si no podemos llamarla auditoría la llamaremos Mario. Y que no se lo tome nadie a mal. Mario es un nombre bonito y, además, es el santo del día que la "cosa" llegó al Cabildo. El 19 de enero.
Personalmente, Mario me parece un escándalo. Y me recuerda al episodio narrado en Casablanca cuando el capitán Renault procede a cerrar, por ilegal, el casino del Rick's momentos después de recibir sus ganancias de la noche. Ahora resulta que nos acabamos de enterar de que la gestión en los Centros Turísticos (y en otros tantos lugares) fue un auténtico cachondeo. ¿Acaso nadie sospechaba? Y, siendo así, ¿a qué el silencio? Es de bochorno la contabilidad modelo tienda de aceite y vinagre que se ha llevado en los Centros. De bochorno y no sé si de Código Penal también. Pero hay muchas más cosas bochornosas.
La que más: el silencio cómplice. Pero cómplice, cómplice. Tan cómplice que muchos de los ahora escandalizados levantaron la mano en sucesivos plenos del Cabildo aprobando las cuentas de los Centros Turísticos año tras año. O sea: dando por buena la supuesta gestión económica en la Joya de la Corona insular. ¿O tengo que creerme que ninguno de estos sabía (presuntamente) de dónde salía la pasta para las campañas que luego los ponían en las poltronas? ¿O aquí nadie ha invitado a nadie en el Monumento o el Castillo? ¿Y qué me dicen de las reiteradas campañas de supuesta publicidad en la prensa local para recordarnos que los Jameos existen?
Dice el refrán popular: Puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija. Parece que hay gente dispuesta a dejar de serlo. En buena hora.
jaimepuig@diariodelanzarote.com
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