El honor de Suárez Gil

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 9 de abril de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

 

El honor del ex presidente de la Cámara de Comercio Las Palmas, José Miguel Suárez Gil, no se ha visto dañado. En consecuencia, no ha lugar a que al actual vicepresidente de la Cámara de Comercio de Gran Canaria se le abone la indemnización de 20.000 € que reclamaba por una supuesta intromisión ilegítima en su derecho al honor. La sentencia del tribunal en primera instancia ha sido contundente, al desestimar íntegramente la demanda y fallar que Suárez Gil debe correr con las costas del juicio.

Todo comenzó un día de enero de 2005. En pleno fragor de la batalla por la consecución de la Cámara de Comercio de Lanzarote, Suárez Gil se dejó caer por la isla para repetir la letanía que venía contando desde el inicio del proceso, a principios de 2002. Decía que la Cámara de Lanzarote no era necesaria, que de crearse sería económicamente inviable, que se trataba de un planteamiento político y no empresarial, que no tenía sentido porque la delegación insular de la Cámara provincial funcionaba estupendamente, que era una manera de desestructurar Canarias... Total, que Jesús Fernández le dio un viaje en la prensa regional a través de un esclarecedor artículo de opinión, lo que motivó la demanda de Suárez Gil contra la Asociación Promotora de la Cámara de Comercio conejera. La demanda la interpuso en abril, pocos días antes de la publicación del decreto del Gobierno canario autorizando la creación de la Cámara de Comercio de Lanzarote.

A partir de ese momento, Suárez Gil desapareció de la escena, pero el conflicto institucional ha seguido vivo, pues la demanda la interpuso en calidad de presidente de la Cámara de Comercio provincial. No se puede ir contra el sino de los tiempos. Estos se encaminan inevitablemente hacia una reconfiguración de una absurda división provincial y del dominio de unas islas, las más habitadas, sobre las demás, las menos habitadas, que son consideradas meros satélites. Esto viene propiciando que unos pocos comensales se repartan el pastel mientras los demás asistimos al banquete con cara de bobos y como simples espectadores. También en el ámbito del movimiento empresarial. Por eso Suárez Gil perdió tanto la batalla de la emancipación cameral, aquí y en Madrid, como la demanda. Bueno, la verdad es que el artículo es una joya.

 

(Publicado en Canarias7)

 

 

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