La propaganda

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 2 de abril de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

Entra dentro de lo razonable en tiempos de elecciones que un partido político encargue una encuesta, analice los resultados, no se crea el pronóstico, se quede paralizado por el pánico, se encargue a toda prisa una campaña para paliar la catástrofe que se avecina y, por último, airee que ganará por goleada. Cuando las expectativas de un partido no coinciden con los sondeos que tratan de predecir las tendencias de voto, los nervios lo invaden todo y se instalan en la toma de decisiones. Y así pasa lo que pasa, que se dejan a un lado los prejuicios y las más elementales normas sobre ética política, llegando a encargarse campañas de propaganda en la que se mezcla el partido con las instituciones y los candidatos con los representantes públicos.

Por la pinta que tiene la campaña, algo así ha debido suceder con la iniciativa adoptada por CC o por el grupo de gobierno del Cabildo, tal debe ser el grado de pesimismo o de desesperación en que se encuentran. De ahí que no se haya tenido reparo en utilizar el Cabildo, el gobierno de todos y la primera institución pública insular, al servicio de la causa del partido, tratando de identificar una cosa con la otra e intentado que se produzca entre los destinatarios una estrecha asociación de aspirantes, ideas, mensajes y colores corporativos entre el Cabildo y Coalición. En cambio, no tendría nada que comentar si en lugar del escudo del Cabildo apareciera el logotipo de CC y el encargo lo pagara el partido con su dinero.

La iniciativa, grosera e insultante como he visto pocas, utiliza sin pudor el dinero público y lo pone al servicio de una causa partidaria con una doble finalidad. La primera es combatir el catastrofismo que se ha instalado en buena parte del cuerpo electoral. La segunda es evitar la estampida en las filas propias. Es demérito de los gobernantes si hay sentimientos de catástrofe, si la población considera que estamos en la peor legislatura de la reciente era democrática y si otorga la puntuación más baja de la historia a la gestión del Cabildo. La posible desmoralización, desmolivización y estampida en las filas propias es, asimismo, demérito de la dirección del partido. Los estudios de opinión son muy tozudos, la realidad ya te digo y el voto de cada elector ni te cuento.

 

(Publicado en Canarias7)

 

 

 

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