La pureza de la "raza" canaria

 

Mario Ferrer

[Miércoles, 28 de marzo de 2007]

 

 

 

 

 

Hay varias cifras relacionadas con Lanzarote que no paran de dar vueltas en mi cabeza, pero hay una por la que tengo especial predilección: 26,1%. Es el porcentaje de nacidos fuera de España que residen en Lanzarote a uno de enero de 2006 según el estudio poblacional que elaboró el Centro de Datos del Cabildo de Lanzarote. Ese 26,1%, que recientemente el ISTAC ha colocado en un 23,94%, es el perfecto símbolo numérico del extraordinario grado de mestizaje y mundialización de la sociedad lanzaroteña, sólo equiparable al de las grandes urbes del occidentales.
El último estudio de la ONU sobre las migraciones mundiales hecho público en 2006 indicaba que EEUU encabeza la lista mundial en cuanto a población residente de origen foráneo con un 12,9%. Los datos del INE indican que el año pasado en nuestro país ese porcentaje era del 8,7% y en Canarias se eleva al 11,7% según el ISTAC.

El mencionado informe del Centro de Datos del Cabildo también señala que el 50% de la población de derecho no ha nacido en Lanzarote, aunque habría que matizar que del otro 50% que sí lo ha hecho hay una porción destacada que son hijos de extranjeros. Sólo hace falta mirar a los colegios e institutos para ver que ya hay toda una generación de "lanzaroteños internacionales" creciendo. Revisando el mismo estudio se puede comprobar como en esta isla conviven actualmente habitantes de más de 120 nacionalidades distintas. Hay ciudadanos de estados tan remotos como Benin, Macao, Moldavia, Malí, Irak, Sri-Lanka...

Uno de los motivos por los que siento tanto interés por estas cifras es porque las vivimos en un territorio tan peculiar como es el de una isla pequeña. Nos hemos convertido en un escenario perfecto para que Noé ponga en práctica la versión humana de su arca bíblica. Una especie de laboratorio flotante en el que experimentar las recetas mágicas de la multiculturalidad. Una excepcional ínsula global en un mundo cada vez más pequeño pero cada vez más desquiciado con las identidades, los antiderechos inmigratorios o el choque de civilizaciones. Somos la Isla Babel.

La segunda gran causa por la que me atrae tanto este proceso de intercambio es porque el fenómeno no es nuevo, aunque haya vivido una fuerte aceleración en las últimas décadas. En realidad, los habitantes de Canarias somos internacionales por imperativo histórico y geográfico. Es paradójico pero las aduanas funcionan mal en los territorios insulares, no se pueden poner barreras en el océano.

Hace unos años, estando de viaje en la Península, unos amigos argentinos me pidieron que les contara algo sobre Canarias. Yo intuía que ellos estaban algo confusos con la curiosa combinación que formábamos los isleños. Con frecuencia salía el tema del habla: mi acento hacía que la mayoría gente me hiciera originario de Sudamérica. También habían surgido conversaciones sobre la relación del archipiélago con África, porque habían oído hablar -bastante por cierto- del fenómenos de las pateras y porque aquel que mira los mapas se dará cuenta de que Canarias está en África. Y cuando en una ocasión la policía nos pidió la documentación, la inquisitorial mirada del agente dejó bien claro quién era europeo y quién era inmigrante.

Teniendo eso en la cabeza traté de ofrecerles una definición rápida de la mezcla que habita en este archipiélago: "los canarios somos geográficamente africanos, políticamente europeos y culturalmente latinoaméricanos". La brevedad me dio como resultado una enunciación curiosa pero bastante incompleta porque tenía que matizar que con África también nos unen relaciones inmemoriales en ámbitos tan diferentes como la economía (la pesca, por ejemplo) o la arqueología (los bereberes) o que con Latinoamérica compartimos relaciones familiares desde hace siglos o que nuestra cultura es parte de España, sin olvidar la influencia de países como Portugal, Inglaterra, Francia... Así hemos ido avanzado, haciendo patria de nuestra condición de fronterizos.

La frase de que Canarias es una tierra tricontinental no es un tópico vacío, es una realidad histórica y geográfica insoslayable. La sociedad insular que tan escéptica se muestra ahora con "los de fuera" debería recordar que hasta hace muy poco éramos cuna de emigrantes y que ahora vivimos de los extranjeros que nos visitan como turistas. Aquellos que se frotan las manos pensando en la cantidad de votos que pueden ganar recurriendo al miedo a los cayucos, deberían saber que eso que ellos llaman "canariedad" está hecho de una mixtura cultural y humana imposible de encorsetar. La pureza de la "raza" canaria está en la mezcla.

La gloriosa generación de intelectuales canarios que participó en 'La Rosa de los Vientos' ya lo dejó dicho en su primer manifiesto: "Somos marineros de todos los mares. Obreros de la universalidad".

 

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