La mariscada

 

Jaime Puig

[Miércoles, 28 de marzo de 2007]

 

 

 

 

 

 

El 20 de diciembre pasado la Corporación del Cabildo de Lanzarote celebró la cena de Navidad. Como muchas empresas. Igual que hacen cantidad de grupos de amigos. Un mes antes el Restaurante del Castillo de San José le pasa presupuesto a Presidencia. Será una única mesa, larga, de mantel negro y decorada con flores. Como recepción a los 28 invitados previstos (21 consejeros tiene el Cabildo) se piden: barra libre en el bar, jamón ibérico y quesos variados del País.

26 de marzo de 2007. Al atardecer coinciden dos incendios en Lanzarote. Uno en un Centro Comercial de Puerto del Carmen. Otro en una vivienda cercana a la zona de las cuatro esquinas de Arrecife. El Parque Insular de Bomberos lo forman 20 profesionales. Ocho personas menos que los comensales de la cena presupuestada. No todos, claro, trabajan al mismo tiempo.

De entrantes, los políticos del Cabildo se habían pedido una mariscada compuesta por: langostas (frescas, se especifica), carabineros, langostinos, cigalas, gambas, navajas, almejas y mejillones. Todo regado con litros de Blanco Seco "Yaiza". El de la botellita azul que, además de estar muy rico, encandila a las enamoradas en las cenas románticas bajo la luz de las velas.

El equipo de guardia en el Parque de Bomberos, cuatro personas, sale hacia el Centro Comercial con un camión recién reparado (lo arreglaron la misma mañana), un todo terreno y otro vehículo que llaman "almacén". Mientras tanto el personal de centralita trata de llamar a los "localizados" (bomberos libres pero no tanto) para que acudan al incendio de la calle Cienfuegos (que ya es ironía). Van dos bomberos que localizan y otros dos que estaban libres. Cogen el otro camión que hay en el Parque. Uno que tiene los mismos años que el propio Servicio Insular de Bomberos.
Tras la orgía de marisco y vino blanco, ellos y ellas, distendidos y cómplices, se piden kilos de cabrito frito con ajos. De guarnición van unas papas panaderas y rollitos de judías y bacon. El tinto que acompaña al baifo es "El Lagar", un D.O. Lanzarote. Reserva, por supuesto. Se sirve en esas copas grandotas que permiten que los efluvios del caldo lleguen con todo su poderío hasta nuestro olfato multiplicando por mucho el placer que da un lingotazo de buen vino.

Los bomberos están dale que dale para apagar los fuegos mientras cuidan de no intoxicarse con el humo tóxico. Se exponen más de lo que deben: sólo disponen de línea de ataque ya que la carencia de medios humanos y la coincidencia de siniestros les impiden tener la defensa de los que atacan el fuego. A esas horas su prioridad es apagar el incendio, pero no pueden evitar pensar en cuan distintas serían las circunstancias si contaran ya con los ocho nuevos bomberos que les prometieron dos años antes. Y cuya orden fue publicada en el Boletín Oficial. Ordenaron publicarla alguno de los que tres meses antes se mandaban la mariscada que les vengo contando.

A la hora del postre ya habían sonado los chistes machistas de rigor, rajado del periodista incómodo, hecho mofa del adversario político y, quien sabe, si algún plan para el futuro de la isla. Desde luego ninguno para aumentar la seguridad de los ciudadanos ante un incendio. Los camareros del Castillo de San José (que ya sabemos que ganan mucho pero no lo suficiente para evitar pre jubilarse y dejar que el marisco se lo sirva otros), ponen ante nuestros representantes públicos un Cono de chocolate blanco con mango y coco y Chutney ligero con piña y pimienta verde. También unas Delicias Navideñas.

Apagados los dos fuegos los bomberos se encuentran sudorosos, tiznados y agotados. Les llama el 112 diciendo que hay otro fuego en la calle García de Hita, en Arrecife. Es un edificio de 5 plantas habitado. Ya no tienen agua en los dos camiones de que disponen. Deben ir al Parque a cargar. Mientras tanto, una dotación acude al lugar a evacuar a los ciudadanos afectados. Afortunadamente el suceso no es grave y, con la llegada del camión medio cargado, controlan el incendio.

Satisfechos con el café y los licores que coronaron tan entrañable cena navideña, nuestros políticos se felicitan las Pascuas. Algunos optan por seguir la noche en los locales de moda, otros por retirarse a sus hogares. Los camareros recogen pues al día siguiente ha de estar todo montado para los clientes que sí pagan.

Satisfechos por el deber cumplido los bomberos regresan, unos al Parque, otros a su hogar, para tomar una reconfortante ducha de agua caliente y, quien sabe, si soñar con darse, aunque sólo sea una vez en la vida, una gran mariscada con langostas frescas, carabineros, langostinos, cigalas, gambas, navajas, almejas y mejillones como alguien se mandó tres meses antes en el Restaurante del Castillo de San José. En esa cena también sirvieron agua. Menos, evidentemente, de la que cabe en los pocos camiones de que disponen los bomberos. Pero tampoco crean que mucha menos.

 

jaimepuig@diariodelanzarote.com

 

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