Lo que realmente Al Gore quiso decir pero no le dejaron

 

Fran Pérez

[Lunes, 12 de marzo de 2007]

 

 

 

 

 

 

En los albores del siglo XXI presiento un nuevo terror del milenio. Los sabios y cristianos del 900 se equivocaron por milímetros. Exactamente en unos cuantos cientos de años. Pero ya está aquí. Nadie sabe que forma tendrá, ni cuando caerá, ni siquiera se sabe si habrá tiempo para el arrepentimiento o el rechinar de dientes pero la cosa es que se jodió, se acabó, el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. El cambio climático, la desigualdad, Christian Dior y las tertulias de jubilados van a acabar con el planeta. Y verdaderamente será Dios al final quién lo decida. El Dios dinero en toda su plenitud, hasta los bordes de abulia, psicotrópicos y chalets adosados pronto alcanzará su cenit y reventará. Adiós a las tetas de silicona, al Madrid-Barca y a experimentos con células madre. Es un fastidio pero será así. No se te ocurra para prevenirte hacer cosas como comprar protectores solares de alta graduación, liarte a comer lechugas y suflés macrobióticos o construirte un búnker sostenible al que llenar de provisiones como si fueras una ardilla. El infierno que viene se descojona de tus provisiones, tus protectores solares y además se caga en tus vitaminas naturales. El infierno, hay que saberlo, es el fin, o casi. Así que no pierdas el tiempo. Procura pintar, bailar, follar, escribir artículos, hablar con tu abuela, o lo que carajo sea que te guste más o se te ocurra. Hazlo como si fuera la primera vez y al mismo tiempo como si de la última se tratase. ¿Qué harías sino en una circunstancia semejante? ¿Irte a Marte? Créeme, si para entonces esa posibilidad fuera algo más que ciencia ficción no tendrías dinero suficiente. De cualquier manera no vas a querer sobrevivir. Pocos son los que sospechan la fiereza del infierno que viene pero aun menos los que tendrán fuerzas para aguantarlo. Así que, prepárense Sras. y Sres., el fin del mundo, la oscuridad están cerca pero ni siquiera eso será lo peor. Presiento que aun entonces, en la oscuridad de los tiempos, no habrá forma humana para ponerse de acuerdo sobre la manera más correcta de encender una luz. Amén.
 

 

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