
Ylenia Calzado
[Lunes, 5 de marzo de 2007]
"Dios ha muerto y su cadáver apesta" Friedrich Nietzsche
Supe de la vida de María del Carmen Galayo, mujer canaria, cuando saltó a los medios de comunicación el fallo del Tribunal Constitucional que da la razón a la Iglesia, y que dice que no es idónea para ejercer su vocación. Y que tacha, nunca mejor dicho, o define de vivir en pecado, la relación que mantiene con otro ser humano. A ver a ellos que les importa, y que da la casualidad que también es un pecador y está divorciado. Por cierto, ella también lo está. Ay, bandidos.
Según las pautas del cristianismo, bajo el yugo de la iglesia, que no de Dios, que algún día caerá sobre sus cuellos. Y espero que con sólo aparecer, ya sería justo y necesario, y en verdad es justo y necesario y podría ser, en condicional, como mi apoyo a María del Carmen, suficiente. Porque estos ven un milagro, y les entra chorrillo. Y parece ser, que el Tribunal avala, sin sentir el ímpetu de voces, ya quemadas, de antes, de otros casos espeluznantes y chungos de oír, que aúnan los primeros apoyos solidarios. Digo solidarios, porque creo que la lucha de la Iglesia o contra ella, como todas las luchas, deben iniciarse siempre con coherencia y entre a los que directamente afecte. A mí, sinceramente me la trae al pairo. Pero es a ellos, a los que les conviene, o a los que no han dejado morir su creencia en yo que sé, quien como esta profesora, deben empezar a denunciar el extraño acoso que llega al terreno sexual, íntimo, de las personas. Que cada vez se parece más a una secta.
De ahí los ovarios de esta señora. Pero ya surgen apoyos en el mundo socio-político, aunque sólo sea en el terreno del sentimiento, pues existe sentencia. Aunque la afectada piense recurrir al Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo. Y tampoco olvidemos, que es prima del ex senador del Partido Popular José Macías, al que creo que no le debe resultar de su agrado que un vicario le diga a su prima: búscate la vida. En palabras de ella. Pues, según María eso le dijo el sicario. Uy, perdón. Pero en el submundo de todo aquel que se queda flipado ante lo insólito como yo, también debe saber esta señora o señorita si es soltera, que puede contar. Y es que impartir incoherencia con cierto respeto y dedicación lo hace poca gente. Y algún que otro pederasta con un pie en el reino de los cielos, de vez en cuando también.
Estas navidades, feliz desde que acabaron, me gocé, como dice el cura que hay que hacer, sobre todo cuando recibes la hostia, varias misas homenajes a la humildad. Se regalaban velas de té, me vinieron de escándalo. Fui a casi todas. Aunque no sé exactamente cuantas eran en total. Pero todas parecidas, siempre me sonaba a lo mismo, con los años que hace que no voy a una misa. Que no significa entrar en una Iglesia, con lo asco que me da como Institución. Pues no sé si ustedes saben, mantengo una cordial relación con Nuestra Señora, La Virgen de los Dolores. Y creo que es a lo único, si pensamos en figurita de algún material a veces con o sin pelo, aunque para mí, es una persona a la que hablo con respeto. Incluso en épocas donde el vino se funde con el volcán. Es una coleguita.
Ustedes dirán que si estoy loca. Tienen razón. No le den más vueltas. Pero la Iglesia está perdiendo seguidores y juraría que aburren al más guapo. Bueno, esos, cercioro que ni van. Pues allí se bosteza, y si acaso en el proceso en el que das paz a otro ser humano se da la mano, pero no he visto ningún piquito ni atisbo de miradas apasionadas. Exceptuando a las mujeres fieles que en el momento de recogimiento miran el rostro de Jesús de Nazaret crucificado por los judíos. En fin, las Iglesias están obsoletas. Les hace falta un buen graffiti. Y también algún guantazo pedagógico en toda la frente a más de uno. Y eso que existe cantera, y los párrocos de ahora son bastante jóvenes. No muy agraciados. Para no desentonar, todo hay que decirlo. Como yo, que bien podría haber sido monja, pues siempre quise ser monaguillo.
El tema nace desde que nadie puede o quiere acompañar a misa a mi abuela. No les digo que aburren. Es un coñazo. Y no es aconsejable que a su edad vaya sola a ningún sitio. Y a mí, que me parece que La Biblia es un gran libro a lo Tolkien, no me desagrada. E incluso me saca de la rutina ir a escuchar sus enseñanzas. Aunque lo de las alabanzas, todo el rato, y a todo meter, a ver quien termina antes, me parece duro y no apto para ciertas sensibilidades. Así no atraen sino a corderitos y a almas desesperadas, que son las peores. Les hablo con causa.
Sé de iglesias de otras creencias más parecidas de lo que nunca imaginarían, donde se escucha el sonido de panderetas, y la gente se ríe. No sé si piden perdón todo el rato. Y está contenta. Tampoco sé lo que dicen. Cantan con alegría. Y sobre todo se la parten. Y no puedo asegurar que pasen el cestillo. Que a veces hay malas acciones por ser la portadora del bien para los demás. Y nadie nota lo que uno pone. Pero si eres arroba, ni se te ocurra darte a conocer. Una profesora de un centro de Barcelona, en el que impartía clases, bajo la doctrina católica, se le escapó, como si nada, o pensó en voz alta que no era creyente, y antes de ná estaba con el culo al aire en la puta calle.
Supongo, aún siendo de letras, que eso es directamente proporcional a ir en contra de vivir y predicar unas enseñanzas. Que por lo poco que yo sé, condenan estas prácticas despóticas y anti todo atisbo de razón. A la par que incluso las excluyen. A patadas. Oiga, que yo he visto representaciones en formato de dibujos animados del rollo que tuvo Jesús con los mercaderes en el templo y juraría que allí hubo violencia. A lo portero de discoteca. Y a eso no vamos a llegar nunca. Porque permitimos al hijo pródigo como animal de compañía.
Tuve educación religiosa cristiana y católica. Sin saber lo que es. Recuerdo exactamente todas las oraciones y cada una de las partes de las que consta una misa. En el sentido de que sé lo que hay que hacer y lo que hay que decir. La vida misma es un círculo, todo se repite. O algo así también escribió Nietzsche. Como cuando vamos a una exposición. Por ejemplo. Me sacan de eso, y me da un espasmo. Y me asusto.