
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 5 de marzo de 2007]
Pues cuadraban y no lo entendí. No había error en las cuentas, por eso nadie se extrañó: ni el consejero de Hacienda del Cabildo ni los consejeros de la oposición ni los periodistas. Decíamos que el proyecto de presupuestos del Cabildo para 2007 asciende a 158 millones de euros. De ellos, 33 millones irían a inversiones, mientras que los sueldos y salarios del personal consumirían casi el 40%, lo que, según el consejero, suma 37,6 millones. Y decíamos que el 40% de 158 no es 37,6, sino 63,2. Casi el doble. Unos diez mil millones de las antiguas pesetas. La conclusión parecía obvia: casi la mitad del presupuesto del Cabildo se gasta en personal. Total, que la cosa quedaba más o menos así: de cada diez euros, dos van a inversiones, cuatro a gastos de personal y otros cuatro a gastos generales y corrientes. Pero no.
No era así porque el cálculo porcentual de los recursos que el Cabildo destina a personal no se obtiene del montante total (158 millones de euros), sino de la parte de esa cifra que proviene de los recursos propios de la Corporación. Así que en torno al 40% del Presupuesto se va a gastos de personal, que no es un parámetro elevado para una institución pública, y se calcula sobre los recursos propios. La diferencia hasta los 158 millones procede de recursos ajenos. Así que el que metió la pata fui yo y no el consejero de Hacienda. Mis disculpas.
El capítulo inversor ha aumentado un 50% en comparación con el presupuesto del pasado año, efectivamente, pero sólo la mitad del mismo proviene del esfuerzo cabildicio. Lo cual, con perdón, no invalida la hipótesis del condicionamiento estructural que, de viejo, padecen las cuentas de la Corporación, conduciéndola a destinar un elevadísimo porcentaje a gastos de personal, generales y corrientes, y sólo una mínima parte a inversiones.
La crónica anual sobre los presupuestos de esta y otras corporaciones sigue siendo básicamente la misma: mucho gasto y poca inversión. A la par, se deja para mañana abordar en profundidad las reformas que precisa la maquinaria para gobernar bien y con diligencia, para prestar servicios públicos de primera calidad a los usuarios, para gastar con fundamento lo que sea necesario y para acometer las inversiones que la isla no se ha cansado de reclamar.
(Publicado en Canarias7)