Una decisión inconveniente

 

José Trujillo

[Viernes, 2 de marzo de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los últimos informes científicos publicados sobre el cambio climático han puesto de manifiesto el alcance de las consecuencias ambientales, sociales y económicas del calentamiento global del planeta a consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se describen las de presente y se prevén las de futuro.

Las medidas necesarias para combatir el problema se conocen desde bastante antes: reducir las emisiones de GEI, principalmente las de CO2, apostando decididamente por el amplio abanico de energías limpias, sin olvidar eficiencia y ahorro energético. Por tanto, lo que se pretendía con los últimos informes era, más que evidenciar el problema y exponer las soluciones, delimitar el alcance que deben contemplar esas medidas y la urgencia en su aplicación. Es decir, que no solo es una realidad lo del calentamiento global, sino que se trata del mayor problema al que se enfrenta el planeta y que es urgente que los gobiernos pongan en marcha planes estratégicos eficaces y contundentes.

A principios de febrero un informe encargado por el Ministerio de Medio Ambiente nos revelaba la especial incidencia negativa del cambio climático en España con respecto al resto de países de Europa. Pese a este informe y a las declaraciones de Zapatero de finales de diciembre en las que afirmaba que España se convertiría en líder mundial en la lucha contra el cambio climático, lo cierto es que, lo propuesto por el gobierno hasta ahora, apunta a resultados bastante lejanos al liderazgo. Tan lejanos que la propia UE le ha tirado de las orejas al gobierno español por poco ambicioso con su recién presentada "estrategia española de cambio climático y energía limpia". Y no le faltan razones a la UE para la advertencia. De llevarse a cabo lo establecido en la estrategia, España no solo no lideraría la lucha contra el cambio climático, sino que quedaría muy lejos de cumplir su objetivo del Protocolo de Kioto, dándole más relevancia al comercio de las emisiones que a la reducción de las mismas.

Por si fuera poco el despropósito de la citada estrategia, recientemente se ha conocido la decisión del Ministerio de Industria de recortar sustancialmente las primas al sector eólico al tiempo que se conceden ayudas y derechos de emisión gratuitos al carbón, el combustible fósil que más cantidad de CO2 emite por cantidad de energía producida. En 2006 se aprobaron 1.400 millones de euros de ayudas al carbón y además se le han asignado derechos de emisión gratuitos, por lo que cada 1.000 Kwh. de electricidad producidos con carbón nacional nos han costado a todos los consumidores más de 100 euros y han emitido casi 1.000 Kg de CO2. Sin embargo, la eólica ha recibido 93 euros por cada 1.000 kWh, sin haber emitido ni un gramo de gases de efecto invernadero ni de contaminantes.

Después de dar a conocer estas medidas y el mismo día que la UE daba el toque, Zapatero reiteró lo dicho en diciembre: "la apuesta del Gobierno por situarnos en la vanguardia europea y mundial de la sostenibilidad y de la lucha contra el cambio climático, porque ese es el mayor reto ambiental que afronta la Humanidad y ante el cual nuestro país se encuentra entre aquellos que confrontan mayores riesgos'.

El que "fue" el próximo líder mundial contra el cambio climático ha tomado una decisión poco conveniente al predicar una cosa y practicar casi la contraria.

 

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