
Ylenia Calzado
[Miércoles, 28 de febrero de 2007]
"Y puesta la mirada en aquella montaña, hasta allí fueron adelantándose con los sentidos turbados, y se oía una gran copia de ruidos como juntada de muchos ruidos desparejos, con lo que más que al abrigo de la isla parecían llegar a la confusión del Campo de Agramante" Persiles [Miguel de Cervantes]
Me encanta la batucada, que no batuka. Empastada. A todo volumen. No me gusta el desconcierto. Ni el mundanal y mediocre ruido. Mucho menos los que lo avalan y permiten que le hagan la foto de la vergüenza. Como cuando me disfracé de supergirl, en inglés, y permití que me retrataran.
Dice Aristóteles, que al elaborar un ideal podemos dar por supuesto lo que deseamos. ¡Hostias! A ver si en el fondo deseo a Carmen Martínez Bordiú. Pero también explica, que es necesario evitar las imposibilidades. Y digo yo: Es imposible que en pleno siglo XXI nuestro carnaval quede relegado a sólo ruido. Y punto. Con la excepción del espectáculo que dan las Drag, lo único que mantiene fiel el sentimiento del carnaval. Y las murgas.
Estamos equivocados. Una cosa es festejar a Don Carnal, aunque tengamos que pagar los condones por culpa de mentes privilegiadas que sientan cátedra desde la represión. Y otra es acontecer y dejar que el tiempo pase. Y el próximo año a ver que nos ocupa. Debe ser un tremendo dolor de cabeza para esta gente y el concejal de festejos, que sólo tiene que lucirse un par de veces al año, decidir de qué tema va a ir el carnaval, y que los que posean más de un dedo de frente acaten estas tontadas. Señores hay que estar atentos, sobre todo, a las señales de humo que nos envían desde otras islas.
Amargo tenía que haber venido a Lanzarote, coño. Siento mucho. En el alma. Decir que aquí le hubiéramos aplaudido y hubiéramos caído a sus pies. No sé la ciudadanía, que está en boca de todo el mundo. Pero los políticos. imagino echando fuego el móvil de Agatha Ruíz de la Prada a lo Dragon Kan, o tirando de Willy Díaz directamente. Que por cierto, hace unos trajes que lo hacen artista. En lo suyo.
Dispersar el carnaval es otro error. Propaga mucho más el ruido. Y crea confusión y disputas sobre a qué chiringuito ir, o si es mejor comprar la botella y beneficiarse uno mismo.
Dejando a un lado el carnaval, que es mi fiesta popular preferida. Pues nadie conoce a nadie y todo es mascaritas. He de manifestar que estos días me han llegado quejas sobre la imposibilidad que tienen algunas personas de descansar y seguir con sus tareas. Es decir, que no se toman la fiesta como si se fuera a acabar el mundo hoy. Aunque por cómo nos movemos a lo mejor se acaba mañana. Por cierto, para algunos la vida empieza y acaba ahí. Deben ser neuronas privilegiadas las que alberguen el cerebro de la persona lúcida que ha decidido quitar la labor social que también implica que se pueda realizar el carnaval dentro de una moderación que ellos auspician. Sobre todo en estas fechas tan entrañables para la familia político-ciudadano. A las elecciones me remito.
Estas personas, me han enseñado facturas de teléfono, por tener que llamar a familiares y a amigos en busca de una cama para descansar, de alquiler de apartamentos, los que tienen. O son oriundos de la calle real. De transporte en guagua, me descojono. De taxis, los que los comparten, de restaurantes, etc... Que han abonado de su bolsillo como gasto extra por no participar del carnaval. Únicamente porque la vida para ellos no para. Aunque festejen que otros se disfracen. Viven en lugares próximos a las fiestas, muchos de alquiler. Trabajan en hostelería o tienen la costumbre de levantarse temprano para ir a caminar justo por donde podría, si se pusieran a trabajar y no colocaran hierro cerca del salitre, celebrarse el carnaval. Y al que los cultos denominan recinto ferial.
Hace casi nada, en Zaragoza, una decisión judicial determinó indemnizar a los vecinos de una zona conocida por todos y considerada de marcha. Esta sentencia, aparte de reconocerles el derecho, no se basa en las banalidades que cualquier joven que, como yo, podríamos esbozar. Tales como, sólo son los fines de semana, o es una vez al año, o lo que sea. El rollo es que hay gente que tiene niños pequeños, que son mayores, o que simplemente no quieren escuchar ruido de música mezclada con gritos y alguien pidiendo ayuda. Sobre todo estando los MacGyver de baja laboral.
Esto tiene que organizarse. La mejor fiesta tiene que ser planeada desde el minuto que acaba la anterior. No pueden ser unos tontolava los que decidan como debemos divertirnos ni mucho menos ponernos en contra de unos vecinos que piden lo que es razonable.
Apuesto por la fiesta. Apuesto por las personas. Apuesto por la seguridad que según la Organización Mundial de la Salud prescribe a través de los profilácticos. Apuesto por la razón. Y sé que muchos no la conciben.