
Jaime Puig
[Viernes, 23 de febrero de 2007]
Hace ya algún tiempo dejé clara la barbaridad que me parece
que lo que llamamos "pre campaña" electoral empiece cada vez más
pronto. La cita es a finales de mayo, como todo el mundo sabe. Pero la pre campaña
ha empezado desde hace semanas, como todo el mundo sufre. Y es verdad que la
confrontación, además de temprana, está resultando un tanto
beligerante. Lo había comentado públicamente no hace mucho el Director
General de Aguas del Gobierno de Canarias, Orlando Umpiérrez (CC).
Es Umpiérrez hombre con el que se puede hablar, pero sobretodo disentir en privado y en público. Porque en realidad darle al palique se puede con todo el mundo. Otro cantar es que se admitan con naturalidad criterios distintos a los que uno defiende. Parece una obviedad, pero no lo es. La inmensa mayoría de los políticos creen que tienes algo personal contra ellos cuando criticas su gestión. Total, que Orlando me parece un gran tipo en lo personal y un político de los aprovechables de verdad.
Pero no va por ahí la cosa. El asunto es que Umpiérrez me hizo caer en la cuenta, la otra mañana, de lo peligrosos que pueden ser algunos signos que se vienen manifestando en esta pre campaña. Apuntaré dos: el asunto de los carteles de la isla de La Graciosa y algunos comentarios que se vierten en los diarios digitales al comentar tal o cual noticia. Con respecto a esto último me llamó la atención acerca de uno que deseaba para la alcaldesa de Arrecife los males que, según el/la comunicante, podría provocar la ausencia de policías municipales en las calles. La cosa iba de navajazos y violaciones.
Chacho, frenemos un poco. Estoy seguro que quien eso escribe es, o aspira a ser, político. Sólo que con una idea más que equivocada de la actividad que anhela o a la que pertenece. La gente de a pie, con ser cafres muchas veces, no damos para tanto. Sólo alguien con intereses políticos mal entendidos, insisto, llega tan lejos como para vejar a las mujeres o rozar la incitación a la violencia. No veo yo (porque no existe) a un vecino de Maneje, que no le vota a Coalición Canaria, haciendo un fotomontaje de la alcaldesa o deseándole mal alguno. La Déniz, por otra parte, es una gran encajadora y suele mantener el tipo por muy duras que vengan. Pero hay límites.
Paremos esto. Difundamos ideas y no injurias. Hablemos más
de la isla y menos de sus pobladores. Descubramos carencias y antepongámoslas
a los insultos. Convenzamos con argumentos y no con amenazas. Limpiemos la atmósfera
de indeseables interferencias. ¡Claro que hay comportamientos censurables
en la acción pública! ¡Por supuesto que son denunciables!
Pues adelante: procedamos. Pero sin que la acusación quede ensordecida
por exabrupto alguno. En pocas palabras: haya paz en la tierra pre electoral.