Generosidad (un apunte a María Isabel Déniz, alcaldesa)

 

Manuel Perdomo

[Lunes, 5 de febrero de 2007]

 

 

 

 

 

 

 

Paciencia, y colaboración, entre otras lindezas, es lo que solicita la Alcaldesa de Arrecife a la ciudadanía, que ha de soportar los embates del Carnaval en las estrechas calles del centro de la ciudad.

Generosidad, demanda en otra intervención, y ni se pone colorada quien tan poco generosa ha sido con los hijos de Arrecife. El mismo escenario durante veinticinco años, periodo en el cual la población de la Isla y del Puerto se ha duplicado. El mismo marco y nada más, ni inversión en infraestructura para acoger actos multitudinarios, con los servicios que se demandan, ni nada de nada. Total, si el marco le funciona sin gastar un céntimo, qué más da, que se aguanten.

Que pida paciencia, que son cuatro días, me parece ridículo, pues paciente se ha sido durante años, sobre todo en el último tramo en que se alarga la duración del festejo hasta bien ha amanecido. Se multiplica el número de orquestas, el número de quioscos y aumentan los participantes. El marco, el mismo, sólo que a codazos se multiplican los efectos sobre toda la zona.

Los que hemos conocido la evolución de ese Carnaval, que se inicia en El Almacén de la mano de Manrique, sabemos que, diversión aparte, hace tiempo que tocó fondo, pues no es posible acoger tanta gente en tan poco espacio. Los efectos derivados de esa falta de proporción, del ruido, de los daños, y del exceso de alcohol, propician que cientos de personas vean durante varios días sus vidas desquiciadas. Si vives en la zona y participas, no te puedes retirar hasta que no cese la fiesta, el resto lo hará cuando el cuerpo se lo pida, y la Alcaldesa , tal que revestida de "princesa guanche a la búsqueda del cetro perdido", se puede ir a su residencia de Playa Honda que allí ni la mean ni le ponen una orquesta en la cabecera de su cama.

El día 21 de marzo de 2006 se solicitó formalmente, con registro de entrada en el Ayuntamiento, el cambio de emplazamiento, justo un año antes de la edición que se avecina. El silencio, y esa proverbial falta de sintonía de quien también me representa, es su respuesta.

De ella, a la vista de su decisión, por encima de cualquier consideración que no haga referencia a sus réditos electorales e intereses, espero que se enroque aún más, que es lo mismo que decir que no espero nada, y por mi parte, en justa reciprocidad por ser tan mala persona y peor gobernante, elevo una propuesta para que se le ceda un apartamento por la zona y que durante los días de mogollón, sin pastillas a las que echar mano, a las once de la noche se encierre por dentro y tire la llave por la ventana, que yo, personalmente, le abriré cada día a las ocho de la mañana para contemplar el resultado de la singular "terapia para gobernantes insolidarios".

Supongo que las suaves maneras de las que hace gala recientemente, y la arrolladora simpatía preelectoral, se le iban a ir a hacer puñetas inmediatamente.

Lo del apartamento, y una cacerolada nocturna de los vecinos desplazados a Playa Honda, pero eso lo reservamos para otro día, que ella no estará en casa, pues la supongo corriendo el Carnaval por El Almacén, acaso celebrando su victoria sobre unos ciudadanos a los que tanto desprecia. Al menos, podría abstenerse de asistir.

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