
Mario Alberto Perdomo
[Viernes, 2 de febrero de 2007]
Su primera mitad está ligada a la cultura del campo y a Tinajo. Su otra mitad a la mar, en donde ejerce como patrón de embarcación de la Guardería de Medio Ambiente del Cabildo. Es un lanzaroteño de vieja escuela cuyo único pecado consiste en tratar de hacer bien su trabajo, una tarea definida por las leyes y que consiste en velar por el cumplimiento de las normas, que son iguales para todos. Su trabajo es proteger el patrimonio natural de Lanzarote y el Archipiélago Chinijo.
Leo en este diario que se le ha abierto un expediente informativo para que aclare quiénes le han amenazado o le amenazan por el desempeño de su trabajo. Al parecer, recientemente ha manifestado públicamente algo que es un secreto a voces: que le han amenazado o le amenazan y que ha habido o hay cargos públicos electos entre quienes tratan de intimidarlo. Ya se cumplió el plazo de 48 horas que le dieron para que facilite los nombres de los supuestos fanfarrones y no sé lo que habrá hecho Jeremías, si tomarse en serio las amenazas o dejarlas pasar. El fondo del asunto, no obstante, es que se sitúa a Jeremías frente al disparadero, práctica habitual que ha afectado a otros guardas. El asunto es que piensa hacer la dirección política del Cabildo en esta ocasión, si hacerse la loca como siempre actuando corporativamente y protegiendo a los cargos públicos supuestamente implicados, o bien poner a disposición de Jeremías todas las garantías para que, primero, pueda desempeñar su trabajo en condiciones de seguridad y, segundo, para que pueda hablar llegado el caso sin temor a represalias. La Guardia Civil o los juzgados son un buen lugar para aclarar estas cuestiones.
La caza de pardelas, la pesca furtiva o el marisqueo furtivo son prácticas a erradicar porque así lo han convenido los legisladores, y los guardas deben limitarse a hacerlo. La experiencia indica, sin embargo, que cuando ha estado implicado algún cargo público, se ha hecho lo imposible por protegerlo a la vez que los guardas han sido desautorizados cuando no claramente desacreditados y abandonados a su suerte. Jeremías es un lanzaroteño de vieja escuela, de los que no se achican como quiera que discurra un expediente informativo que, en sus formas, convierte a la víctima en sospechoso. Intolerable.
(Publicado en Canarias7)