
Ylenia Calzado
[Martes, 30 de enero de 2007]
<< De joven me dijeron que había una ciudad en la que se vivía conforme a las Escrituras. Y dije yo: "Voy a buscar esa ciudad y su beatitud". Y estaba lejos. Y reuní muchas provisiones para mi viaje. Y al cabo de cuarenta días contemplé la ciudad y entré en ella el día cuarenta y uno. Y he aquí que la totalidad de los habitantes no tenían más que un solo ojo cada uno y una sola mano. Y quedé asombrado y dije para mis adentros: "¿Los de esta santa ciudad no pueden tener más que un solo ojo y una sola mano?" Y vi entonces que ellos estaban también asombrados pues se veían muy admirados de mis dos manos y mis dos ojos. Y cuando estaban hablando entre ellos, les pregunté, diciendo: "¿Es esta realmente la Ciudad Bendita , donde todo hombre vive en conformidad con las Escrituras?". Y dijeron ellos: "Sí, esa misma ciudad es". Y ¿qué os ha sucedido -dije-, y dónde están vuestro ojo derecho y vuestra mano derecha? Y todos se demudaron. Y dijeron: "Ven y verás". Y me llevaron al templo que había en medio de la ciudad. Y vi en el templo un montón de manos y ojos. Todos resecos. Y dije entonces: "¡Ay!, ¿qué conquistador ha cometido esta crueldad con vosotros?". Y se alzó de entre ellos un murmullo. Y se adelantó uno de los ancianos de la ciudad y dijo: "Esto lo hicimos nosotros mismos. Dios nos hizo conquistadores sobre el mal que había en nosotros". Y me llevó hasta un alto altar, y todos venían detrás. Y me mostró sobre el altar una inscripción gravada, y leí: "si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo; porque es provechoso para ti que perezca uno de tus miembros, y no que todo el cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te escandaliza, córtatela; porque es provechoso para ti que perezca uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno". Entonces lo entendí. Y me volví a todo el pueblo y grité: "¿No hay entre vosotros un hombre o una mujer que tenga dos ojos o dos manos?". Y ellos me respondieron: "No, ni uno. No hay ninguno, excepto los que son tan jóvenes que no pueden leer las Escrituras y entender su mandamiento". Y cuando hubimos salido del templo, salí directamente de aquella Ciudad Santa; pues yo no era demasiado joven, y podía leer las Escrituras. >> La Ciudad Bendita. "El Loco. Sus parábolas y poemas". [Khalil Gibran]
" No estimamos un bien cuando su posesión no despierta envidia" Petronio.
Hoy lo que importa es el dinero. Tengas o no manos, ojos o neuronas. Pero me acuerdo de una anécdota que me contaron hace tiempo y a veces la rememoro, con la añoranza de no haber poder conocido al protagonista de este relato, más que nada, porque nació en el siglo XIX, y a pesar que tenemos la misma sangre goda, judía y morisca por las venas, y siendo justa, también fluye en mí, genes de mis hermanos latinos y africanos, murió hace demasiados años. Tantos, que ni yo había nacido, ni era un proyecto, y mi padre y mi madre, jugaban con trozos de madera a modo de divertimento separados. El destino todavía no jugaba con ellos.
Mi abuelo Deogracias Calzado, el pocero, siempre le echó un par a la vida, dado que a la sartén, casi nunca le echaba huevos, por eso de la escasez. Le tocó vivir en una época chunga de cojones, y lo único que conservamos de él o, de lo que tengo prueba porque lo he visto, es una foto con el abuelo de la nietísima , el mismo Franco. El tocapelotas de la historia. El de Viva España. Será cabrón el tío. Si todos sabemos que en el fondo la odiaba. En ella, le daban un premio por haber formado una familia numerosa. Tuvo doce hijos y varios abortos con mi abuela.
Me consta en otra foto que tenemos en casa, anclada a una pared, que debió ser viejo toda la vida. Pues yo pensaba que mi abuelo era el hermano mayor de mi padre, y que el señor con boina espatarrado y vestido según la época, era mi bisabuelo. Pero no, Deogracias Calzado, resultó ser atrasado culturalmente pero avanzado en mentalidad, que no es lo mismo, y se casó con mi abuela cuando él tenía 42 años y mi abuela 21. Dicen que se casaron, de eso no hay constancia, ya que mi abuela Paz siempre dijo que hubo un incendio en el Ayuntamiento de Almagro y que se quemó la partida de matrimonio. Pa mí que vivieron en pecado toda su vida. Qué inteligencia.
Digo que siempre rodeó un halo de misterio a la vida de mi abuelo. Pues de sobra en el pueblo, era conocido que tuvo otra mujer. Y que engendró dos niñas las cuales, eran mayores que mi abuela. Allá cuando Paz y Deogracias se conocieron. Mi madre, con cierta sonrisa en la boca, me cuenta que también hay un hombre que ahora es anciano que es clavadito a mi padre.
Se dedicaba a buscar agua porque la llanura de la Mancha no da opciones sino en lugares determinados, donde abunde este bien natural. Necesario. Y por el que muchos países luchan en guerras escarnecidas y descabelladas sin ley ni norma. De ahí que todos le llamaran el pocero.
Cuando la Guerra Civil Española, él siempre manifestó en vida que era de derechas de las de antes, o sea, un poco más allá de la derecha. Pero hoy sabemos que fue una pose. En el pueblo, ya sabían la vida loca, que diría Ricky Martin, que había protagonizado mi abuelo. Y esta guerra separó a Almagro e incluso familias, padres e hijos y hubo un tiempo en el que se encomendaban solamente a vivir. Hablar por esos lares y en esa época era peligroso. Pues fueron sonados los fusilamientos por culpa de los dedos acusadores de los vecinos fascistas, los que están en contra de la libertad de incluso ser facha. Imagínense.
Tuvo la suerte de estar siempre viajando con su moto allá por donde le llamaran para cavar, cual enterrador, la tierra hasta toparse con el oro azul. Pero cometió alguna tontería, y a veces Paz pensaba que el próximo que sería fusilado sería Deogracias, porque a parte de que las vecinas la tuvieran informada de los distintos amores que cual marinero, tenía en cada puerto, llegaron a sus oídos que escondía rojos en los pozos. Pero vuelvo a decir que daba la imagen de señor decente, que decían en esa época. O eras decente, o eras carne de cañón.
La anécdota, se remonta a una de las borracheras que en el bar del pueblo compartía mi abuelo con otros pobres trabajadores que parecían conejos machos. Era lo único que hacían, quizá porque en esa manera de manifestar el amor, conseguían algo de placer en una vida amarga y extraña por culpa del tonto de turno que siempre sabía lo que era España y como manejarla. Da la casualidad, que los que apoyaban a Franco en el pueblo, eran los que menos hijos tenían, y por lo tanto, los que vivían mejor. Debe ser que ellos jamás conocieron el pecado. O sabían más que tú y que yo.
El bar estaba dispuesto de tal manera que se acentuaba la división entre España y los españoles, las distintas España que existen en este territorio tan complicado, políticamente hablando. Es hoy, que hay democracia y miren como vamos...
Los pobres, se sentaban en taburetes de madera, dejando los pies por debajo de la barra. Los ricos, echaban partidas donde a veces se jugaban hasta a sus mujeres al mus o al póker por fardar. O porque la parienta era fea a rabiar.
En una mesa, al fondo del bar, me contaron que siempre se sentaba el médico del pueblo, junto con los que eran pudientes. A veces el señorito venido de la capital también ahuecaba el culo trayendo más falacia y fascismo al pueblo.
De esa mesa, a alguien se le cayó una peseta. O eso dijeron. Y comenzaron a buscarla como descosidos. Antiguamente y para el que no lo sepa, los bares se iluminaban con candelabros, farolillos e incluso velas, lo que dificultaba, por las sombras, encontrar la moneda. Resultó ser que un, bueno, lo que vendría a ser hoy chulo poyas, gritó, mirando a la barra y a las personas que compartían vino tranquilamente, hoy se me antoja que de Valdepeñas, que nadie se movía de ahí hasta que no apareciera la moneda. Y que como alguien la tuviera, le pegaba un tiro allí mismo. Todos se acojonaron. Lógico, pues esas cosas en la época solían ocurrir como quien de San Juan a Corpus va a misa. Todos se pusieron nerviosos, sobre todo cuando el "culto" sacó la escopeta recortada, mirando a uno que no se movía de la barra, ni dejaba su vino.
Deogracias, que le molestaba sobre todo que le fastidiaran su borrachera de noche sí, noche no, comentó que quizá la moneda se había caído por algún agujero, entre el suelo. Y que por eso no se veía. Pero el "culto" no entraba en razón, y no dejaba que nadie saliera del bar. Lanzando además, improperios sobre la casta de los pobres. Porque en la España facha siempre hay castas.
Gracias a Dios, era principio de semana, había cobrado, eso daba por hecho que estuviera en el bar, y todavía no había pasado por casa para darle a Paz lo poco que tenía para que la prole pudiera tener aceite y huevos. Ella seguro que estaba otra vez embarazada. Miró al "culto" y muy amablemente le dijo que seguro que no la veía porque había poca luz, y que él confiaba en la gente que iba por ese bar, porque era de confianza, por eso él, el "culto" estaba ahí. Se metió la mano en el bolsillo, maldiciendo su sino, y sacó un billete de cien pesetas. Cogió un fósforo de los de encender la estufa y prendió fuego al billete al lado de la mesa de los in de Almagro agachándose y diciendo a la vez: "no la veo, no la veo".
El "culto" alucinó, y ya no le importó la moneda. Un diablillo, pecador de la pradera, lo había dejado en ridículo delante de todos los pobres y eso que antes no sé si existía el graduado. A partir de ahí, mi abuelo se podía sentar junto al médico y la yet set del pueblo. Y pasaron por alto sus desfases. Y se convirtió en mercenario-facha de su propio pensamiento.
Perdonen que no sea exacta con las fechas y con los hechos, pero ya les digo que cuando pregunto por mi abuelo en el pueblo, todos con una sonrisa en la boca me responden que era un hijo de puta, en el buen sentido. Pero nadie sabe exactamente cuando ocurrió esto, aunque a la familia Calzado la recuerdan por el pocero y sus locuras. Y no consigo dar con alguien que me sepa decir si recuerda si hubo un incendio o no en el Ayuntamiento. Lo que sí es cierto, es que se perdieron muchas partidas de nacimiento, matrimonio e incluso de defunción a causa de la Guerra Civil Española, sobre todo cuando acabó.