
Carmen Polo
[Martes, 30 de enero de 2007]
(Escrita por Helena Korkin, mujer israelí, para paliar la enfermedad del SIDA, y prevenir su contagio).
La charla que sucedió a la puesta en escena, representaba otro acto más de la obra. Un tiempo de conclusiones y reflexión guiado por la representante de la Consejería de Sanidad.
Personalmente, la mujer se desenvolvía con soltura y comunicaba el coraje que estas circunstancias necesitan. Su experiencia no es para hacerle de menos, y el objetivo de mentalizar a la sociedad es tan válido como cualquier otro que mejore sus condiciones. Pero, hacer responsables a las personas "de a pié" del riesgo tan peligroso como es el contagio del VIH, por malos hábitos en las relaciones o por ignorancia documental, es demasiado. Tan sólo una parte pequeña de la responsabilidad general, caería en estos factores.
El programa educacional en nuestra sociedad, en cuanto a las prácticas sexuales de la juventud y adolescencia, ya se puso en marcha. Planes en centros escolares desde hace ya tiempo, indudablemente han dado resultados positivos. Igualmente los avances médicos también han contribuido a mejorar la situación de muchos enfermos. Sin embargo, es asombroso que para prevenir y tratar las tan frecuentes enfermedades de trasmisión sexual las listas para consulta de planificación familiar estén cada vez más saturadas y cerradas incluso durante meses.
Para recibir una aclaración de cualquier anomalía médica, urgente o no, necesitamos mínimo un año para ser atendidos por el profesional en cuestión.
¿Cómo descargar la responsabilidad en el ciudadano, cuando la burocracia administrativa y la falta de medios económicos, impiden tener un equipo de Colposcopia en Lanzarote, para las más básicas exploraciones ginecológicas?
Todas estas cuestiones no hacen un funcionamiento fluido de la cadena, y por lo tanto lo denso se vuelve más denso. La información educativa sobre riesgos y prevenciones, no se está viendo apoyada por su otra base, el Ministerio de Sanidad, con lo cual, las enfermedades y los posibles riesgos siguen siendo un enigma para el paciente, quien sin la supervisión del médico, carece de fundamento.
Es evidente que la educación es importante, pero si Sanidad no camina a la par, el proceso se estanca y la pescadilla vuelve a morderse la cola.
Las personas que se encargan de nuestra salud, que organizan nuestra sociedad, que gobiernan para el bienestar común, tienen que transmitirnos confianza. Y eso lo conseguimos con gente apta en sus puestos. Que no vayamos a la consulta después de una demora de muchos, muchos meses y que cuando expliquemos al profesional nuestra dolencia por 2 cólicos, oigamos como respuesta:
- ¡No, usted no viene por eso, usted viene por dolor en las articulaciones!
Pero, vamos a ver, ¿quién ha sentido el dolor del cólico por dos veces consecutivas, usted o yo?
Pero si ya tampoco podemos ser pacientes, sino que el médico nos dice lo que debe dolernos (en mi casa solían aplicar el dicho: APAGA Y VÁMONOS), ¿no estamos acaso, rozando la necedad?
No necesitamos que nos traten de lo que no padecemos. Tampoco necesitamos ser tratados por los que sólo aprecian su propio valor, por gente que manipula hasta los síntomas y sentimientos. Sólo necesitamos que se extienda un poco más, el respeto a la VIDA.