
Guadalupe Expósito
[Jueves, 17 de agosto de 2006]
Podría hablar hoy de mi abuelo paterno, polizón, canario, escapado del hambre y de la guerra, que llegó a Uruguay a comienzos del siglo XX y se enamoró -¡en estas tierras!- de una italiana cascarrabias, deliciosa y anarquista que resultó mi abuela... y nunca conocí.
Podría hablar también de mi hijo madrileño, que tiene doce años, de su primo argentino... o del gusto de ambos por los "comics" japoneses.
De nuestros apellidos, los de algunos "sudacas", que mezclan sangre española, portuguesa, italiana, francesa, lituana... entre otras muchas.
De mi marido ruso. De los viajes... De la aldea global.
Prefiero proponer que giremos nuestras cabezas como a globos terráqueos... y con el ojo del corazón miremos hacia adentro de nosotros y comprendamos por fin que el sitio en que nacemos es una simple casualidad histórica.
Tenía yo en Madrid un amigo llamado Juancho, oriundo de Salamanca, que suspiraba con nostalgia cuando las sobremesas de domingo lo volvían filósofo y decía "¡Ya quisiera yo que España fuese la cabeza de África y no el culo de Europa!..."
Los chinos quieren ser occidentales.
Los occidentales atraviesan el planeta (hoy) para aprender de la cultura del trabajo japonés.
Los africanos nadan en la nada y bracean frenéticos para llegar a la madrastra Europa que no sabe qué hacer con el hambre del hombre.
La piel, el idioma, la religión, la gastronomía, las costumbres... ¿Qué es la identidad?
"Dime cómo hablas y te diré quién eres", es el título de un artículo sobre la comunicación que escribí hace años.
"Dios los cría y ellos se juntan" es una máxima popular que he tardado la vida entera en comprender...
¿Lanzo estas palabras al viento como un puñado de semillas de concordia y humanismo... o le inyecto la química del odio de una bomba de rencor ancestral?
¿Quién tiene la última palabra? (¿Y para qué la quiere?)
El hambre, la muerte, el amor, la alegría, el sol que alumbra por ahora a la Madre Tierra ("Pachamama" de los incas)... no distinguen entre nosotros.
En el fondo, debajo de las vestimentas, por fuera de las cuentas bancarias y más allá de la política o las religiones... somos mamíferos elementales.
Supuestamente, los más inteligentes de todos.