Eternos parches

 

 

Manuel Riveiro

[Jueves, 6 de mayo de 2009] [08.05]

 

 

 

 

Lanzarote es una isla de memoria frágil. Ya casi ni recordamos que hace tan sólo tres años nos escandalizábamos por el desastre que supuso la adquisición, por parte del Cabildo, de más de medio millón de kilos de uva a razón de 700.000 euros. La situación es parecida a la actual: una producción de uva que las bodegas de la Isla no pueden asumir porque no son capaces de vender lo que potencialmente se podría y papá Cabildo acudiendo al rescate talonario en mano. Luego llegó el esperpento de los 130.000 litros que se picaron en el Complejo Agroindustrial y en alguna bodega que almacenó el excedente adquirido por la institución y que el entonces consejero de Agricultura, Higinio Hernández, anunció –tomando por idiota al personal- que se transformarían en vinagre balsámico de calidad.

Al año siguiente, ya sin la presión de que la uva se quedase en la parra, se puso en marcha una campaña promocional del vino de Lanzarote que costó unos 130.000 euros salidos de las arcas públicas. De manera paralela se elaboró un plan estratégico para impulsar el sector vitivinícola –otros 50.000 euros- que lleva dos años acumulando polvo en la gaveta de algún despacho. Sumando conceptos, un auténtico dineral.

Este miércoles vivimos un déja vu: la consejera del ramo anunciando que de nuevo el Cabildo inyectará una importante cantidad de dinero público a un sector económico donde la oferta (3,5 millones de kilos) supera con creces a la demanda (1,8 millones de kilos), aunque con algunas innovaciones. A saber, el grupo de gobierno –en minoría, no hay que olvidarlo- propone pagar 30 céntimos de euros por cada kilo de excedente al viticultor, pudiendo hacer éste lo que le plazca con la fruta, incluso venderla a las bodegas llegado el caso. Si decide elaborar vino artesanal, el Cabildo le paga otros 10 céntimos más. Y si la deposita en la Granja Agrícola Experimental recibirá por cada kilo 60 céntimos.

Dice Lourdes Bernal que el Cabildo está dispuesto a aflojar un máximo de 300.000 euros y que está en tratos con el Gobierno de Canarias para que haga lo propio. No hay que descartarlo, pero tampoco se debe olvidar que hace tres años la respuesta fue un rotundo ‘no'. En la contestación a una pregunta parlamentaria formulada por Alejandro Díaz, el Ejecutivo dejó claro que este tipo de medidas “son ayudas de Estado que han de estar previa y expresamente autorizadas por la Unión Europea”. Seguro que la consejera habrá hecho sus números, pero si la calculadora no se equivoca, este año se volverán a dar entre 500.000 euros –si los viticultores se contentan con los 30 céntimos por kilo- y 1 millón de euros –en el caso de que todos entregasen su excedente en la Granja-.

Lo peor es que apuesto a que, una vez pasada la vendimia, todos los que tienen alguna responsabilidad en el asunto se olvidarán hasta la próxima cosecha, sin tomar medidas efectivas para desenredar el nudo que ahoga al sector del vino en Lanzarote: la falta de peso que tiene en el mercado local. Los números hablan por sí solos: de 12 millones de botellas que se descorchan al año en la Isla, sólo 1,5 millones se producen en Lanzarote, una ridiculez. Mientras seguimos con los eternos parches, se falla en la promoción de una denominación de origen que podría competir con otras potenciando su singularidad, al tiempo que se deja de publicitar la calidad de productos que enamoran a cualquiera con un mínimo de gusto gastronómico, como el malvasía. En definitiva, se suspende en la consolidación de una marca competitiva, parcela en donde se tendrían que implicar las administraciones públicas y los sectores de la hostelería y la alimentación.

La propuesta que se saca de la manga el Cabildo vuelve a ser cortoplacista, poco imaginativa y sujeta a que, por la misma regla de tres, los dueños de las ferreterías de la Isla lleguen a reclamar que se les pague la diferencia por los tornillos que no han sido capaces de vender este año con respecto al anterior... por poner un ejemplo. El sector primario genera tan sólo el 1,2 por ciento de los 44.700 empleos que hay en Lanzarote, y debe ser apoyado, pero no así.

PD. Una de las diferencias con respecto a hace tres años es la incorporación al debate del argumento de la conservación del paisaje para justificar el pago de las subvenciones. Es cierto que el cultivo de la vid forma parte de la cultura lanzaroteña y configura un atractivo turístico indudable. Pero no nos engañemos: no es sino una excusa que sirve para apuntalar una decisión que se toma fruto de la improvisación y la falta de planificación. Si recurrimos a ella es porque hemos tirado la toalla de la competitividad empresarial.

 

manuelriveiro@diariodelanzarote.com

 

 

 

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