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Tomavistas de los 70: cine de acetona y crítica social

 

M.J. Tabar

[Viernes, 6 de julio de 2012]

 

 

 

De izquierda a derecha: Mario Ferrer, Juan Luz, José García, Ventura Rodríguez y Julián Martín.

La Asociación de Cine Amateur de Lanzarote (ACAL) se fundó en 1975 en torno a dos lanzaroteños pioneros en las grabaciones con Súper 8, que revelaban sus óperas primas en su estudio de la arrecifeña calle Norte. Se llamaban Felipe Álvarez y Felo Ramírez, y en torno a ellos se arracimaron Juan Luz, Ventura Acuña, Julián Martín, José García y Pedro Arrocha, entre otros. Fue el primer colectivo de Canarias integrado por aficionados al cine doméstico.

Años 70. Tiempo de cambios radicales en Lanzarote y que se manifestó con fenomenales paradojas. El boom turístico convivió con la ausencia de luz y agua corriente. Las técnicas municipales para gestionar los residuos generados en Arrecife eran medievales y generaban postales atípicas: basura con olor a sardina decapitada, que era tirada sin miramientos a la marea, al mismo tiempo que se promocionaba el encanto de la playa lanzaroteña y se inauguraba el Arrecife Gran Hotel.

Julián Martín comenzó a grabar películas en 1963, un año después de inventarse el formato Súper 8. La gran mayoría de sus obras, que han sido digitalizadas por Memoria Digital de Lanzarote en colaboración con Filmoteca Canaria, son cortos documentales que ponían su punto de mira en la actualidad insular: el estado de las salinas (No merece morir), del alcantarillado (“cuando caía una tromba de agua, se inundaba todo... ¡igual que ahora!”) o la llegada de lanchas avitualladas con fardos de droga a la isla (El cuarto hombre, con el Pollo de Arrecife como protagonista, que ya tenía experiencia como extra en el cine internacional).

El Ayuntamiento de Arrecife cedió al colectivo un espacio en el primer piso del Parador de Turismo (y posteriormente ACAL la cedería al Guincho). En el transcurso de las reuniones, estos amateurs comentaban sus grabaciones y forjaban utopías. “¡Hasta Hollywood íbamos a llegar nosotros! Había muchos planes, pero pocos medios”, cuentan entre sonrisas treinta años después, arremolinados todos menos alguno en una mesa de la Sociedad Democracia.

No merece morir, un corto que reivindica las salinas de Arrecife fue seleccionado en la II Muestra Canario Americana de Cine Profesional, junto a 22 películas más provenientes de Estados Unidos, Gran Canaria y Argentina. Lo pueden observar en la exposición Historia del cine amateur de Lanzarote, ubicada en los salones de la Sociedad Democracia, e integrada por una miríada de cámaras y proyectores que pertenecen a la colección privada de Julián Martín. La evolución tecnológica desde los años 20 hasta hoy.

Cartel del antiguo certamen cinematográfico convocado durante las fiestas de San Pedro.

Marco Arrocha, un hombre que ama el cine con intensidad contagiosa y que se forjó como espectador en la añorada Sala Buñuel, nos hace reparar en un dato. Debajo del nombre de Julián, en un recorte de prensa, figura seleccionado en el mismo certamen el argentino Claudio Caldini, un renovador, transgresor y naturalista que sí hizo carrera en el mundo del cine (el año pasado, se estrenó un documental sobre su obra: Hachazos).

La Casa Colón fue la organizadora de aquel certamen y el lugar donde en 1977 se reunieron muchos cineastas amateurs canarios con la intención de crear una productora y comprar material (focos, grúas, travellings...) que pudiera ser compartido por todos. “Pero este es un territorio fraccionado. Y las conexiones de antes no eran las de hoy. ¿Cómo mover el material de forma rápida entre islas? No fue viable”, cuenta Juan Luz.

Ser aficionado al Súper 8 era de todo menos barato. “Un rollo de 15 metros de celuloide costaba 300 pesetas”, apunta José García. El sonoro era cuatro veces más caro y se compraba “en Gabriel o en los indios”. La Sociedad Democracia alentaba este tipo de creaciones con el Concurso de Cine que celebraba todos los años por San Pedro, y que llegó a tener por lo menos seis ediciones, como atestigua uno de los carteles de la muestra.

“Para rentabilizar al máximo el rollo, grabábamos a 18 fotogramas por segundo. Como luego se proyectaba a 24 fotogramas por segundo, las imágenes se veían rápidas”. El resultado era una película con aire de comedia disparatada de los años 20. “Padecíamos un poco la falta de medios”. La baja sensibilidad de la película y el tenue alumbrado eléctrico, escaso y poco de fiar, originaba obras llenas de claroscuros.

Ventura, primo del fotógrafo Javier Reyes, llegó al Súper 8 a través de la fotografía. Forma parte de una generación de personas inquietas y autodidactas, que construían sus propios inventos. “Un día en Haría, cogimos una caja de madera, una bombilla y una lupa y nos construimos un proyector; ¡bueno, un artilugio!”. Luis en cambio se aficionó al Súper 8 viendo películas. Aquellas proyecciones en el Cine de Teguise, con Marlon Brando ocupando toda la pantalla. “El Gordo y el Flaco en el antiguo Atlántida”, apunta Pepe, Marisol y Joselito erizando vellos en el Díaz Pérez, y multitud de películas más en el cine Hollywood, el Costa Azul o el Wandem. Entonces, el cine era un acontecimiento.

Proyectores de diversos milímetros expuestos en la Sociedad Democracia.

Evasión narraba los sueños de grandeza de un hombre que se encontraba con un maletín lleno de dinero, y culminaba con un 'Fin' construido a base de parras, en un soquito de La Geria. Es otro de los cortos que podrán verse en el canal de Youtube de Memoria Digital de Lanzarote, un proyecto del Centro de Datos del Cabildo lanzaroteño, impulsado por el historiador y periodista Mario Ferrer. Los preparativos de los Carnavales (pintar y construir carrozas, entrenar majorettes), Sangineles, romerías, castillos, playas, paisajes... Los contenidos son variados. Ventura grabó una vez el testimonio de un pescador de La Palma que había perdido una mano dando muerte a los peces con dinamita. Julián, una persecución en la fortaleza de Guanapay, con una trama basada en el tráfico de morfina.

Con la llegada del vídeo, llegó la disgregación del grupo. Atrás quedaba la acetona (“el líquido ese de las uñas”) para unir los trozos de película en un montaje absolutamente casero, y las empalmadoras modernas que expedían trocitos de cinta parecida al cello. Luego llego el digital. La inmediatez. La democratización tecnológica. Juan advierte que antes de irse de este mundo grabará otra película más. A Julián y al resto no les interesan los nuevos formatos. “En todo caso, yo volvería a grabar lo mismo que grabé hace 40 años, para comparar. Y sería parecido”, ríe.

La Sociedad Democracia acogerá todos los meses proyecciones de Súper 8 digitalizados. Una de las que abrió la sesión inaugural de esta semana fue La boda del siglo, un esplendido cortometraje satírico grabado durante los Carnavales de 1972 en el Parque Ramírez Cerdá que criticaba los problemas de luz y agua corriente que la ciudadanía tenía que soportar. En total: 30 figurantes disfrazados con todo lujo de mantillas, sombreros, joyas y echarpes, fingiendo que asistían a la boda de los señores de Apagón y Salitre, apadrinados por los Marqueses de Corte y Enganche. Parodia fina.

Vídeo

"Boda del siglo", grabada por Julián Martín (1972).

 

 

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