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La energía eólica y la política del miedo

 

M.J. Tabar

[Viernes, 23 de marzo de 2012]

 

 

 

Parque eólico de Los Valles.

De haberse cumplido los plazos con la misma rapidez manejada para aprobar el proyecto de Repsol, hoy tendríamos 30 gigantes de viento generando energía limpia en el Cerro de Tabayesco y en el Lomo del Cortijo (Haría), en Teguise (junto a Zonzamas), y en la salida de Arrecife. Cuatro parques eólicos, que se añadirían a los modestos complejos de Los Valles y Montaña Mina. Tres promovidos por Endesa y uno por Gas Natural. Una inversión de más de 36 millones de euros. Estamos dejando pasar una producción estimada de más de 109.598 megavatios hora (30.000 más de la producción energética total en la isla).

Cualquiera que baje de su automóvil y pasee por los llanos del corredor interior de la isla, donde vienen a encontrarse los municipios de Arrecife, San Bartolomé y Teguise, se dará cuenta de que el viento sopla con fuerza considerablemente molesta. La misma sensación tendríamos con el vendaval que azota sin discreción la vertiente oriental del municipio de Haría.

Ambos lugares, uno de jable y otro inserto en barrancos, fueron delimitados por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) hace muchos (muchos) años como áreas óptimas para la explotación de energía eólica, pudiendo instalarse según los estudios más de 1.000 megavatios de potencia. Así de fuerte y constante es el viento en la isla.

La historia, que debiera haber estado plagada de facilidades e inversores con buena vista, ha sido otra. En 2007, el Gobierno de Canarias resolvió conceder únicamente 37 megavatios de potencia eólica a la pequeña pero potente Lanzarote. Eso suponía menos de un 4% de su capacidad explotadora de energía proveniente del viento, pero por escasa que fuera la cifra, aumentaba los rancios 6,4 megavatios asignados al parque de Los Valles (5,28 MW) y al de Montaña Mina (1,125 MW).

En 2011, Lanzarote debería haber tenido cuatro parques eólicos nuevos funcionando a pleno rendimiento, y sumados a los dos ya existentes. Un año más tarde, no sólo no existen, sino que no tienen visos de existir. Otro proyecto eólico de autoconsumo para la desalinizadora de Punta de los Vientos, en Arrecife, que hubiese abaratado la factura eléctrica de la endeudada Inalsa, también está estancado.

¿Por qué las instituciones demoran el desarrollo de la energía eólica en la isla, demostradamente eficiente, pero apremian la autorización para que Repsol investigue un posible pozo de hidrocarburos cuyo producto nunca contribuirá a disminuir la factura energética de Canarias, ni de España?

La sostenibilidad energética sólo ha conseguido desarrollarse sobre el papel (Plan Energético de Canarias –PECAN, en constante revisión desde la década de los 90-, Plan de Desarrollo 'Lanzarote Sostenible', etc.). Los avances han sido muy pequeños, si nos atenemos a los plazos previstos y a las facilidades de las que gozamos en el Archipiélago. En su día, el profesor e ingeniero industrial Roque Calero presentó un plan para desarrollar un parque bioindustrial en Lanzarote, que no pasó de la fase de presentación en power point.

A pesar de que los estudios son claros y que el precio del petróleo se duplicará en los próximos años, la reconversión a las renovables está tardando en convertirse en realidad. Hemos tenido tiempo de demostrar que Canarias puede vivir de electricidad generada con energías limpias, sin primas. Pero no lo hemos aprovechado. El Sureste de Gran Canaria es capaz de generar diariamente 500 megavatios eólicos (que equivalen a 10.000 barriles de petróleo). Lanzarote no se queda atrás. “¿Cómo podemos dejar pasar esa riqueza, que nunca va a incrementar sus costes, que es absolutamente respetuosa con el medio ambiente y que verdaderamente crea empleo?”, se pregunta Calero. La respuesta es simple: un nuevo modelo energético terminaría con el actual reparto de beneficios que generan los hidrocarburos.

Más de 450.000 toneladas de derivados del petróleo llegan cada año al Puerto de Arrecife. Alrededor del 70% se destina al consumo interior, fundamentalmente a la producción de energía eléctrica (un 15% para desalar el agua que consumimos) y al transporte terrestre. La energía eólica es la que mayor potencial tiene en Canarias, y en Lanzarote; más que la fotovoltaica (un mapa elaborado por Grafcan permite saber la radiación solar que recibe cada azotea en Lanzarote y si reúne las condiciones para realizar una instalación fotovoltaica), la fotovoltaica o la mareomotriz.

Lo que calla el Ministro de Industria José Manuel Soria Soria es mucho más significativo que lo que dice. No explica que Repsol -una empresa que ni es pública, ni está nacionalizada- gestionará los beneficios derivados del petróleo para rentabilizarlos al máximo, y no para reducir altruistamente la factura energética española y canaria. No dice el Ministro que en Canarias es más barato generar un vatio de electricidad con energía eólica que importarlo en forma de hidrocarburo. No explica cómo es posible que Alemania, avanzadilla y modelo económico a seguir, nos lleve mucha ventaja en renovables. No dice que en Lanzarote desalinizamos el agua del mar, que la pesca, las estaciones náuticas y el paisaje son la riqueza que nos distingue. No dice que TUI, el mayor turoperador del mundo tiembla ante la perspectiva de que Repsol abra sucursal en Canarias, segundo destino turístico más visitado de España.

Soria calla y se concentra en practicar la política del miedo. En pedir responsabilidad porque esa es, según él y su equipo, la única salida rápida y eficaz para garantizar nuestro estado del bienestar: excavar a 3.000 metros bajo el mar, en el corredor marítimo más rico en cetáceos de todo el planeta Tierra, en una Zona Marítima Especialmente Sensible de la que él mismo se vanaglorió en su día.

Mientras existe un acuerdo unánime en que los hidrocarburos son una energía finita, condenada a desaparecer, que ya ha comenzado a pasar el testigo a las renovables, y que ha dividido el mundo entre productores, compradores y especuladores, el Gobierno español propone crear una mina en Canarias para agotar las últimas posibilidades del sistema.

En 2009, una encuesta elaborada por el Centro de Datos del Cabildo reveló que más del 50% de la población de Lanzarote achaca la parálisis de las energías limpias al desinterés de las instituciones locales y de las eléctricas. Claro que casi el mismo porcentaje de personas confesó no tener mucha idea del funcionamiento, ni de las posibilidades de las energías limpias. En 2012, tras el anuncio de las prospecciones, ha habido un extraordinario quorum en los plenos municipales y cabildicios de Lanzarote y Fuerteventura.

Por primera vez en mucho tiempo, la sociedad lanzaroteña parece estar dejando de lado propagandas políticas, ideologías, filias y fobias, para hacer frente común a un proyecto que se ha tramitado con prisa, sin atender todos los informes y pasando por alto la opinión de muchos. Daños colaterales de una mayoría absoluta.

 

 

 

 

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