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Confusión de entierros

 

Saúl García

[Lunes, 10 de octubre de 2011]

 

 

 

 

 

Recordarán el caso de Said Dambar, un joven saharaui que murió en El Aaiún por los disparos de un policía marroquí en diciembre de 2010. Su cadáver aún está en la morgue de esa ciudad y no se le ha practicado la autopsia. Varios de sus hermanos viven desde hace años en Lanzarote. La familia inició, y continúa, una campaña internacional para pedir “verdad y justicia” en el caso.

Una de las hermanas, Yamila llegó a exponer el caso ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. Hay instituciones, como el Cabildo de Lanzarote o el Ayuntamiento de San Bartolomé que han aprobado mociones de apoyo a la familia. La evolución del caso, firmas de apoyo y vídeos, se puede seguir en esta página.

Al muerto no se le da sepultura pero se intenta enterrar el futuro de los vivos. La familia está sometida, desde entonces, y por no aceptar el silencio como vía de solución, a presiones para que abandone esa campaña.

El Gobierno marroquí utiliza todos los mecanismos a su alcance, que no son pocos. Ya sabemos que el poder, incluido el poder democrático, siempre tiene resortes para evitar dar cuenta de algunos de sus actos ilegales. En una dictadura, aún con sus intentos de apertura, la impunidad se convierte en norma, no en excepción.

Dambar, de 26 años, era licenciado en Económicas y trabajador del Ayuntamiento de El Aaiún. Driss, uno de sus hermanos, es Doctor en Económicas y trabaja en Casablanca como auditor financiero. La semana pasada le llamaron de Rabat, del Ministerio de Economía y Hacienda, para ocupar una plaza laboral en la Administración marroquí.

Había sido seleccionado para una de las 25 plazas que saca el Gobierno marroquí para licenciados del Sáhara ocupado y había superado todas las pruebas con éxito, pero cuando se presentó para ocupar la plaza le dicen que se ha rechazado su solicitud, y cuando pidió explicaciones, le mencionan el caso de su hermano, le recuerdan que su familia no acepta las condiciones de las autoridades marroquíes y le remiten al gobernador marroquí en El Aaaiún.

La familia se dirige a hablar con El Khalil Edkhil, quien según la versión de al propia familia, les insulta, les amenaza y les anuncia más acciones de presión en el futuro si persisten en su actitud de pedir justicia para Said Dambar.

Se manda callar, pero el silencio es cómplice necesario de la injusticia.

 

 

redaccion@diariodelanzarote.com

 

 

 

 

 

 

 

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