Saúl García
[Lunes, 15 de agosto de 2011]
Pedro Gutiérrez Reyes (La Degollada, 1937) conoce África “de punta a punta”, navegó el Atlántico, el Pacífico, el Caribe y el Mediterráneo, vivió en Arrecife y en Las Palmas y estuvo a punto de morir en un hospital de Ciudad del Cabo por un corte de digestión, pero allí donde se encontrara “siempre pensaba en estas piedras, en este pueblo”.
En esas mismas piedras que forman La Degollada, cuando aún había parras, higueras, un horno de barrilla y una tahona de moler a camello, aprendió Pedro “las cuatro letras” que dice que sabe, con una cartilla que compartía toda la familia. Y entre esas piedras comenzó a trabajar el campo hasta que a los 14 años se embarcó por primera vez.
Estuvo en un mercante que iba a la Península y en pesqueros que hacían zafras de un año y cargaban las bodegas de pescado en media hora. “La pesca sí es dura”, reconoce, aunque entonces, “cuando el dinero valía”, mandaba a su mujer 6.000 pesetas todos los meses.
Conoció el apartheid en Sudáfrica y le ofrecieron ejercer de capataz para los negros, pero no aceptó porque no le parecía bien que se les tratara “peor que a los perros”. Un ametrallamiento de una patrullera marroquí en las costas del Sáhara acabó por convencer a su mujer de que tenía que volver a tierra, cosa que hizo sólo por un tiempo, hasta que por fin se jubiló para volver a esas piedras de La Degollada donde nació.
Lo que pasa es que La Degollada ya no era como era La Degollada, y Lanzarote tampoco.”El que viera Lanzarote cuando yo nací y ahora, no la conoce”, dice convencido, y lo explica: “Parte de nuestra cultura ha desaparecido por intereses especulativos, sólo por dinero”. Y lo explica de nuevo: “Se han cargado parte de nuestra cultura y nuestro patrimonio y no les importa. Si acaba la cultura mía, yo, como persona, dejo de existir”. Eso es lo que piensa y eso es lo que dice.
Así que La Degollada no era La Degollada. Se había borrado el pasado y no había llegado el futuro. Estaba muriendo el Siglo XX y en el pueblo no había luz ni agua corriente ni una carretera transitable “porque querían desaparecer el pueblo”, dice Pedro. De hecho, en el planeamiento ya aparecía La Degollada como zona minera.
El caso es que se creó una asociación de vecinos, 'Los Majos de La Degollada', que empezó por reclamar los servicios básicos. “Nos decían que adónde íbamos, qué si estábamos locos”, cuenta. Incluso aquel que fue alcalde de Yaiza durante muchos años y tuvo que dejar la política porque entró en la cárcel, igual que el que le precedió, les dijo que antiguamente se iluminaban con velas. Pero él tenía luz eléctrica “y mucho más”...
“Fue una lucha de las grandes, día tras día sin parar”. Se les ocurrió escribir una carta al Rey y amenazar con recibir a toda la familia real, que llegaba a la Isla en las navidades de 1999, con una manifestación. La Casa Real pasó la carta al Ministerio de Industria y éste al Gobierno de Canarias, y por fin llegó la luz, aunque sólo a la mitad del pueblo, así que tuvieron que seguir peleando.
La historia se explica más fácil de lo que se vive. Cuando estaba solucionado ese problema apareció el de la machacadora de piedras que querían instalar en el pueblo, en lugar del pueblo, para fabricar el muelle de Playa Blanca, entre otras cosas. Y se logró parar, pero por el camino Pedro tuvo que hacer varias visitas a despachos y recibir otras poco amistosas, además de llamadas telefónicas que le recomendaban hacerse un seguro de vida.
Pedro tiene muy claras las claves del triunfo. Primera: porque tenían la razón y lucharon con coherencia. Segunda: los apoyos que recibieron de algunos políticos, de colectivos de otros lugares de la Isla y de otras islas. “Lanzarote estuvo más unida que nunca por la machacadora”, dice. Había 400 personas en el pueblo el día que hicieron el reconocimiento a la gente que había apoyado. Tercera: el apoyo llegó de fuera.
“La gente del pueblo se escondía”. Un vecino llegó a afirmar que tendrían que pasar por el pueblo de Yaiza “con la cabeza gacha”. “He conocido mucha gente, y la gente de Lanzarote la encuentro muy sumisa; si tiene que dar la cara, la mayoría no la da... eso es lo que pienso”. Y eso es lo que dice.
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