5 COMENTARIOS 10/02/2014 - 08:46

En las afueras de Muñique, al comienzo de una senda de tierra, un remolque de caballos señala la finca La Sarantontona, propiedad del arrecifeño José María Guerra, que un día decidió cambiar la gestión de una cafetería, por el trabajo de la agricultura tradicional, “la de toda la vida, la que hoy llaman ecológica”.

Conoció a su compañera Dominique una tarde sin premeditación. Ella se acercó y le pidió ver de cerca los hermosos jamelgos de la finca. “Y casi sin darnos cuenta, llevamos 17 años juntos”, cuenta José María, recién quitados los zapatos de faena y liado un cigarrillo de tabaco, que quiere dejar de consumir con ayuda homeopática.

Fue Dominique quien le propuso trabajar cultivos ecológicos en la finca. Por las propiedades nutricionales de las frutas y las hortalizas, y porque había una creciente demanda entre los consumidores. Tomaron la decisión y han conseguido una granja casi independiente, que lograría autoabastecerse si no fuera por el pienso de los caballos. Su casa es una suerte de república independiente. Su reloj es la naturaleza.

Las burras -rescatadas de palos y de garajes sin luz- las ovejas que vinieron como regalo de La Graciosa, las gallinas y Lula, la vaca indultada, comen grano ecológico y sus digestiones proporcionan materia orgánica para elaborar el compost. La Sarantontona produce papa, cebolla (“la de aquí”, de carne dulce y prieta, sin tallo verde central), fresa, lechuga, tomate, ajopuerro, ajo japonés, albahaca tailandesa, acelga, beterrada y unas guindillas considerablemente famosas.

El aliento salino del Risco de Famara otorga a los pimientos de José María Guerra un extra de sabor picante, dulce y poderosamente mineral que los paladares europeos saben apreciar. Desde hace años, estos frutos ecológicos se recogen y se cortan a mano, para secarlos y venderlos enlatados bajo la denominación ‘The love of chillies’.

En Muñique trabajan 8.000 metros cuadrados de terreno, 4.000 más en El Cuchillo y una superficie de 16.000 m2 de jable donde plantan auténtica batata y calabaza lanzaroteña, igual que hace un siglo. La labor comienza a las siete de la mañana y termina a las seis de la tarde. Es intensiva y dura, pero están convencidos de su opción y satisfechos con el resultado.

Hay jornadas especialmente severas (aparece la tuta, que corrompe los tomates, y el viento indomable a veces revira todo lo plantado) y el contexto no ayuda: a Canarias llegan productos ecológicos “subvencionados” procedentes de Península, más baratos que los que se cultivan en Canarias, avalados por el certificado el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica (CRAE).

José María cree que la agricultura convencional sólo beneficia a las empresas que comercializan los abonos químicos. Los consumidores son los perjudicados: menos sabor, restos de metales pesados en su alimento y empleos precarios. Le llaman loco por pagar 50 euros las siete horas de trabajo en su finca. Pero él insiste en que un autónomo tiene que hacer frente a su cuota y que el trabajo en el campo no puede ser sinónimo de esclavitud.

Guerra conoce a muchos jóvenes que quieren trabajar la tierra y que no se deciden por los grandes obstáculos de comercialización que tienen los productos locales. No se puede competir con el precio de las zanahorias refrigeradas, importadas, golpeadas y cultivadas en condiciones laborales precarias. Tampoco se puede satisfacer la demanda de una parte de la ciudadanía y del sector de la restauración que no está dispuesta a que la temporada del año limite su menú. En diciembre no hay lechugas y no todo el mundo se conforma.

Desde hace unos meses, en La Sarantontona han comenzado a transformar sus propios productos, creando una pequeña y moderna industria artesanal en un contenedor de mercancías reciclado. Envasan y venden miel ecológica, producida por Apicultura Lanzarote. Elaboran mermeladas con fruta estacional. De mora, fresa, tomate, o de papaya, piña y agave, una planta local cuyo sirope hace las veces de sabroso edulcorante. Ya tienen el registro sanitario de sus huevos ecológicos, muy demandados por sus clientes.

A pesar de las dificultades, José María está enamorado de su oficio. Ha adquirido conocimiento por internet, en libros, en multitud de cursos y, sobre todo, hablando con los campesinos antiguos, que conocen el medio natural como la palma de su mano. El propietario de La Sarantontona está convencido: “Esto es mágico. Yo no lo cambio por nada”.

Puntos de venta

La Sarantontona comercializa sus productos en la Tienda Verde de Tías, un herbolario de Costa Teguise, la biotienda de la Villa y, próximamente, en un supermercado de La Santa, porque los viajeros que practican el turismo deportivo piden productos de calidad fresca y local. También los vende en cestas, bajo demanda, y puede que participe como proveedor de un colegio de Arrecife que quiere ofrecer un menú de la tierra en su comedor.

Comentarios

"Conoció a su compañera Dominique una tarde sin premeditación". Buena frase. M.J. Tabar tiene dotes literarias...
jamelgo. (Del lat. famelĭcus, hambriento). 1. m. coloq. Caballo flaco y desgarbado, por hambriento. Real Academia Española © Todos los derechos reservados " le pidió ver de cerca los hermosos jamelgos de la finca" ¿Que significa para el autor "jamelgo"?
José Mª también cultiva y comercializa productos de la Gastrovolcánica (nopalitos y ficoide glacial, fundamentalmente). Como productor ecológico de la Asociación La Tanganilla está incluido dentro del grupo Gastrovolcánica, revalorizando especies de la flora silvestre de la isla de Lanzarote para su cultivo y uso en la alimentación. Más información: http://sinergiainsular.com/2013/04/08/gastrovolcanica-el-sabor-del-volcan-en-tu-boca/
Las cebollas de Lanzarote se venden en USA cebollas inglesas de Lanzarote, por que tienen una sustancia muy buena para el corazón que no la tiene ningún otro alimento. También se venden en Suecia por el mismo motivo
Por favor me pueden pasar su número de contacto??

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