Monterrey es la capital del estado mexicano de Nuevo León, allí todavía no se ha constatado ninguna muerte oficial por la gripe humana del virus porcino, que desde el viernes, y con su epicentro en México, prepara a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para una pandemia, como confirmó en la ciudad suiza de Ginebra, dado que ya existen 79 casos confirmados a nivel mundial, dos de ellos en España.
Alejandro Cambre, Beatriz Henríquez y Martín Díaz, son tres estudiantes canarios que se han visto sorprendidos en Monterrey durante un intercambio universitario y por ello permanecen encerrados en el piso que comparten, como medida de precaución, “sólo salimos para comprar comida cuando se agota y utilizo la mascarilla”, reveló Cambre.
Pese a la medida, Cambre confesó que no está asustado porque la ciudad de Monterrey, “por ahora, está a salvo”, aunque no se fía. El estudiante dijo que cree que la información oficial que aparece en los medios de comunicación del país centroamericano es “sesgada” y sospecha que el Gobierno mexicano está “ocultando información”. “En la calle hay rumores, y me entero de lo que ocurre más por mi familia y por internet que por las noticias oficiales”, añadió Henríquez.
Por eso, los tres estudiantes, fieles al ‘más vale prevenir que curar', utilizan la casa como bunker y siguen las medidas de seguridad que recomiendan usar la mascarilla cuando se sale a la calle y no dar ni besos ni saludos con las manos, que se tienen que limpiar más a menudo. Además, tampoco salen a comer a sitios públicos y detalló Henríquez que la compra la realizan por la noche, “porque es más seguro, te encuentras a menos gente”.
Los tres lo prefieren así, aunque insistieron que están “tranquilos”. En este sentido, la estudiante de ingeniería recordó que Monterrey se sitúa a 12 horas en carretera de la capital México Distrito Federal, “que es la zona más afectada”.
Cambres, Henríquez y Díaz coincidieron en que los “sustos” se los dan desde España y que ahora hablan más con sus padres, “todos los días”, concretó Henríquez, que como el resto de sus compañeros no piensa volver a Canarias, “por ahora”, porque, según Cambre, “viajar es más arriesgado. Es más seguro quedarse aquí”.
Y allí, en Monterrey, seguirán encerrados en casa hasta que se agote la comida o hasta que se vuelva abrir la Universidad dentro de una semana y media. Mientras, aclaró Díaz, jugarán al ping-pong en una mesa improvisada en el salón, utilizarán el ordenador y realizarán los deberes que los profesores les mandan por internet.
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