PRIMER PLANO | Un día en la caravana de Zapatero

El chou de los ganchitos

7.55 horas. Camiseta roja con slogan (LanZarote con Zapatero), una chapita en forma de Z que se prende en la ropa, una bandera del PSOE en la mano y una gorra, última guinda de este atavío que no es de hooligan aunque lo parezca. La señora que luce este equipamiento se toma un cortadito antes de embarcar.

M.J. Tabar
[Lunes, 3 de marzo de 2007] [07.00]

-  “¡Esperemos que nos hayan guardado sitio en el estadio!”

[Golpe de cucharilla y arreando, porque la megafonía de Binter les reclama]

El primer día de marzo amanece despejado y fresquito. Más todavía para los que la noche anterior evangelizaron al electorado juvenil en un local de la calle José Antonio. Se llevaron hasta una Z de gomaespuma, tamaño ser humano, que ahora facturan en la T2 del Aeropuerto de Lanzarote.

8.20 horas. Al comandante Alfredo Gutiérrez se la trae al pairo el ambiente festivo de los 90 simpatizantes socialistas del pasaje y no da ordenes para que las azafatas sean más permisivas con el apetito de echar fotos. “No, señor, flash no se puede”. Pues nada. A leer el periódico.

Juan José Jiménez relata en La Provincia una historia un tanto chiripitifláutica. El comentario del presidente del PP, José Manuel Soria, sobre los niños “desaparecidos y violados” de Canarias ha provocado 400 reacciones entre los lectores, cien más que los vídeos de El Batu, un híbrido entre un Rambo canarión y un secundario de Torrente que hasta la presente ostentaba el récord mediático.

La expedición endosa a una azafata una camiseta roja, entre sonrisas y un ambiente de euforia creciente. “¡Vamos a ganar!”. Exclama otra señora mientras baja por la escalerilla. Marcos Hernández, Olivia Cedrés, Manuel Fajardo y Miguel González son seguidos por las cámaras de la tele.

9.25 horas. Bachata y merengue en los altavoces de la guagua que enfila el Centro Insular de Deportes de Las Palmas. La misma señora-altavoz se lanza y comienza a jalear:

-  ¡ZaaaaaaaaapateerO!

Se añora un bombo como el de Manolo.

Alguien dice que en el mitin habrá algún que otro “discurso previsible” y que Jerónimo [Saavedra] también intervendrá. “Si es que puede subir las escaleras”, se apostilla con mala chufla Los chascarrillos son un no parar y las bromas hay que reírlas sí o sí, porque el ambiente lo manda.

10.00 horas. La guagua emite una flatulencia de alivio al aparcar y los excursionistas descienden. En una farola, Mariano les mira tuerto y con cara de chiste porque un viandante ha decidido jorobar la propaganda electoral del PP con un rotulador. A unos 100 metros, un abuelo con chaqueta de lana permanece sentado en un banco, en un parquito agradable, verde y con sombra. Gira levísimamente el cogote al apercibirse del barullo, pero no se le altera el gesto. Cuando se le pregunta si su querencia al voto es socialista, ase con fuerza en la muleta y responde: “Yo al payaso ese no le voto”. Y una décima de segundo después: “Y al otro tampoco, que son primos hermanos”.

Una guagua urbana se detiene frente al pabellón. Descienden varias personas, pero la mayoría evita el mitin. “¿Votar yo con 88 años? Yo a pasear y a bailar, boba”, dice con una señora dicharachera que se va de excursión a Teror. Su hija, que trabaja de documentalista en una cadena de televisión madrileña le ha recomendado que vote a Zapatero como mal menor. Que al otro, ni se le ocurra.

Dos guaguas más vienen desde Arucas. Al ver la edad media de los asistentes al mitin, un joven bromea: “Chacho, pero si han venido todas las Senectudes del Partido Socialista”. Razón no le falta.

10.20 horas. El bar La Planchita es el paraíso para el que padece la doble insularidad de los tomates. Sándwiches a 0,70 euros, pulguitas de calabacín con queso y atún, sencillas, baratas y efectivas. Se paga la cuenta sin dolor y se dirige uno al mitín.

Las gradas están repletas. En total: unas 6.000 personas (5.000 dijo el bedel; 7.000 El País) que gritan alborozadas y lanzan el acostumbrado grito de guerra del “pio, pio”. Sin más mensaje. La concurrencia no está para complicaciones dialécticas, sino para embriagarse con fervor de hincha. Empiezan las olas humanas. Sobacos hacia el cielo y todo el mundo a dejarse llevar. Uno de los encargados de seguridad, con gotitas de sudor en el bigote, se hunde el pinganillo en la oreja para escuchar las ordenes en medio del tumulto. “Ay, Dios...”, rezonga. La tercera edad se pone en pie para bailar. Un niño juega a la Nintendo DS, ajeno a lo que su padre, su madre o Joaquín Sabina, que aparece en la pantalla de plasma gigante, canten o digan.

10.55 horas. Para cubrir este evento se han acreditado 38 medios de comunicación de todo el Archipiélago canario, a los que hay que sumar otros 60 que acompañan a Rodríguez Zapatero en la caravana electoral. La jornada del viernes fue maratoriana para ellos: tres viajes en un mismo día. Y aseguran que casi no tienen oportunidad de hablar en primera persona con el candidato, para al menos, abrillantar sus crónicas.

Zapatero ha pedido a las 6 personas que se encargan del catering que sirvan ensaladas y fruta fresca para que todo el equipo recupere fuerzas. Algo ligero, pero nutritivo. También hay bandejas de canapés con productos canarios que se interrelacionan con las delikatessen del resto del Estado (piruletas de queso herreño o pulpo a la gallega dormidito sobre un camastro de papas al ajo, por ejemplo)

11.17 horas. Carrera de escoltas, sintonía socialista y paseillo de las figuras: Jerónimo Saavedra, Juan Fernando López Aguilar y José Luis Rodríguez Zapatero que, de pronto, pierde el apellido y se convierte en simplemente José Luis . De toda la vida.

Entre el público hay gente que ya está vendida a la causa, entregada con una pasión irreflexiva, otros que cabecean afirmativamente como en una sesión de jazz, y un último sector, mayoritariamente masculino, que necesita ser convencido porque tiene el espíritu desconfiado, casi tan áspero como las manos. Un técnico se ajusta los cascos y capta el fragor de los aplausos. En su camiseta negra se lee: “Por favor, no robe. Los gobiernos odian la competencia”.

Un periodista radiofónico dibuja en un cuadernillo, con metódico aburrimiento. Con un pilot azul pinta un mosaico de cachemir que parece un montón de palomas. Mientras, en la palestra, Juan Fernando López Aguilar hace una parodia de Gracita Morales para criticar la visión casposa y “prepotente” que tienen “los señoritos del PP” del camarero perfecto.

12.00 horas. Zapatero, de azul elegante pero informal sonríe con destellos y arranca aplausos sólo con dar las gracias por lo “inmejorablemente bien” que le han tratado los canarios. La Graciosa y Lanzarote, las primeras de la lista de agradecimientos. Que por algo las elige como destino vacacional. Y la marea roja de Lanzarote, que no cabe en sí de gozo. Otros le gritan guapo.

Un chico saharaui, que se ha camuflado entre los lanzaroteños, enarbola la bandera de la República Árabe Saharaui Democráctica (RASD) y grita que el Sáhara no se vende. Lo sacan del graderío entre tres personas, a empellones, y Zapatero sigue hablando del REF, de la soberbia de Pizarro y de la poca conciencia obrera del PP. Hay tiempo, por supuesto, hasta para los chistes:

-  “¿A qué no sabéis donde están ahora Acebes y Zaplana?”.

[Redoble de tambores imaginario]

-  “¡Cuidando a la niña de Rajoy!”

[Carcajada unánime]

Se menciona la guerra de Irak tres veces y se lanza el mensaje habitual. El mismo que día tras día se narra en los medios.

12.25 horas. Fuera del pabellón, hay media docena de jóvenes apoyando la causa saharaui. Una mujer de 40 años, se planta en frente de la pancarta y les aplaude. Otra señora dice que no son formas eso de interrumpir un mitin y otra, simpatizante pero sin carné socialista, dice que hasta aquí podíamos llegar, que ya es hora de parar esa maquinaria de marketing tan propia de la campaña, que todo lo tiene que hacer bonito y brillante.

También es una estrategia de imagen colocar a las juventudes socialistas más fotogénicas detrás del cogote del orador. Para que salgan en plano y toda España vea que a Zapatero le apoyan jóvenes sobradamente preparados, algunos hasta con tuquitos de rastafari y camisetas de colores variados. En un mitin no existe margen para la casualidad.

- “Díganme una razón para votar a Zapatero el domingo”

- “Que propugna igualdad”, dice una de las universitarias.

- “¿Qué quieres que te diga? Pues que es el mejor candidato que tiene España. [Mastica algo] ¿No serás de Sogecable, verdad?

13.00 horas. La marea roja de Lanzarote se va a comer. Quesito, ensalada, carne con papas o pescado a elegir, y un heladito de postre. En total (viaje y comida) 85 euros para sentir los colores de ZP.

-  Yo lo he visto muy bien...

-  A mi es que no sólo me parece inteligente, sino muy buena persona. Un encanto de hombre.

En Las Canteras, ajenos a la traquina electoral, dos domingueros caminan con ímpetu por la playa, batiéndose en duelo con la arena, que intenta comerles por los tobillos. Hablan de las posibilidades del Barça y de Raúl. Un abuelo que juega al baloncesto con dos nietos cree que “la macropolítica” ni le va, ni le viene. Que en su rutina de lunes no le influye ningún político. Un taxista tiene claro que votará en blanco o a Izquierda Unida, entre otras cosas, porque no ha notado ningún cambio desde que Saavedra sustituyó a Soria. “La ciudad terminó escaldada con el PP. No tanto por sus ideas, sino por lo impresentable de sus personajes”.

Esta campaña es “un chou”, opina un joven (uno de los 1.700.000 millones que votarán por primera vez el domingo) y el mitin, “un acto festivo que no sirve para nada al que se quiere informar”. Le parece un toma y daca muy televisivo, que interesa a los afiliados o amantes de la oratoria, y engancha al que busca una excusa para beberse una cervecita en compañía, y picotear ganchitos, o manises, o cortezas de cochino. Da igual que da lo mismo.

 

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