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Amon Ra, cabeza de cartel del último concierto organizado por AC/RC. |
“¿Cuántos conciertos en directo vieron el año pasado?”. Parada para pensar mientras el trío se mira y fuma. Y respuesta: “Uno. El de Rosendo, que fue gratis y fue un conciertón. ¡Ah! Y los Ataúd Vacante... qué grandes”. Es medianoche y los Kardomillo se han despedido bailando como gogós de estraperlo, con un tema de AC/DC como playback y homenaje final a AC/RC, el colectivo que organiza su sexto concierto. Más interrogantes: “¿Cómo ven el paisaje musical de la isla? ¿Seco como una pasa o rebrotando como una tomatera? ¿Hay movimiento o los grupos made in Lanzarote están desinflados?”. Se oye de todo, como en botica.
No es habitual que un sábado, cerca de las diez de la noche, surja la sintonía de Carl Orff – la Carmina Burana de los caballos azabache de Repsol – u otro sonido de la trasera del Recinto Ferial. Ocurre desde que nació la Asociación Cultural para la Realización de Conciertos (AC/RC), un colectivo de nombre e intenciones transparentes: dar escenario a las bandas locales y traer grupos de la Península que se cobran el caché en forma de alojamiento, asadero, excursión por Timanfaya y fin de semana de relajo en la playa. Todo se paga con el dinero inicial que pusieron de sus bolsillos y que van recuperando con las entradas que venden.
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Amon Ra. |
El rock, opina otra sombra del público, no está muerto, “sólo está de parranda”. Intentado hacer pizzicato con un timple, junto a un ska y un madrigal, que están igual de desorientados que él. “Aquí sobran ideas, pero falta movimiento. La peña ensaya y se queda parada, esperando que el Ayuntamiento les contrate o les ponga un local”, añade.
Se agradece la crítica constructiva, pero hay bandas que alcanzan el paroxismo de la pelmez, comenta. Que incluso parecen haber hallado una cierta comodidad en su papel de plañidera. O le hacen de comer o se condenan al ayuno. No llaman a la puerta de los bares que ofrecen música en directo, ni envían maquetas. “Esperan a que se lo den todo hecho y terminan poniendo a parir a los grupos que sí se han movido y reciben subvenciones”.
La música hecha en la Isla, a golpe de local prestado y cabezonería vocacional, se sigue produciendo. Se fue el Festibar, el Ventolera y los conciertos en directo de la capital, pero llegó la recuperación del Circuito Insular de Rock (o el intento, porque la ausencia de alcohol y las prisas por organizarlo están provocando algunas críticas) y llegaron los Estudios Neptar, coordinados por una Guely Robayna y un Ane Fernández que son, cuanto menos, “exquisitos en su trabajo”. Precisamente en los Neptar se organizan unas “curiositas” sesiones de música improvisada. De vez en vez, varios tímpanos invitados se reúnen entre las paredes insonorizadas para tocar lo que surja.
Un chico pide un Lebrancho Rock conejero. O un festival, estilo Benicassim, porque cuajaría enseguida. Se asiente con la cabeza, pero las cejas se fruncen. No hay iniciativa privada que de el empujón suficiente. El Festival Costa de Músicas lleva dos años celebrándose en Costa Teguise y Neftalí Acosta, empresario y DJ, ha dicho por activa y por pasiva que el turismo musical es una apuesta segura. Que se lo pregunten a los bares, restaurantes y complejos de apartamentos de Costa Teguise. “Hicieron la caja del año”.
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Lionel, bajo de Alto Volto. |
El Servicio Insular de Juventud del Cabildo dio a conocer una atractiva intención hace tres meses: convertir una nave industrial de las afueras de Arrecife en local de ensayo y aula de música. El proyecto está encerrado en un gran paréntesis porque los inversores con los que la institución ha negociado se temen lo peor: cuándo se haya aflojado el dinero, habrá cambio de gobierno y el proyecto quedará en agua de borrajas. Las negociaciones están siendo comprensiblemente difíciles. Mientras tanto, las bandas ensayan en naves prestadas, casas particulares o teleclubs. La Casa de la Juventud sigue fuera de banda. Y las instituciones se aprietan la taleguilla, poco dispuestas a amparar iniciativas, aunque sean económicas.
Algunos llevan 12 años de carrera musical y han pasado de entrenar cadetes de baloncesto a criar chinijos. Otros han conocido los bolos por Canarias y la Península, con el enriquecedor intercambio de pareceres, vinos y tapeo que conlleva. Hay quien se ha hecho hueco en el programa de Jesús Ordovás, en Radio 3. Otros que hicieron lo propio, Los Inadaptados, han vuelto a reunirse para tocar en petit comité bajo otro nombre y con otro estilo menos psicobilly y más punk (los Zombie Rockers), porque el gusanillo de tocar llevaba tiempo horadándoles el estómago, convirtiéndoselo en una manzana podrida.
La lista es interminable. Claro que no alcanza el apogeo rockero de los 90 (entre 1987 y 1991, Lanzarote parió 35 bandas, desde Lista de Espera, hasta Mariquita el último, Kalmachicha o El nombre es lo de menos). Hace 15 años, se teloneaba a Los Ronaldos, a Alaska, había oportunidad de saltar a otras islas merced al Certamen de Rock Regional y se fraguaban conciertos en las bodegas de los ferrys. En 1996, el Cabildo editó la Guía de la Música Joven de Lanzarote, las páginas amarillas del rock insular incluían nombres como Atril, Blackened, Blew, De refilón, Fórmula Secreta, Galiot, Inadaptados, Madre Piel, Neglect, Océano, Praxxis, Spa, The Vasos, Undertaker o Wild Way.
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Alto Volto. |
Hoy, Sancocho (www.sancocho.com) y Lanzarote Rock (www.lanzaroterock.com) son las dos páginas web de referencia para el rock insular. Internet (con su exhibicionista myspace) ha ganado en difusión a las radios y estas dos páginas han cogido el testigo que enarbolaron Radio Insular y Colectivo 86. Publican crónicas de conciertos, anuncian citas con antelación y son un foro de discusión bastante concurrido, donde el internauta (eso es lo malo) pronto se apercibe de la cantidad de energía que se derrocha en hacer guerras intestinas.
El sábado, Alto/Volto y Amón Ra consiguieron atraer al público, generalmente duro de roer y taciturno, a las primeras filas del escenario. Cuesta hacerlo porque el público ha cambiado. La música, analiza una chica del auditorio a última hora de la noche, dejó de ser un fin en sí mismo, y se ha convertido “en un medio”. La banda sonora de una conversación o de un lanzamiento de fichas.
En la puerta del recinto, el impulsor de Infocultura, un periodista alemán con mucha experiencia en la crónica musical, deja en la hucha un comentario que sabe a botellín de agua en plena subida al empinado Tourmalet: “Si lo comparamos con hace 6 años, el panorama pinta mucho mejor. Se ve más movimiento, sin duda”. Otro más que lo dice. Que el rock no está muerto, que sólo está un poquito de parranda. “Pues que vuelva”.
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Kardomillo, veterana banda conejera. |
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