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Ayudar es su cultura, también el ‘cultivo' y ‘crianza'. Ha adquirido una obligación in sólidum con la vida, de tal modo que vive adherida a las circunstancias, causas o empresas de otros. Así coopera, auxilia, socorre... La solidaridad tiene alma y nombre de mujer, se llama Antonia Solano.
Alhaurín el Grande, corazón malagueño del Valle del Guadalhorce, es el municipio que vio nacer a Antonia Solano el 10 de enero de aquel año del Mayo Francés. Lauro Nova o Al-Haur, según fueran romanos o árabes quienes llamaran al sitio en la antigüedad, se asienta en la vertiente norte de la Sierra de Mijas, en la Cordillera Penibética, y se alza hasta 542 metros sobre el nivel del mar para asomarse a la ribera derecha del opulento río que da nombre y caudal al valle.
Antonia, la mayor de dos hermanas, aprendió la vida y tomó sopas cachorreñas, pan cateto, mostachones y otras viandas de su niñez, en una familia ‘verde', honesta e interprofesional. El padre, batallador y camionero; la madre sastre; los tíos albañiles, carpinteros, carniceros... Y de natural inquieta, apenas paró en el hogar familiar de Huertas Altas, ahora estaba con la abuela, después en casa de los tíos, y así. Además de estudiar y cumplir con las clases en el Colegio Público Picasso, practicó baloncesto, hizo pinitos en la banda de música, asistió al conservatorio, parló inglés y hasta enamoró algún novio...
El embrujo que sentía al visionar películas o documentales de misiones y programas de desarrollo en África definiría su formación y propósito. En ese entonces ella creía que era indispensable ser miembro de alguna congregación religiosa para participar en aquellos proyectos de auxilio al desarrollo. Luego, todavía adolescente, entendió que no y optó por instruirse en una profesión que le permitiera ‘ayudar' en esos lugares.
Antonia quería ser médico, profesora de educación especial o enfermera, aunque en su familia no existía tradición de estudios. Progresaría con un grupo de amigos, aún conservan la amistad, que hicieron generación. Todos estudiaron. La suerte y otros méritos la acreditaron última en el numerus clausus de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga, en 1985. Aquí, comienza a colaborar en los barrios de la periferia malacitana, cimentando la arquitectura de su sueño.
Más tarde, licenciada de la universidad recala en Lanzarote para formarse como médico interno residente; igualmente colabora en temas de prevención de riesgos con Calor y Café, y otras oeneges y colectivos. Ella no está en la orla de su promoción, no quiso foto. No juró por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces... Tampoco prometió solemnemente el texto adoptado, enmendado, revisado, nuevamente redactado... de la Declaración de Ginebra.
En enero de 1995, Antonia alcanzó la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. Recta, proba, intachable, con una sólida base ética, ejercería de médico en el municipio de San Bartolomé hasta que la meritoria exposición de su memoria, en unas oposiciones que buscaban la estabilidad en el empleo, inexplicablemente la envía a Fuerteventura, robándole cupo y destino. Finalmente, en precario, consigue quedarse en el Servicio de Urgencias del Hospital General de esta Isla.
Sin embargo, la verdadera nobleza de su profesión la aprendió recientemente en Lhasa, Tíbet, donde pasó esta primavera colaborando con Comunidad Humana, grupo español de voluntarios que trabajan en aquella región desde octubre de 1995.
Antonia Solano es agradecida y se describe afortunada, hoy trabaja en lo que le gusta. Se ocupa en mil proyectos profesionales y otras ilusiones y quehaceres personales, formarse, tener familia, cuidar a sus padres... y poder cumplir un sueño: “ir a países donde están más necesitados que nosotros a nivel sanitario y colaborar con mi formación en mejorarlos”.
Jardín de Alá
- Te alumbraron en un lecho de antiguas culturas: fenicios, griegos, romanos, visigodos y árabes. ¿Cómo era el Alhaurín el Grande de tu infancia?
- Entonces era un lugar muy tranquilo, un pueblo donde todos nos conocíamos. Las personas se reconocían, aún lo hacen, en los apodos de sus familias. Pasábamos mucho tiempo en la calle, jugando, charlando... Alhaurín el Grande es un sitio muy acogedor.
- Creces en una familia ‘verde', honesta e interprofesional. ¿Qué cosas te enseñaron en casa?
- En Alhaurín el Grande, por cuestiones de las hermandades vinculadas a la tradición y a la Semana Santa , eres ‘verde' o ‘morao'. En casa somos ‘verdes'. De mis padres y abuelos aprendí la responsabilidad para con el trabajo; el “estar ahí” para lo que necesiten familiares y amigos. También la sinceridad como parte fundamental y motor de las relaciones humanas.
- Inglés, conservatorio, banda de música, baloncesto, estudiar... ¿Cómo hacías para estar en todo a la vez?
- Todavía no lo sé, pero recuerdo esta época como una de las mejores y más felices de mi vida. Toda aquella actividad me divertía y ofrecía aventuras; con la banda de música viajamos a Marruecos y varias ciudades y pueblos de España... Feliz, ilusionada, nunca me sentí cansada o rendí a la pereza. Así que hoy, aún recojo los frutos.
Juramento Hipocrático
- Dices que tu tesón y éxitos en los estudios es mérito de un grupo de amigos. ¿Por qué?
- En la escuela primaria coincidimos un grupo de amigas que decidimos matricularnos en el instituto de otro pueblo con todo lo que suponía. Quizá de aquel esfuerzo compartido el que se forjara nuestra voluntad. Nos apoyábamos mutuamente. También los profesores nos animaron y orientaron. Cuando terminamos el instituto, juntas nos trasladamos a Málaga para estudiar distintas carreras universitarias. Ciertamente, se lo debo a mis amigas.
- Estos días que tanto se habla de bajar la nota de corte y aumentar los numerus clausus en las carreras sanitarias, ¿cómo fue en tu caso?
- Tramité solicitudes para medicina, enfermería y educación especial. Tuve mucha suerte, fue una sorpresa entrar en medicina. Y cuando el catedrático de anatomía (referente de la universidad malagueña) preguntó quien tenía menor nota, un chico se la adjudicó y fue señalado como el último aunque la mía era peor.
- Cuando terminas los estudios en la universidad, ¿acabó tu formación?, ¿eres médico? Explícanos el proceso.
- Tal como funciona el sistema en España, cuando terminas la facultad debes preparar una especialidad médica o quirúrgica a la que accedes después de aprobar un examen llamado MIR y obtener la nota precisa para la especialidad en cuestión. Luego, tras 4 ó 5 años de residencia serás especialista y podrás trabajar en la sanidad pública o privada. No obstante, dependerá de ti mantenerte al día asistiendo a cursos específicos relacionados con tu puesto de trabajo, congresos, reuniones científicas...
Medicina Familiar y Comunitaria
- ¿Qué aplicación y desarrollo tiene y debería tener la especialidad médica que alcanzas?
- Me especialicé en Medicina Familiar y Comunitaria. Somos los especialistas que ejercemos en atención primaria, el primer escalón del sistema sanitario cuando los pacientes consultan problemas de salud. Nos forman para atender al individuo como ser físico, psíquico y social, como alguien individual e integrante de la familia y sociedad a la que pertenece. Conocemos los recursos del sistema sanitario y acercamos la información, facilitando el acceso a quien lo necesita. Ahora bien, la práctica es totalmente distinta por lo que todos conocemos: masificación de las consultas... Pero, lejos de lo que la mayoría piensa, nuestros problemas de salud no se arreglan contratando más especialistas o adquiriendo mejores aparatos. Lo ideal, y es el futuro de la salud en la sociedad moderna, es invertir en educación y control de los conocidos factores de riesgo: tabaco, diabetes, hipertensión, dislipemia...ahí trabaja el médico especialista en medicina familiar y comunitaria.
- Durante varios años atiendes un cupo en el Centro de Salud San Bartolomé. ¿Cómo son los pacientes de Lanzarote? ¿Están bien asistidos?
- Enamorada de la medicina siempre quise ser médico rural y en San Bartolomé encontré la horma de mi zapato. Allí ejercí cómoda con la gente y compañeros de equipo de trabajo, disfrutando de la nobleza de mi profesión. Los pacientes son agradecidos y respetuosos, me sentía apreciada. Con respecto a la asistencia mi opinión está sesgada ya que formo parte del sistema, además en el ejercicio de mi carrera profesional sólo he estado en Lanzarote y, puntualmente, en Las Palmas de Gran Canaria; el funcionamiento en el resto de comunidades lo conozco por manifestaciones de otros colegas. Aún así, puedo decir que la atención y la calidad humana y científica que se dispensa en esta Isla son muy buenas. Siempre se puede mejorar, claro que si.
- Ganas una oposición que buscaba la estabilidad en el empleo y te aleja de tu casa y envía a Fuerteventura. ¿Cómo es eso?
- Cuando concursas para obtener una plaza fija los méritos establecen el orden de prelación, y éste determina el destino. Yo era de las últimas y Fuerteventura era la alternativa más cercana a la que podía acceder. Teniendo en cuenta lo que me une a nuestra Isla, solicito una comisión de servicio en el Hospital General que me conceden. Hoy estoy feliz y agradecida.
Comunidad Humana
- Tu ánimo altruista y actividad voluntaria viene desde cuando eras estudiante. ¿Acaso ejercitar la solidaridad engancha?
- Efectivamente, practicar la solidaridad provoca adicción; todas las personas que conozco con motivaciones similares repiten. A mi me hace bien y mejor persona, también aporta estabilidad a otros aspectos de mi vida. Cada día trato de practicar el voluntariado y, puntualmente, trabajo unos meses en cooperación. Así, he estado en Quito; hacíamos los programas de salud desplazándonos por las comunidades en un carromato de circo... Ahora acabo de volver del Tíbet, donde pasé dos meses y medio realizando exámenes de salud y otras actividades con la oenege Comunidad Humana. Muchas veces me doy cuenta que aún sin terminar un programa, ya estoy preparando el siguiente.
- Para colaborar en un proyecto internacional de auxilio al desarrollo, ¿hay que ser religioso o licenciado? ¿Qué es necesario?
- Igual que para otros aspectos de la vida cotidiana sólo se necesitan ganas y cierta predisposición. Hay muchas opciones relacionadas o no con tu profesión que se ofertan desde diferentes organismos a las que puedes acceder a colaborar voluntariamente, de manera remunerada o no; cerca o lejos de casa; días, meses o años...existen miles de proyectos. Si quieres, lo consigues. Yo volqué mi currículo en http://www.hacesfalta.org, un espacio en Internet de la Fundación Chandra para fomentar la participación y la interacción de oeneges, instituciones públicas, empresas y particulares, en proyectos de acción social. Ahí encuentras muchas ofertas y oportunidades; te avisan al correo; las oeneges contactan contigo...
- Por último. ¿Dónde está tu orla? ¿Cuál es el mundo que sueña Antonia Solano?
- No me sentí identificada con la mayoría de compañeros de promoción; mi orla son las fotos y buenos recuerdos que conservo del mini grupo que compartimos apuntes e ilusiones. En cuanto al mundo, sueño la utopía: un universo de paz donde todas las personas vivieran en libertad y fueran tratadas con dignidad y respeto. Un mundo que mantenga la esencia de la persona defendiendo valores básicos, sencillos y complejos como tolerancia, solidaridad, compartir, colaborar, ser feliz...acabar con el hambre, la guerra, las enfermedades. Y por supuesto, un respeto absoluto por los animales y el medio ambiente... si no, ¿qué Planeta estamos dejando a las generaciones futuras?
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