Engañemos las apariencias

 

Valdi García
[Lunes, 8 de octubre de 2007] [07.00]

 

 

Hay personas y promesas que caminan por las copas de los árboles (porque las he tratado) sin delegar por eso la responsabilidad a los Grandes Monos, es cierto. Y que un relato no es una muñeca de trapo, y que un dibujo se acerca hasta la respiración de la realidad asociado con el caprichoso pulso del buen tirador, al menos, es para tenerlo en cuenta a la hora de atragantarse de realidades.

También se desgarra la carne de un pulpo con una fija, mientras esa hembra, muriéndose, sigue echándole oxigeno a sus huevas sin distraer su muerte por una sabrosa estocada de sal, oliva y pimentón. Por otro lado, curiosamente no se faena una vaca con faroles y pases naturales, que por supuesto, harían una hamburguesa Victorino de 500 kilos de puta madre, contando las criadillas empanadas del torero.

Es que el vivir como unos HIPÓCRITAS mediocres nos hace medio HIPÓCRITAS, llorando y riendo mientras negociamos el maíz transgénico legalmente, e ilegalmente un bruto cogollo de marihuana o el hash con el que terapéuticamente se lavaría las patas mi agüela. ¡Hay cuestiones que se comen, las hay que se fuman, y a partirse el ojete!, dijo un Chamán.

¿A qué cambio nos invita la vida cuando seguimos el pitido insistente del árbitro de turno en tanto el gobierno de nuestras ambiciones apenas es representado por las hipotecas de la ilusión? ¿Qué me chupa los güevos, por no hablar de los cactus que me han pasado por el culo? Bueno, no será la ILÍADA, pero menos la ODISEA europea unida en el color de los billetes.

Quisiera no ser tan soez y ridículo cuando escribo, pero es que las palabras también se eligen entre ellas al momento de decirlas y hacerlas sonar, como desentender las críticas ajenas a su comprensión, como repetir lo que otros quieren sin saber lo que quieren aún sabiéndolo. Sin más, encontrarse con nuestras hipocresías en un vaso roto, en el rasguño de la camisa, en media ración internetizada de cochino con papas o en el teléfono que atendemos cuando no llama, es encontrar el AFTER SHAVE de la voluntad humana.

Así, también doblan como campanas de cristal las cosas que nos acompañan en secreto para no perder la continuidad, lo que vendar cuando las alternativas de ocio político se terminen con aquellos que venden hasta la nada, o a la cultura como su hermana puta en un catre de bajo consumo disfrazado de carnaval públicamente privado.

¿Te lo dije, desde que llegué aquí hace cinco años que trabajo de peón de obras y jardinero multicultural?

Y si no hay un día en que no piense que mi gurí o chinito tenga los kiwis peluditos, también pienso que sabrá usarlos para compartir cierta felicidad con los demás.

Sí, y lo digo cuando septiembre se acaba, y esa calima otoñal de tinta negra se acerca en pateras sin esperar la muerte tan anunciada.

-¿Y qué quieres decir con todo esto? -me preguntó un taxista mientras me cobraba alguito más por el viaje.

-No sé, pero seguro que me está sucediendo.

 

 

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