Las muecas del día

 

Valdi García
[Lunes, 17 de septiembre de 2007] [09.30]

 

 

 

 

 

Julio pasea en el mes de julio al Sr. Pérez y a sus dolores, guardando en la bolsa la cagada de su perro, y algunas expectativas de cambio. Rato P. me desaconseja temores y obsesiones a través de sus divertimentos.

Mike toma el té con el bocata, mientras espera que los ingleses vuelvan a comprar el tabaco más barato que en su país.

Suleiman barre rápido y Luigi riega las plantas entre comentarios, después de aclarar la piscina.

Los alemanes de siempre, soportan el trasvase de sus vidas a este lado del mundo. La Avenida de Las Playas ya no es lo que era y el alcalde es el mismo. “Vamos a ver”, dijo el gordo de La Once. Pasó la guagua a destiempo de la costumbre. El mar de Los Pocillos luce tranquilo con la complicidad del sol y las sombrillas naranjas y azules de la costa. Las chicas del mercadito Netto, cambian la sonrisa como las ventas. Limpio los vidrios de las ventanas y pienso en mis hijos y Celeste, cuando no todo lo que brilla es oro. Diana gana en su razón lo que yo pierdo cogiendo una moneda sin dejar de tener gracia. Suena "Alison" de Elvis Costello. Rafa escribe con o sin prisas en sus inquietudes. A Manolo se le secaron las parras, no la sequedad de su carácter y bionomía. Para Manu, sobra el trabajo y no alcanza el salvavidas. Marlen quedó viuda otra vez y nada con su nieto en la piscina del orgullo. El pibe mira a una gordita inglesa y se la piensa. Charly sigue solo como la casa de al lado. ¿Pagaré el alquiler de este mes, respirando en mis dibujos? Posible es que llegue Víctor para el quince a retomar el cine de esta vida. Conozco algunas "sirenitas" que desafinan con sus coros en mis sueños. Finalizó el debate del estado de la nación con un DEJA VÚ deslucido del folclore político. Leo sigue destazando medias reses en la carnicería y cantando tangos para si mismo. Puedo desconfiar de la complicidad y el uso de las cámaras del SPAR, esponsoreando un maldito pedazo de queso. Manrique muerto y su desilusión viva.

Con la inmigración, me suena en estos días un candombe de Zitarrosa: "...a la rueda rueda, a la rueda ronda. Los blancos mandinga, los negros catonga...".

En la Isla, los productos editoriales siguen tan improbables como los volcanes en su inactividad. Agustín se recupera y se pierde con su talón. No soy pesimista porque el optimismo nunca fue mi fuerte. Unas guiris me tocan el culo con sus miradas en el paso cebra. La alarma de mi reloj chilla y no me indica nada. Susanita "la legartija", aparece de vez en cuando en el patio del fondo por el sol y un trocito de lechuga. Darío va camino a Noruega y Ale, camino al INEM. La gota reumática me invita a cojear, como las relaciones amorosas que perviven del otro lado del mar.

- ¿Será de Dios...? -me dijo un yonki mirándome con los ojos como candelas y mi respuesta, tiene menos sentido que el turismo donde todo se incluye y se consume, como el dinero. Todavía se me cuelan por la puerta siempre abierta de la terraza los gritos y alegrías de los chinijos. No sé bien que estará cambiando en este mundo mientras los aviones entran y salen por Guacimeta. Me siento otro pasajero subyugado al aislamiento de la Isla, sin formar parte en la lista de espera del "victimismo".

La protagonista de la radio se lanza con: “¿qué pasa en Lanzarote?, una isla tan chica y con tantos problemas, ja, ja, ja...”.

Hoy me desperté con Dulce Pontes y una sonrisa, seguramente me acueste con Madeleine Peyroux, un cuento de Wernicke, y el simple hecho de haber nacido.

Me he equivocado tantas veces que aún tengo para elegir.

 

 

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