ATLANTES | La libertad y el conocimiento del artista

Víctor Sánchez: “Hoy en día ser artista es más rentable que hacer arte”

Víctor no sumaba un lustro en el haber de su existencia el día que se inició en la pintura para despuntar como alevín de artista. Así, apenas contaba 11 años de edad cuando realizó su primera obra de calidad. Después, los beneficios de una beca le abrieron las puertas de un internado en Cáceres. En 1995, con 17 años abandonó los estudios para encomendarse al arte.

Rafael Fuentes
[Lunes, 17 de septiembre de 2007] [07.00]

Víctor Sánchez nació en Cáceres el 22 de octubre de 1978, aunque sería en Torrecilla de los Ángeles, pueblo que cabalga entre la Sierra de Gata y las Hurdes, y que riega el río Tralgas, donde iba a crecer como el menor de un trío de hermanos en el seno de una familia humilde y de significadas inquietudes artísticas. E igual importancia que la piedra, el agua y sus gentes, elementos destacados del encanto de aquella población extremeña, adquiriría en el infante Víctor la posada y discoteca que regentaron sus abuelos y que más tarde heredaron sus padres.

Animado por la sensibilidad y comprensión de sus progenitores, Víctor crecería una infancia creativa fascinado por la libertad y el conocimiento. También, columpiando sueños infantiles en los bosques cercanos; jugando a inventar juegos y construir energías; planeando aventuras; viviendo la amistad,... En 1991, la oportunidad de una beca trasladó sus estudios y residencia hasta un internado en Cáceres, procurándole nuevas libertades en un universo de gente de su misma edad. Allí, durante cuatro años se aplicó en el aprendizaje de los conceptos vitales y otras disciplinas deportivas.

Con 17 años, huido de las enseñanzas regladas, Víctor Sánchez vuelve a Torrecilla de los Ángeles y, durante unos meses, deambula con sus dudas existenciales por aquel rizado mar de olivos. Es entonces que retoma la paleta y los pinceles, redescubriendo en la pintura su proyecto de vida y determinación de futuro.

En 1997, Víctor decide ampliar el horizonte de su vocación más allá de aquella comarca verde y fronteriza, trasladándose a Barcelona. Aquí estudia dibujo en la academia Tárrega y un curso de pintura en la escuela Massana, compartiendo piso y otros interculturales afectos y efectos con distintos aprendices de artistas. Después de experimentar la ciudad, y cuando surge la necesidad de acertar un nuevo lenguaje para su obra, viaja a Fuerteventura a la búsqueda del amor.

Pasado el efecto 2000, con 23 años Víctor Sánchez desanda sus pasos y regresa a la Sierra de Gata, donde habilita un taller y construye un jardín en la discoteca y terraza aneja del antiguo negocio familiar. Aumenta la calidad de sus trabajos y comienza a recibir encargos de algunas instituciones; dos obras de grandes dimensiones son adquiridas por el ayuntamiento de Torrecilla de los Ángeles y el museo etnográfico de la localidad de Hernán Pérez, respectivamente. En 2001, junto con Juan Chillida y Nori Ushijima entre otros, expone en la galería Arteko de San Sebastián. También colabora en la restauración de algunas imágenes de la capilla de su pueblo. Y, en el marco de un proyecto cultural de la Junta de Extremadura, realiza una exposición itinerante durante tres meses por distintas localidades de su comarca.

En 2004 participa en “Escenario móvil”, documental de Montxo Armendáriz que recorre la geografía humana, social y política de Extremadura y sus gentes, emitido por TVE. Luego regresa a Barcelona para continuar trabajando en varias obras adquiridas por distintos coleccionistas.

Hoy, instalado en una masía del siglo XII en el parque natural del Montseny, después de más de una década dedicado profesionalmente al arte, y de haber transitado varios estilos y distintas técnicas, Víctor Sánchez retrata la realidad sin metáforas ni iconos.

Denominación de Origen “Gata-Hurdes”

- ¿Qué manos cálidas acunaron tus sueños?

- Crecí en una familia de buen corazón y muchas inquietudes. El abuelo compró instrumentos y pagó lecciones en aquellas Hurdes de posguerra para que sus hijos tuvieran una educación musical. Mi padre y mi hermano son músicos, así que progresé en un ambiente artístico donde la música sonaba a todas horas. Sin embargo, mi impaciencia con los instrumentos me incapacitó para aprender a tocar. Mis padres son personas muy humildes y llenas de sensibilidad que han permitido que sigamos nuestras pasiones aunque muchas veces no las entendieran.

- ¿Cómo recuerdas tu infancia en Torrecilla de los Ángeles?

- Casi nada llegaba por allí. Mi vida se parecía mucho a “La guerra de los botones”, aquella película francesa de Yves Robert. Pasábamos todo el día en el monte como salvajes. El campo era el parque y los árboles nuestros columpios. También recuerdo una infancia repleta de energía y sueños, de amistad...llena de libros que mi madre compraba. Muchos dibujos. Me fascinaba Miguel Ángel, la historia, un volumen de Dalí, una Biblia con reproducciones de Rembrand y Tiziano...

- ¿Qué cuentas de la magia de aquella posada?

- Por casa pasaron todo tipo de personajes, desde ingenieros alemanes hasta militares, escritores y muchos locos de la vida que buscaban algo entre aquellas montañas. Yo congenié con muchos de ellos. Pasé varios días en una comuna hippie perdida en la Sierra, de tertulia en una cabaña con un pastor y unos intelectuales, o buscando ídolos prerromanos en algún arroyo, entonces no tenía 10 años.

Aprender la vida

- ¿Qué balance haces de tu paso por el internado de Cáceres?

- Allí experimento una libertad distinta al estar rodeado de tanta gente de mi edad y sin padres. En esos cuatro años aprendí muchos conceptos de la vida y surgieron dudas con respecto al futuro puesto que no me motivaba continuar una carrera universitaria. Solo quería expresar mis emociones pero no sabía cómo. Durante este tiempo practiqué escalada deportiva y realicé algunos viajes con amigos a lugares maravillosos donde escalar, El Chorro en Málaga, El Cerro del Hierro en Sevilla...esta disciplina me permitió descargar mi energía adolescente, pero pronto descubriría algo que me produjo más satisfacción.

- Cuando abandonas los estudios, ¿renunciaste al aprendizaje?

- Nunca renuncié al aprendizaje. En esa etapa estudié todo lo que caía en mis manos sobre arte y artistas; realicé un curso de conocimiento de mi comarca en el que aprendí ornitología, botánica y geología, entre otras materias; y practiqué distintos deportes relacionados con el campo. Y gracias al dinero que obtuve cursando un taller de carpintería durante un año, compré libros y materiales, y pude visitar los mejores museos españoles, acercándome a los grandes maestros. La biblioteca se convirtió en una extensión de mi casa y leía mucho y variado. Vendí mis primeras obras y comienzo a dedicarme profesionalmente al arte.

- ¿Cómo fue tu primera etapa en Barcelona? ¿Qué te enseñaron?

- Al llegar, aterricé en casa de unos tíos que gestionan “La Taverneta”, un restaurante bohemio por el que han pasado artistas muy conocidos, Miró, Rafael Alberti... enseguida me atrapó la magia de este lugar. Allí contacté con auténticos pintores que me enseñaron trucos para engañar al ojo y a la mente, pasaba las noches dibujando mientras un guitarrita entonaba “La Bohème”. En Barcelona me relacioné con todo tipo de personas y de todos los países; en un día podían sucederme más cosas que en el pueblo durante un año. Pasado el tiempo conocí al artista japonés Nori Ushijima, maestro y amigo, restaurador de obras de Rafael y Caravaggio. Él me enseñó los entresijos de los materiales pictóricos, antiguas recetas para imprimir telas y aglutinar pigmentos, y lo apliqué a mi obra. Estudié y absorbí de la ciudad, pero la vida allí comenzó a moverse demasiado rápido para mí; necesitaba un lenguaje y aquel no era mi terreno. Entonces viajé a Fuerteventura y a la isla de La Palma en busca de no sé qué, por eso me fui no sé dónde.

Estudiar el mundo

- En 2001 regresas de nuevo a Torrecilla de los Ángeles y habilitas un taller, ¿qué haces entonces?

- Volver al pueblo fue la clave, allí encontré lo que buscaba. Pasé algunos días y noches en los montes estudiando la naturaleza, cerca de los arroyos, y poco a poco nació un lenguaje para mi obra; los elementos naturales de mi infancia movían las emociones. Inspirado por las citas y frases de Leonardo da Vinci estudio matemáticas, física, astronomía, geología, antropología; consciente de que cualquier aprendizaje beneficiaba a mi pintura, me entrego totalmente al conocimiento.

- ¿Acaso tu vida es un ir y venir de la Sierra de Gata con escala en Barcelona?

- Sí, sin duda. Aunque ahora vivo en el campo y ya no necesito escapar de la ciudad, además mi pareja es catalana y estamos muy bien aquí.

- Aquí, ¿qué pinta Lanzarote?

- Mi relación con Lanzarote comenzó en 2005 cuando conozco al empresario y coleccionista Antón Piñel y me ofrece pasar una temporada en la Isla a cambio de una obra para Bungalows Nautilus, en el marco de un proyecto cultural y artístico que desarrolla este complejo alojativo galardonado ‘Hotel de la Biosfera'. Después, Antón me brinda su mecenazgo y comienza a adquirir mis obras que periódicamente envío hasta allí. A comienzos del próximo año, en enero de 2008, haré una exposición en la Sala de Arte Ermita de San Antonio, en Tías. Todavía me quedan muchas cosas por hacer en tierras conejeras y que deseo hace tiempo, aún no he dormido en un volcán... Lanzarote es como un místico, como San Francisco o San Pedro de Alcántara, el exterior es curtido, agreste y roído como sus hábitos, pero por dentro hay fuego.

Retratar lo cotidiano

- ¿Cuál fue tu primer contacto con la pintura?

- Mi hermano el mayor estudiaba música en el conservatorio de Cáceres y cuando venía al pueblo pintaba cuadros al óleo, de ahí viene mi primer contacto con la pintura, entonces no tenía cinco años. Más tarde comencé con el óleo y a los 11 años pinté mi primera obra de calidad, el retrato de una chica de la que estaba enamorado.

- Y ahora, ¿qué pintas?

- Este último año he estado trabajando una serie de rostros de las Hurdes, el centro de documentación de esta comarca me ayudó con abundante material, libros, fotografías... Después de más de una década en esta profesión he pasado por muchos estilos pictóricos, técnicas y conceptos de lo que creía era el arte, de lo que sentía haciendo aquellas obras. Según pasan los años mi obra se vuelve más real. Quiero expresar verdaderas emociones en los rostros, en los objetos y en los espacios, y que los demás lo comprendan fácilmente sin ser eruditos.

- De arte y emociones, ¿qué nos dices?

- Es en los cuadros inacabados de Leonardo o Rubens donde yace esa verdad emocional que le falta a la mayoría de obras que se exponen en las galerías y se fomenta desde muchas de ellas, de ellos debemos aprender los jóvenes si queremos hacer obras sublimes, pues esa es la meta de un artista, si no de qué pasar tantas horas de soledad y trabajo.

Desnudar al artista

- ¿Qué derroteros navega tu obra?

-Creo que hay tres etapas que definen mi trayectoria. Entre el 2000 y el 2002 estudié mucho a los ancestrales maestros de la pintura, experimentando con todo tipo de técnicas, óleo, temple de huevo, carbón, tinta... La temática mística me atrajo desde siempre, las lecturas de San Juan de la Cruz, Baudelaire, William Blake y Rimbaud entre otros muchos autores, inspiraron muchas de estas obras. Desde 2003 hasta 2006, trabajo con un nuevo lenguaje emocional y una serie de símbolos que me proporciona la naturaleza. El estudio de obras científicas y autores como Robert Graves, Chopra...influyen en mí. La búsqueda de algo metafísico en el arte y en la vida sería mi mayor premisa en esta época. Las de 2007 tratan de personajes de las Hurdes en su gran mayoría. He querido retratar la realidad sin metáforas ni símbolos, pues es de las personas con sus logros y miserias de lo que quiero hablar. Ahora busco en lo cotidiano que es donde encuentro una fuente inagotable de creatividad, en las caras de la gente y sus ademanes, una mirada puede expresar tanto que a veces me asombra.

- El mercado del arte, ¿expone buenas frutas?

- El mercado del arte está lleno de frutas inmaduras, para que un fruto esté maduro requiere un tiempo y unas condiciones, unos sacrificios y cuidados, una búsqueda incesante, pero sobre todo una entrega paciente. Hoy en día ser artista es más rentable que hacer arte, la estética y la puesta en escena cobra una importancia mucho mayor que la obra, y es una pena. También la gente quiere obras para decorar sus casas, y esos cuadros que te hacen pensar como que no. Realmente estamos en la era de estética.

- El artista, ¿nace o se hace?

- Bueno, decir que uno es autodidacta es un poco vanidoso, pues hasta un pintor muerto puede enseñarte algo a través de sus obras. Ser artista para mí implica sobre todo ser un buen ser humano para los demás y para ti mismo. La creación implica destrucción, la imaginación puede crear monstruos interiores a los que hay que saber afrontar. Los tópicos impuestos a los artistas cultivados por la literatura y el cine pueden ser muy perjudiciales, son muy románticos cuando comienzas, pero ver a la persona que hay detrás de esas estrellas es importantísimo, los humanizas y ves sus errores, y los tuyos con ellos. El artista debe ser un ejemplo de vida para los demás pues trabaja en lo que ama, y eso es un privilegio. Aprender la técnica es importante, pero aprender a que los halagos no afecten tu autocrítica es imprescindible. Manejar el ego es difícil, requiere tiempo y paciencia, igual que manejar el pincel, sin esto el talento no sirve de nada.

- Por último, ¿qué sueña Víctor Sánchez?

- La verdad es que prefiero trabajar para cumplir mis sueños antes que soñar. Así que confío en desarrollarme como artista y como ser humano en algún lugar tranquilo donde la experiencia que me aporte los años me permita hacer obras maestras y cuidar a los que me quieren y decirles lo mucho que los quiero.

 

redaccion@diariodelanzarote.com

 

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