ATLANTES | Condimento de la gastronomía militante

Carlo Barsotti, practicante del Slow Food: "Las lentejas y cebollas de Lanzarote son únicas en el mundo"

En 1982 conoce Lanzarote, el paisaje que para él es musa y energía. Y, desde entonces, Carlo Barsotti, actor, director y guionista de cine -traductor al sueco de Darío Fo- profesa lealtad a este Volcán que le conmueve. La causa y devoción que en 29 ocasiones lo ha devuelto a la Isla en los últimos 24 años.

Rafael Fuentes
[Lunes, 6 de agosto de 2007] [07.00]

Estos días de agosto hará 68 años que nació Carlo Barsotti, en Livorno, ciudad y provincia de la Toscana italiana. Hijo de un estratega comunista del Batallón Garibaldi, su padre luchó con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española y un día le hizo jurar que jamás visitaría España hasta que Franco muriera. Quizá por temor a que el apellido Barsotti figurase en los archivos de la represión franquista. Así, fiel a la promesa no lo hizo hasta el año 1981, que viajó a Marbella, coincidiendo con el fallido Golpe de Estado de 23 de febrero de 1981.

Representante en Estocolmo, ciudad en la que reside desde 1968, del Movimiento Slow Food o comida lenta; Barsotti milita en esta organización que promulga una concepción distinta de la gastronomía y la restitución de sus valores culturales y ecológicos. E igual que su amigo Carlo Petrini, fundador y presidente de Slow Food, cree que “la gastronomía pertenece al ámbito de las ciencias, la política y la cultura, y puede constituirse en una herramienta política de afirmación de las identidades culturales”.

La sincronía de la vida de Barsotti, actor, director y guionista, se mueve a ritmo de claqueta con manifiesta solvencia. Está cómodo frente a las cámaras. Es Danucci, y mafioso, en el thriller sueco “I lagens namn” (1986) o En nombre de la ley, que decimos por aquí. Igualmente, es Carlo en “Italiano para principiantes” (2001), aquella película danesa de Lone Scherfig... Su empleo y empeño de director y guionista en “Biljard utan de Paradis, Ett” (1991), también conocida como Un paraíso sin billares, sería reconocido con el premio de las audiencias del “Lübecker Nachrichten”, festival de cine de especial interés que desde 1956 se celebra en Lübeck, Alemania.

Discípulo y amigo de Darío Fo, dramaturgo italiano y genio universal de la farsa y del teatro político y social contemporáneo, Barsotti junto con su esposa Anna traduce al sueco la obra original del Premio Nobel de Literatura de 1997.

Las lentejas y cebollas de Lanzarote, únicas en el mundo, y otros productos, amistades, paisajes, aromas y lentitudes de ese sitio, de los que Carlo Barsotti habla con propiedad y conocimiento, alimentan el amor y llenan de razón sus gustos y sabores por esta Isla.

La estrategia del caracol

- De su conciencia militante, ¿tiene algo que declarar?

- Sí, soy comunista, y siempre lo fui. Crecí en una familia abonada de ideologías; mi abuelo fue un maravilloso e incorregible anarquista, y mi padre combatió en la Guerra Civil Española con las Brigadas Internacionales. También influyó el hecho de nacer en Livorno, una ciudad de izquierdas; un buen ejemplo del carácter ideológico de sus ciudadanos es la ‘curva norte livornesa' en el Stadio Armando Picchi, los días de partido todos los grupos de hinchas que apoyan al AS Livorno muestran símbolos comunistas y la imagen del Che.

- ¿Qué es Slow Food o comida lenta?

- Slow Food es un movimiento que tiene su origen en Bra, ciudad de la región del Piamonte italiano. En noviembre de 1981 nace la Libera e Benemerita Associazione Amici del Barolo, que reivindica el derecho fundamental al placer y que constituirá el núcleo de fundadores de la asociación Arci Gola; fundada el 27 de julio de 1986 en Bra, Serralunga d'Alba y Barolo, comarca italiana de Le Langhe, al calor del congreso de Barolo y Fontanafredda. En noviembre de 1988 en San Gimignano, Montalcino y Siena, se celebra el primer congreso nacional de Arci Gola. Un año más tarde, el 10 de diciembre de 1989, en la Opéra Comique de París, delegados de 15 países firman el manifiesto fundacional y se constituye el Movimiento Slow Food Internacional. Actualmente cuenta con 85.000 socios en más de 130 países.

- ¿Cuál es la filosofía del movimiento?

- Cada persona tiene el derecho fundamental al placer y por lo tanto la responsabilidad de proteger la herencia del alimento, de la tradición y de la cultura que hacen este placer posible. Mejorar la calidad de nuestros alimentos y dedicar tiempo para disfrutarlos es una manera sencilla de infundir alegría en nuestras vidas cotidianas. Ésta es la filosofía de Slow Food que trabaja con el objetivo de defender la biodiversidad en el abastecimiento de nuestros alimentos, difundir la educación del gusto y para conectar a los productores de alimentos de calidad con los co-productores (consumidores) a través de eventos y diferentes iniciativas.

Hombre de lava

- ¿Qué hace una persona como usted en este lugar?

- Lanzarote es una necesidad en mi vida y un volcán que me apasiona. Vine por primera vez en 1982 y desde entonces he vuelto en 29 ocasiones. Aquí salgo a pasear por la Isla y regreso lleno de energía, todo esto facilita y potencia mi producción creativa.

- ¿Qué opinión tiene de la Isla?

- A mi me atrapó la obra de Manrique. El volcán. Hice amigos. Las lentejas y cebollas son únicas en el mundo. La sal. Incluso el recuerdo de la carne de cochino que ponían hace años en el Bar El Cruce, en San Bartolomé, y que hoy es un sabor perdido que habría que recuperar... Lanzarote es una isla diferente, de calidad.

- ¿Alguna vez se sintió perdido en Lanzarote?

- No, nunca, más bien todo lo contrario; la Isla posee una geografía ideal y las dimensiones adecuadas para aportar ciertas dosis de aventura a tu estancia o vacaciones en la misma. No obstante, en septiembre de 1992, me encontraba pasando unos días en Lanzarote cuando ocurrió el luctuoso accidente que costó la vida a César Manrique; recuerdo que los Centros de Arte Cultura y Turismo permanecieron varios días cerrados en señal de duelo. Nadie les explicó nada a los turistas y éstos parecían deambular por la Isla bastante desconcertados y sin entender lo que sucedía.

- Los isleños, ¿se relacionan con el turista? ¿Lo explotan convenientemente?

- No, al menos de manera conveniente. Los isleños, generalmente, y exceptuando aquellos que se dedican profesionalmente, se muestran ajenos a la actividad turística. La Isla es visitada con frecuencia por escritores, arquitectos, pintores, etcétera; muchos artistas, profesionales y autoridades de la cultura de reconocido prestigio en Europa y otros países del mundo; suelo encontrarme con algunos cuando paseo en todas las ocasiones que he visitado este sitio. Habría que aprovechar la estancia de estas personas interesándonos, e interesándolas, en el intercambio cultural. Incluso desde el ámbito de la promoción turística es importante su contribución. En mi caso, por ejemplo, Lanzarote es la quinta palabra que digo en cada frase de mis respuestas a las entrevistas que concedo.

Isla Espiral

- Desde que nos visitó en 1982 hasta ahora, ¿qué impresión le causa el crecimiento de Lanzarote?

- En 1982, creía que La Graciosa era una isla de titularidad militar porque así me lo habían contado; yo la llamaba la Isla Azul por el color que pinta las carpinterías de sus casas. En Lanzarote, el paisaje cultivado se sucedía a lo largo del recorrido y los surcos de lentejas dibujaban magníficos trazos y figuras de verde frondoso sobre negros lienzos de rofe. Apenas había carreteras y ocho años más tarde me causó asombro comprobar que éstas llegaban hasta Papagayo... El devenir de estos últimos años me ha descubierto una isla sometida a un crecimiento salvaje y violento, favorecido por la anarquía capitalista.

- Desde su óptica de visitante del mundo, ¿cómo tendría que abordarse el crecimiento?

- Aquí se ha construido demasiado en un corto espacio de tiempo; y lo que es peor, se ha hecho con muy mal gusto y despreciando la arquitectura que insinúa y muestra la obra de Manrique. Entiendo que el crecimiento hay que abordarlo con ‘cultura y conciencia', siempre aparejadas, de lo contrario ni es válida la cultura ni falta hace la conciencia. La Isla necesita una planificación integral y de futuro, socialmente ambiciosa y con un riguroso y largo plazo de ejecución. Y ahí, los universitarios, los jóvenes que se han formado, tienen una responsabilidad enorme y mucho que decir. Lanzarote se puede salvar.

- Por último, ¿qué expectativas tiene una sociedad que ha renunciado a la actividad agraria e importa el 84% de los productos frescos que consume?

- La arquitectura campesina, y más concretamente la asociada al cultivo, es un claro exponente del carácter agrario de Lanzarote, también de la voluntad y determinación agrícola que tuvieron sus habitantes. De ahí que la agricultura sea una seña de identidad del lanzaroteño que hay que recuperar. Por otro lado, y más allá de las condiciones climatológicas y el paisaje, comer bien y sano es fundamental para la actividad turística. Nada de esto se puede poner en peligro. Lanzarote es una isla muy fértil, enormemente rica, y es necesario que lo entienda su gente. Sin embargo, habría que apostar por reorganizar la actividad; potenciar los cultivos; diversificar la producción; fomentar y apoyar las iniciativas de organización de los agricultores; incentivar la creación de redes de distribución propia... También impulsar y proteger la comercialización, creando mercados y otros espacios amables que faciliten la venta directa y el encuentro social entre productores y consumidores.

 

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