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Ocho días, siete islas, 72 artistas de 28 países, 115 obras plásticas y tres meses para disfrutarlas. Estas son las principales cifras de la I Bienal de Arte, Arquitectura y Paisaje de Canarias, que celebró entre el 24 de noviembre y el 1 de diciembre su semana inaugural, un recorrido frenético que supuso la presentación en sociedad de punta a punta del Archipiélago de una propuesta cultural regionalizada sin precedentes en las Islas.
Un evento tan inusual, que precisaba de una inauguración fuera de serie, como así fue, el viernes 24 en la Casa de los Coroneles, en el municipio de La Oliva (Fuerteventura), a cargo de los Reyes de España.
A partir de ahí, una sucesión interminable de traslados en avión, guagua y barco permitió, no sólo un paseo por el resultado de la imaginación y el talento de creadores de cuatro continentes, sino también por espacios y paisajes emblemáticos, y otro, más íntimo, por las conciencias, removidas a golpe de arte crítico, de los participantes en la expedición -organizadores, autoridades y periodistas regionales, peninsulares y extranjeros. La promotora de la iniciativa, con vocación de continuidad, es la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, con su responsable, Dulce Xerach Pérez, al frente de un equipo que ha estado liderado por Rosina Gómez-Baeza, como directora, Antonio Zaya, como comisario, y Ana Botella, como coordinadora general del evento.
Viaje interior
La sensación final, tras culminar el recorrido, es que la Bienal propone, ante todo, un viaje interior a la meditación sobre el rumbo que ha tomado el mundo y el papel de debemos jugar en él: dejarnos llevar o tomar las riendas, es el debate al que llaman casi todas las piezas.
Así, dentro de la variada temática que inspiró a los artistas a desarrollar sus obras -fotografías, vídeos, instalaciones, esculturas, performances...-, la inmigración irregular que accede a las costas canarias en patera o cayuco se repite en muchas de ellas, demostrando, al mismo tiempo, la preocupación social que genera y la conciencia de que ya forma parte del paisaje de Canarias.
Otras representaciones, algunas insólitas y sorprendentes, simbolizan una protesta por la propia locura que demuestra el orden de prioridades del mundo actual, centrado en el culto al cuerpo, el deterioro urbano y paisajístico, las desigualdades sociales a causa del origen, religión, sexo o raza, la ausencia de integración y cruce de culturas y civilizaciones o la manipulación materialista. Frente a esto, la variada oferta de los artistas participantes anima a la pausa, a centrarse con sensatez en discernir lo verdaderamente importante y disfrutarlo, a valorar lo que se tiene, a admirar y conservar la belleza del mundo, a recuperar la espiritualidad, a conocer lo diferente y a no pasar por el mundo ajeno a los sufrimientos. Los males y los bienes del mundo confrontados ante los ojos del espectador, que tiene en los próximos meses la posibilidad de plantearse su propia realidad a través de la experiencia de los que lo han hecho para esta Bienal. Y todo ello, sin salir de Canarias.
Distintas visiones de un drama
La sensibilización sobre el fenómeno migratorio procedente de África y la reflexión sobre el callejón sin salida que supone, están presentes en muchas de las propuestas que se dieron a conocer estos días y que estarán expuestas al público hasta el 10 de febrero. Entre ellas, destaca la intervención "...la mar negra" del vallisoletano Ángel Marcos en el Castillo de Guanapay, en el municipio lanzaroteño de Teguise, que bucea en las razones que impulsan a las personas a abandonar sus países en busca de una supuesta vida mejor, marcando el trayecto de acceso hasta el inmueble con 250 "señales", conformadas por retratos de senegaleses que preparan su viaje en cayuco o han llegado a Tenerife sujetas a palos de madera anclados al suelo. En el interior del edificio, tres piezas confrontan las realidades de ambos lados: la superabundancia frente a la escasez de recursos, a través de series fotográficas enfrentadas que representan individuos de vacaciones, por un lado, y emigrantes senegaleses, por otro. Y, finalmente, en la azotea de la fortaleza, 25 vallas publicitarias de productos comerciales de primera línea son expuestas a la mirada de inmigrantes en sendas pantallas también confrontadas. Todo un ejercicio que mueve a la reflexión sobre la validez del modelo de sociedad que deslumbra a quienes se juegan la vida por alcanzarlo.
También en Lanzarote, la artista griega Maria Papadimitrou -que no pudo acudir a la inauguración por precisar hospitalización en la Isla- mueve a la concienciación social a través de la redecoración del Castillo de San Gabriel, en Arrecife, para convertirlo en un hotel muy peculiar. El "The Plug Inn Hotel" está amueblado con objetos realizados con restos de cayucos: camas, estanterías, sofás, mesas y hasta el propio mostrador de "recepción" se han elaborado con trozos de estas embarcaciones, que sirven para denunciar las condiciones en las que viajan los inmigrantes desde África, permitiendo conocer la fragilidad de las barquillas.
La idea del deslumbramiento, quizás ficticio, que provoca la iniciativa de echarse al mar, se repite en dos de las propuestas que se exponen en Fuerteventura. En la Casa de los Coroneles el artista cubano Ángel Delgado, representa, mediante 400 jabones de lavar y 800 palos de madera, otras tantas embarcaciones con remos que se dirigen a un mismo punto de luz, el destino ansiado por los inmigrantes. Así, "Punto de fuga" constituye una "metáfora dura y directa del obligado trayecto emprendido por individuos que escapan de una realidad abrupta y se dirigen hacia un callejón sin salida", representado por esta luz cegadora situada en una esquina.
Atrapados por un espejismo
Esta misma situación social la materializa de otra forma el francés Kader Attia en la Playa del Cotillo, con su instalación "Holly Land 1". Consiste en la instalación de 91 fragmentos de espejo de gran tamaño y forma triangular ubicados sobre la arena con la idea de configurar un paisaje cegador para el que los contemple sobre el agua. El reflejo se convierte en un "radiante señuelo que, a medida que se acerca, se transforma en una realidad abrupta, dolorosa e incluso cortante".
En Tenerife, la denuncia ante las desigualdades del mundo que mueve a huías desesperadas se sintetiza en la obra del chileno Alfredo Jaar, "Escalera al cielo", que instala en el interior del Espacio Cultural El Tanque, en Santa Cruz, en recuerdo de los dos niños guineanos que murieron en 1994 congelados en el fuselaje de un avión donde pretendías llegar al corazón de Europa, Bruselas. La carta de estos niños que dejaron sus vidas en el cielo en un viaje sin retorno es leída en el transcurso de esta conmovedora instalación por otro pequeño africano que transmite mejor que nadie sus mismos sueños y la rebelión ante una realidad injusta. Llenas de una brillantez inusual para la edad de estos chicos, sus palabras dan de lleno en el origen de este drama y así, con claridad, espetan a los dirigentes europeos: "ustedes son los responsables de lo que nos pasa a nosotros en África". Mientras, el "cielo" de El Tanque, inicialmente negro, se va iluminando a medida que las palabras brotan, para volverse a apagar al final, cuando la última canción del músico africano Alí Farka, fallecido en marzo, llena el espacio, dejando al espectador inmerso en una atmósfera a la que es imposible ser insensible.
Un juego de palabras sirve al sudafricano Kennedy Geers para denunciar la diferente acogida que se dispensa a los individuos -turistas o inmigrantes- en función de su procedencia y condición económica, mediante un cartel de gran tamaño en el que se lee "No tour ists", de imposible traducción del inglés, que en realidad debe leerse como "No tourists" (no turistas). "Broken English" pone el dedo en la llaga de un desequilibrio que es especialmente extremo en el contexto canario, donde se celebra la llegada de millones de turistas al año y se achaca la mayor parte de los problemas a unas pocas decenas de miles de personas que sólo intentan buscar un futuro mejor, sólo porque vienen con las manos vacías o sin documentos oficiales.
Sahara Panels aborda igualmente las dificultades y riesgos que entraña el viaje emprendido por la población subsahariana hacia las costas canarias a través de una instalación a base de fotografías y textos preparada por la suiza Ursula Biemann, en la Casa de los Capitanes, en La Laguna.
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