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| Cabo Verde, un archipiélago apetitoso para los empresarios lanzaroteños. |
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Comenzaron en el sector primario o aprovecharon los tímidos tirones de la industria y la construcción, al calor del crecimiento económico de los años ochenta. Un puñado de empresarios lanzaroteños ha doblado los barrotes de la Isla colocando sus firmas en el exterior con más o menos fortuna. Con un turismo en fase madura y un territorio limitado otros emprendedores parecen animados a buscar negocio en otras orillas.
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Naysa,, adquirida en 1988 por el grupo empresarial García Bravo e hijos. |
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| Hotel Siete Islas (Madrid). |
De los primeros en aventurarse allende el horizonte fue Gregorio Armas (Agramar), aunque no guarda precisamente un buen recuerdo de la osadía. En 1984 monta una fábrica de conservas en suelo africano y en 1992 forma una sociedad mixta con capital marroquí para comprar tres barcos con los que faenar en el caladero canario-sahariano. La extinción del convenio con el reino alauita, junto a los "problemas de seguridad jurídica y desavenencias con los socios" dieron al traste con los negocios.
Mejor suerte parece haber corrido la familia Martinón, con intereses hoteleros en Latinoamérica desde hace décadas. También Juan Rosa Perdomo que en 1973 lleva Viguetas Lanzarote hasta Gran Canaria, donde también compra Terrazas Atlántico, dedicada a la fabricación de pavimentos, mármoles y granitos. En 1982 la empresa da el salto a Valdemoro (Madrid) donde instalan una fábrica de transformación de acero. En la actualidad son propietarios también del hotel Siete Islas, situado en pleno centro de la capital española.
Dominando el transporte en Canarias
El aislamiento del Archipiélago ha marcado los intereses de los empresarios lanzaroteños, que pronto vieron un filón en los medios de transporte. El pionero en este campo fue Antonio Armas Curbelo, que fundó la Naviera Armas en 1941 con barcos de casco de madera, veleros y motoveleros dedicados al tráfico salinero y de carga. En 1995 Naviera Armas se arriesga con el tráfico de pasajeros y en la actualidad la compañía dispone de seis buques de pasajeros y tres de carga. A parte de unir las islas entre sí mantiene rutas con Cabo Verde, Madeira y, próximamente, Tarfaya (Marruecos), en un intento de "propiciar el intercambio comercial directo con los países vecinos".
Los lazos comerciales con África sustentaron también la aparición por aire de Naysa (Navegación y Servicios Aéreos Canarios), adquirida en 1988 por el grupo empresarial García Bravo e hijos. Ese año se incorporan a la flota dos Beechcraft King Air 200 para vuelos de larga distancia con el continente africano. Hoy en día Naysa tiene un acuerdo con Binter Canarias para operar sus líneas de baja densidad dentro del Archipiélago y vuela con código propio a Isla Sal (Cabo Verde) o El Aaiún (Sáhara Occidental). Hombres de negocios, políticos locales e incluso los reyes de Mauritania y Guinea Conakry pasan por sus butacas a menudo.
Sobre ruedas, el dominio lo ejerce otra empresa conejera: Cabrera Medina (Cicar). Lo que en 1989 surgió como una casa de coches de alquiler, hoy es también una de las mayores distribuidoras oficiales de vehículos del Archipiélago, Orvecame. Mientras Cicar cuenta con 25 oficinas y una flota de 6.000 vehículos en las siete islas, Orvecame vende en exclusiva coches de las marcas Opel, Volvo, Chevrolet, Land Rover y Saab.
Nuevos horizontes
Pero en un mercado saturado como el canario, el dinero encuentra cada vez más dificultades para repetir estos éxitos fulgurantes. Por eso, algunos emprendedores sondean economías más 'vírgenes'. De nuevo, los territorios cercanos se convierten en la manzana más jugosa. Una importante empresa ferretera de Lanzarote se ha instalado en Cabo Verde, así como una cristalería. Incluso un empresario tinajero explota las hamacas de la playa de Santa María. También hay importantes intereses lanzaroteños en Agadir (Marruecos).
Un poco más lejos se han ido empresas de distribución de productos, que estudian implantarse en Europa del Este por "el bajo coste de la mano de obra". China también está en la agenda de los emprendedores locales que pretenden realizar comercio triangular importando productos baratos del país oriental para venderlos después en países cercanos.
Riesgos y oportunidades
No obstante, trabajar en el exterior conlleva una serie de riesgos que muchas veces intimidan al inversor lanzaroteño, malacostumbrado a contar con la mina de oro en casa. Algunos países con poca libertad financiera ponen reticencias a la hora de sacar los beneficios fuera de sus fronteras. Otros estados en vía de desarrollo carecen de infraestructuras, garantías jurídicas y servicios públicos, lo que dificulta cualquier actividad económica.
En un futuro cercano surge la oportunidad de ampliar miras con la creación de la Cámara Afroamericana, que contará con ayudas de la Unión Europea y el Banco Mundial por valor de ochenta mil millones de dólares para intentar atraer capital a la zona. Además, la inminente puesta en marcha de la Cámara de Comercio de Lanzarote ofrecerá asesoramiento para aquellos valientes que se atrevan a dar el paso.