Antonio Perera, párroco de San Ginés

“Cristo no se impone, sólo presenta un proyecto de vida que no se debe fanatizar”

 
 
 
 
 

La Semana Santa es una buena excusa para conocer cómo piensa la máxima autoridad de la Iglesia Católica en Lanzarote y párroco de San Ginés, Antonio Perera. Desde hace un año y medio este grancanario, de Artenara para más señas, se encarga de trasmitir el mensaje del cristianismo en una época de vacas flacas. Lejos de ceder en el divorcio con la juventud, la Iglesia se reafirma en sus principios sobre la sexualidad, porque “no se puede ir al son del viento que sople”.

Armiche Díaz
[Jueves, 13 de abril de 2006]
[08.00]

—Según un estudio de la Fundación Santa María hace sólo diez años 77 de cada 100 jóvenes canarios se consideraban católicos. Hoy, sólo lo hacen 10 de cada 100. ¿La Iglesia no ha sabido adaptarse a los tiempos o la sociedad ha caminado hacia el lugar equivocado?

—También la Iglesia tendrá que revisarse y ver cómo está presentando el proyecto de Jesús. Pero me parece que hay todo un ambiente de secularización en la sociedad, la política y la familia. Tenemos los jóvenes que han hecho los padres y la escuela. Quizás nosotros tampoco hemos sabido llegar bien a ellos, aunque se está trabajando y ya hay un gran grupo de jóvenes que tira por la fe cristiana. No por obligación, sino porque van descubriendo el valor inmenso del mensaje de Jesús.

—Los obispos pretenden reforzar su discurso con respecto a las prácticas homosexuales, el papel de la mujer en la Iglesia o la investigación científica, ¿ve lógica esta postura?

—La Iglesia actúa en pro del ser humano y hay unos principios que no puede abandonar. No podemos ir al son del viento que sople porque lo quieran ciertos grupos. La Iglesia se fundamenta en la felicidad de todos. Por ejemplo, en el caso del aborto decimos que se trata de otra vida, que no pertenece a nadie, y que como seres humanos tenemos que defenderla. En el caso de la sexualidad es un don precioso que Dios nos ha dado, pero no para el mero placer. Es para compartir una vida, para procrear, para que haya una estabilidad en la pareja. Otros piensan que estos principios parecen carcas y que no están con los tiempos. Pero no están optando por el hombre, sino por conveniencia electoral o intereses personales.

—¿Pueden convivir en un mismo territorio diversas religiones, como aquí en Lanzarote, sin que acaben los unos queriendo imponer sus valores a los otros?

—Eso puede ocurrir. Hoy por hoy no nos estorbamos. Pero puede que ocurra. Me gustaría por lo menos que los cristianos no se impusieran. Cristo no se impone, Cristo se manifiesta y presenta un proyecto de vida. Me gustaría que no se fanatice, que se viva con la fuerza que cada cual crea.

—Semana Santa se ha convertido más en un puente vacacional que en una celebración religiosa ¿Confía en que la gente acuda a las iglesias?

—La Semana Santa se sigue celebrando dignamente con el grupo de personas que libremente quiere, quizás no es mayoritario pero sí numeroso. Como hay una libertad de culto religioso, asiste la persona que se siente llamada y comprometida con la fe.

—¿Con qué objetivos se reúnen ustedes en esta fecha?

—Se siguen manteniendo tres principios. Uno es contemplar ese gran misterio que Dios realiza en la persona del hijo entregándose por toda la humanidad de una forma cercana. Después está la actitud de agradecimiento del ser humano, que ante esa contemplación se siente vinculado. Como consecuencia de eso viene la ratificación en el proyecto de vida que nos presenta Jesucristo, que consiste en tratar de hacer por los demás algo semejante a lo que él hizo por nosotros.

—Cuando hace dos mil años que se habla de una persona se corre el riesgo de tergiversar su mensaje ¿Cree que la Iglesia ha respetado en esencia lo que quería su precursor?

—El cometido de la Iglesia es guardar fielmente el depósito de Jesús guste o no guste. La Iglesia no puede actuar según gustos. El magisterio de la Iglesia es el encargado de que esa doctrina no se malogre ni se maltrate, pero no la puede imponer. Si alguien no acata los preceptos de la Iglesia no puede considerarse miembro. Hay unas normas. Quien no las cumple se autoexcluye, aunque luego padre Dios siempre está dispuesto a acogernos.

—Aún hoy sorprende ver cómo muchas personas dedican su vida a hacer más llevadera la de los demás ¿Se podría dar este sentimiento sin la creencia en Dios?

—Indudablemente sí. El ser humano tiene recursos por su condición para entregarse filantrópicamente a causas justas y nobles. Existen un montón de ONG's altruistas que no son religiosas. La dimensión cristiana añade el sentimiento de hermandad, sentir el problema como propio y amar al prójimo.

 

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Las entrevistas de DiariodeLanzarote.com

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