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Sólo es una voz con nombre propio entre el conjunto de voces anónimas que también en Fuerteventura ha gritado eso de "Ni una cama más". El reconocido timplista majorero Domingo Rodríguez "El Colorao" ha hecho sonar sus cuerdas para la causa "Salvar El Cotillo". El músico se alegra de que la Justicia haya al menos retrasado las obras y critica a la clase política por haber motivado un desarrollo incontrolado.
—¿Qué significa El Cotillo para los majoreros?
—El Cotillo es un sitio emblemático de Fuerteventura, que vendría a compararse con Papagayo en Lanzarote. Es una zona, que al igual que Cofete, la consideramos de todos los majoreros. Desde chiquitito estoy yendo al Cotillo con mi familia y el caldero de arroz para disfrutar de un lugar paradisíaco que no ha sido destrozado. El Cotillo es una de las pocas playas vírgenes que nos quedan libres de cemento. Queremos evitar que se convierta en un Fariones o Playa Blanca, en el caso de Lanzarote.
—¿Qué perjuicios conlleva, en su opinión, que se levanten en la zona los hoteles previstos?
—En caso de hacer las urbanizaciones en el sitio planteado está demostrado que las playas desaparecerían a no muy largo plazo porque se cortaría el paso de la arena, que es lo que ocurre en Costa Calma, que ha retrocedido 40 metros después de que se hizo la construcción. También, las dunas de Corralejo han perdido más del 40% de su volumen por culpa de las urbanizaciones que se han construido. Lo mismo ocurre en Jandía y Caleta de Fuste. Además, hay unas 10 especies catalogadas por la Unión Europea como en peligro de extinción en El Cotillo. Todo indica que esas obras no deberían hacerse, pero los intereses económicos son muy grandes. Estamos luchando contra un gigante. Al menos hemos ganado la primera batalla con la paralización cautelar de las obras.
—Pero, ¿usted ha notado una concienciación de toda la población o es esta sólo la lucha de unos cuantos?
—Hay una gran concienciación no sólo de los que somos majoreros de nacimiento, sino de la gente que vive aquí y quiere que sus hijos crezcan en este medio. Hasta los políticos serios se dan cuenta de que el desarrollo y el crecimiento poblacional aparejado es demasiado. El 30% de la población es residente y el resto foránea. Así un pueblo no puede crecer con identidad. El Cotillo, por ejemplo, es una comunidad de apenas 600 habitantes y quieren hacer 6.000 camas hoteleras. A pesar de la concienciación hemos detectado una desidia a la hora de luchar. Se han hecho muchas manifestaciones, pero el dinero y el poder siempre ganan. La alianza entre el político y el empresario siempre funciona porque les va la vida en ello. Por lo menos debemos enseñarles a nuestros hijos el derecho a habitar un Mundo mejor.
—Quien quiera colaborar con esta causa y comprarse el disco-libro "Salvar El Cotillo", ¿qué obtendrá a cambio de todos estos artistas que han participado?
—Sacamos pocos ejemplares porque teníamos poco dinero. Pero sí queríamos dejar constancia de un movimiento social importante. Uno de los eventos organizados para concienciar a la gente fue un macroconcierto de 24 horas donde participaron más de una veintena de grupos de forma altruista. Grandes plumas como las de Saramago y Elsa López escribieron sobre El Cotillo. Muchos pintores prestaron también sus pinceles a la causa. Para comprarlo se puede contactar con Ben Magec o con la plataforma "Salvar El Cotillo".
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