El testimonio de un canario

España y Canarias ponen sus ojos en los cayucos de Mauritania

Mauritania está en estos momentos en el ojo del huracán por la incesante llegada de cayucos con inmigrantes a Canarias. Un geógrafo canario estuvo el pasado diciembre en el puerto de Nouadhibou, donde fue testigo del negocio surgido en un país marcado por la pobreza. Su conclusión es que, a corto plazo, la situación no es controlable.

ACN
[Lunes, 13 de marzo de 2006] [06.00]

"En diciembre nos decían que esto iba a ir a más, mucho más". Quien pronuncia estas palabras es Alejandro de Fez, un grancanario licenciado en geografía y técnico agrícola, especializado en agroecología, que el pasado mes de diciembre pasó tres semanas en Mauritania colaborando con una ONG. De Fez estuvo en el puerto de pescadores de Nouadhibou, el que aseguran es el centro de la salida de los cayucos hacia las Islas. En el pequeño puerto pesquero, asegura, se tenía clara conciencia de que la presencia de tantos subsaharianos y el boyante negocio de la venta de embarcaciones para tratar de alcanzar 'el sueño europeo' no había hecho nada más que empezar.

Ya a finales del pasado año empezó a verse con meridiana claridad que el fenómeno de la patera estaba cambiando. Los cayucos, embarcaciones más estrechas y fuertes que una patera, las que usan los pescadores locales de Mauritania, estaban llegando a las islas de Gran Canaria y Tenerife, incluso en algunos casos a El Hierro, La Gomera o La Palma.

Desde Canarias, la lectura que se estaba extrayendo era que algo estaba pasando en Mauritania, ya que después del refuerzo de la vigilancia en las costas marroquíes y del Sáhara Occidental, el flujo de la inmigración se desviaba hacia el sur. El precio: el incremento del riesgo y de las muertes en el mar, puesto que los inmigrantes pasaban de las menos de 24 horas que suponía un trayecto entre Tarfaya y Fuerteventura a los más de cuatro días que puede conllevar un trayecto Nouadhibou-Tenerife.

Dramático balance

El balance ya lo ofreció la pasada semana el coordinador de la Media Luna Roja en este deprimido país africano: los cálculos de esta organización pasan por que en seis meses puedan haber muerto entre 1.000 y 1.200 personas. "O llegan o mueren", decía, en una clara alusión a que la desesperación es tal que no hay vuelta atrás. Pese al riesgo que supone, pese a saber que hay tantas muertes, se aprietan dentro del cayuco, ponen sus enseres dentro una bolsa de plástico para que no se mojen... y a rezar, para que el mar esté plano y para que el cayuco resista los embates del mar y el motor aguante o no se quede sin gasolina a media travesía.

Los últimos cálculos aparecidos en los medios de comunicación apuntan a que hay cerca de 12.000 subsaharianos en las costas mauritanas esperando a conseguir plaza en una patera. El país africano está ante un fenómeno nuevo, que no puede combatir solo. El Gobierno central ya tiene previsto un viaje oficial a Mauritania la próxima semana, que contará incluso con la presencia de algún representante del Gobierno de Canarias. La solución, advierten todos, no se producirá a corto plazo, dado que Mauritania carece de recursos para frenar en seco el flujo y controlar la salida de embarcaciones.

La ruta

Los subsaharianos llegados a Mauritania van a Nouadhibou, se juntan en grupos de 50 o 60 personas, reúnen dinero y buscan la manera de hacerse con un cayuco y un motor. Posteriormente, lo enfibran y hasta en ocasiones lo pintan de gris para que se confunda con el horizonte. Los pescadores mauritanos de ese puerto, explica De Fez, "han encontrado un negocio redondo".

O venden alguno de sus cayucos a un grupo de subsaharianos o ellos mismos se encargan de llevarles hacia el norte, siguiendo la costa pero a una distancia considerable para evitar problemas y ser vistos, hasta que éstos lleguen a la zona del Sáhara donde se sabe (lo mencionó el delegado del Gobierno, José Segura) que en una playa de "un siniestro personaje" pueden repostar e incluso cambiar de embarcación para emprender ya el largo y peligroso viaje hacia Canarias.

"Lo que nos contó un pescador allí es que con un solo viaje de subsaharianos, pueden ganar lo que se sacarían pescando en unos dos años". La necesidad y la ilegalidad, como en todo, incrementan los precios.

Testimonio

En la carretera que une Nouakchott y Nouadhibou, detalla De Fez, "era fácil ver a grupos de inmigrantes", y es cuando uno se da cuenta "de que no les ponen muchas dificultades para pasar controles cuando les paran". Por lo que pudo presenciar este geógrafo canario, "los tienen allí en un control, esperando en grupos de diez", y al cabo de un rato "ya vuelven a caminar tranquilos por la carretera".

Mauritania es un país extremadamente pobre, con tres millones de habitantes pero con una superficie que dobla la de España. Tiene dos ciudades importantes: Nouakchott, su capital, con medio millón de habitantes, y Nouadhibou, con cerca de 150.000. El país lleva muchos años sumido en la inestabilidad política. Desde finales de la década de los setenta ha sufrido multitud de golpes de estado, con situaciones políticas que no han favorecido el desarrollo económico del país.

En opinión de este geógrafo, "el coladero de todo está en el Sáhara". De Fez, mapa en mano, explica que no es posible ir directo a Canarias desde Mauritania en esos cayucos, ya sea por la necesaria gasolina como por la brutal distancia marítima que separa las Islas de Nouadhibou. En opinión de De Fez, la situación de los cayucos "tiene toda la pinta de que no se podrá controlar a corto plazo", con lo que Canarias deberá convivir con ella mientras aumenta el nivel de ayudas y coopera con las autoridades mauritanas, proporcionándoles medios.

 

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