
Lorenzo Olarte Cullen presidió el Gobierno de Canarias entre 1988 y 1991. Un político "resistente" que se topó con la ira de José Carlos Mauricio, como bien describe José A. Alemán en su artículo "Principio y fin de la travesía en el desierto". A las puertas de lo que podría ser su regreso al ruedo político en una nueva coalición "que aúne a las fuerzas de las formaciones de centro", Olarte habla de Lanzarote echando en falta un líder carismático que transmita serenidad a las instituciones.
—En las islas no capitalinas nos quejamos de que ustedes se preocupan mucho del pleito insular entre Gran Canaria y Tenerife y poco de nosotros ¿Cómo ve usted esto?
—Hay que defender por igual a todas las islas, y eso es posible a través del artículo quinto del Estatuto de Autonomía. Cada una de las islas debe tener la defensa correspondiente en el Parlamento, también se debe reflejar en el nuevo texto. En su tiempo se defendió mucho a Gran Canaria y a Tenerife. Se centró demasiado la atención hasta que se hizo el Estatuto vigente, donde se recogió la singularidad de las islas menores. En los últimos tiempos hemos tenido una regresión, fruto de la política nacional chicharrerista de ATI, que es la que domina Coalición Canaria.
—Usted que es conocedor de la realidad política del Archipiélago ¿Qué consejo podría dar para lograr la paz política definitiva en Lanzarote?
—En Lanzarote tendrían que impartir un cursillo de serenidad política, de lealtad y de antitransfuguismo. El gran problema de Lanzarote es que yo no veo allí un líder carismático que pueda llevar esa serenidad y dar esas clases permanentes de lealtad. Sin perjuicio del liderazgo indiscutible que tiene Dimas Martín. Pero, que en los últimos tiempos ha sido muy deteriorado como consecuencias de que le han disparado desde muchos sectores.
—Hay quien habla de establecer un frente común entre Partido Popular y Partido Socialista para romper la hegemonía tradicional de Coalición Canaria ¿Qué opinión le merece esta posibilidad?
—No hay que hacer un frente españolista para desbancar al nacionalismo canario porque se vería como una agresión. Además, Coalición Canaria va de mal en peor y no requiere de ese tipo de esfuerzos para hundirla. De todas formas, sería muy difícil la cohabitacion del PSOE y el PP. Yo no los veo durmiendo la siesta en la misma cama. Da pie a que esa idea se vaya consolidando el hecho de que se han unido para votar por primera vez, en el asunto de la reforma de la Ley Electoral. Eso no hay quien lo entienda. Lo mal que va el Estatuto es porque ha sido mal concebido. Adán Martín quiso pasar a la historia, pero se ha equivocado. Estaba tan deseoso de apuntarse el tanto de la reforma que no la consensuó. El resultado ha sido que un PP enfadado porque lo han desahuciado del poder político canario ha sido capaz de aliarse con el PSOE. Pero no creo que exista un acuerdo para acabar juntos con el Gobierno, porque CC no necesita de manos ajenas para hundirse.
—También ha sido usted especialmente crítico con los dirigentes del Partido Popular ¿Cree que están perdiendo los papeles por estar en la oposición?
—El Partido Popular se ha quedado sin socios porque está airado y siempre habla de la unidad de España y lo que está haciendo es separarla. Yo digo que si los dirigentes actuales del PP hubieran estado gobernando en España cuando la transición, no hubiera habido transición. Entonces, Carrillo se pudo sentar junto a Fraga porque se respetaban y había una moderación en el diálogo. Sin embargo, ahora cuando el jefe de la oposición llama 'bobo' al presidente del Gobierno, que es el presidente de todos, demuestra su incapacidad para dialogar.
—El panorama político se ha complicado mucho con la fragmentación y la división de los nacionalistas ¿Cómo se puede arreglar esto?
—La fragmentación del nacionalismo canario a quien perjudica es a los nacionalistas. Es una pena. Pero se debe a que en el nacionalismo se han introducido elementos espurios que eran nacionalistas por conveniencia. Y, sin embargo, unos por su procedencia de fuerzas que nunca fueron nacionalistas y otros porque les convenía, han jugado con valores que para nosotros eran sagrados. Ahora hay que recomponer el nacionalismo, cosa que no se hace en tres días. Lo más importante es aglutinar al centrismo.
—¿El poder produce adicción?
—El poder es goloso para todos. Yo he sido goloso para obtener el poder. Pero he sido noblemente goloso porque el atractivo del poder es encontrarte con una varita mágica que, bien utilizada, puede hacer muchas cosas. Yo con esa varita mágica puede crear la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, lograr la entrada en la Unión Europea y homologar los sueldos de los maestros públicos. Luego, es lógico que haya ansias por conseguir esa varita mágica y hacer cosas positivas para la tierra de uno.
—¿Se ve presentando en las próximas elecciones a algún cargo?
—Yo tengo un compromiso muy muy serio con mi mujer y mis hijos de que yo no volveré a estar en ningún cargo público porque supone un gran sacrificio y abandonarlos. Yo tengo mi estrategia, pero no la pienso decir porque perdería la guerra. Yo creo que el Centro Canario Nacionalista debe tener la humildad suficiente para renunciar a ese liderazgo exclusivo y compartir el liderazgo con otras fuerzas políticas de centro. Sería cuestión de buscar un nuevo nombre para una nueva coalición.
—¿Le gustaría ser candidato al Cabildo de Gran Canaria?
—Sí. Lo que no digo es mi estrategia porque no podría engañar a mi mujer.
—¿Tiene alguna espina política clavada?
—No. Y puñaladas tampoco porque ya no me cabe una más
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