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El décimo congreso insular de la Unión General de Trabajadores (UGT) ha servido para que los afiliados revaliden de forma unánime la confianza en Orlando Suárez, quien ha llevado las riendas del sindicato durante ocho años y al que le quedan, al menos otros cuatro, para afrontar los retos que quedan pendientes. En esta entrevista, Suárez pone el dedo en la llaga para denunciar las contradicciones de una isla de economía boyante, pero de empleo precario. Para colmo, la regresión de las políticas sociales amenaza con enterrar muchas de las mejoras conseguidas por los trabajadores.
—¿Cuáles son los retos que quedan por hacer en los próximos cuatro años?
—Queda una tarea ingente. Los sindicatos hemos intentando contener políticas regresivas, pero seguimos quejándonos de que no se apuesta por un empleo estable. Sigue habiendo una injustificada precariedad laboral y fraude en la contratación, que tienen repercusiones negativas en los trabajadores y en la sociedad en su conjunto. Este modelo perverso incide en la calidad del sector turístico e, incluso, en los índices de siniestralidad laboral. Hay que hacer también un llamamiento a los trabajadores para que se afilien a los respectivos sindicatos y no se individualicen las relaciones laborales, que es lo que pretenden muchos empresarios.
—A petición de los sindicatos, el Consejo de la Reserva de la Biosfera en su última sesión aprobó elaborar un informe sobre la precariedad laboral en el sector turístico ¿Considera usted que el desarrollo económico de la Isla no ha servido para mejorar la calidad de vida de sus habitantes?
—Es cierto que tenemos mejores índices de empleo que otras zonas, pero no es de calidad. En algunos estudios encargados por las patronales ya aparecen realidades denunciadas desde hace años por los sindicatos. Por ejemplo, es imprescindible que se apueste por la profesionalidad en el sector turístico y que se fidelice al propio trabajador en las empresas con un reconocimiento que hasta ahora no tiene. En esos ámbitos planteamos la posibilidad de llevar al Consejo de la Biosfera una propuesta que yo creo que va a incidir en que todos tomemos consciencia de la necesidad de transformar esta realidad, que es que existe un desigual e injusto reparto de la riqueza en Lanzarote.
—Por lo general, ¿tienen miedo los trabajadores a denunciar la explotación laboral?
—Depende del sector. Los colectivos de inmigrantes que saben que están siendo sobre explotados tienen miedo a denunciar, por ejemplo. Otros grupos que están en una situación precaria reciben amenazas para que cedan en las condiciones pactadas en los convenios colectivos, a cambio de renovar sus contratos. Esto es la pescadilla que se muerde la cola, si los trabajadores no dan pasos adelante en la defensa de sus intereses, peor les va a ir a ellos y al conjunto.
—La historiadora Raquel Pérez ha dicho en Lanzarote que los sindicatos han dejado de ser combativos y se han convertido en empresas, que contratan a trabajadores para que atiendan consultas. ¿Cree usted que los sindicatos han dejado de plantearse el cambio social?
—Yo creo que no. Cuando estábamos iniciando el proceso de la transición democrática los sindicatos teníamos que reivindicar cuestiones laborales y, además, la consecución de la libertad en nuestro país. UGT estuvo cuarenta años sin poder funcionar. Se tuvo que ser combativo no sólo por cuestiones específicamente laborales, sino para que se permitiera nuestro desarrollo. Es cierto que fue hermoso vivir ese primer momento, pero a medida que se han ido desenvolviendo las libertades, los planteamientos de defensa de los trabajadores han sido diferentes. Quizás no es cuestión de apuntarse permanentemente a estar en la calle. Pablo Iglesias decía que 'Huelgas pocas pero todas ganadas'. Es cierto que hay poca afiliación, si lo sindicatos no son potentes no conseguiremos remover situaciones que son injustas y la gente se tiene que concienciar. De todas formas, el modelo por el que se optó en el desarrollo de relaciones laborales después de la transición no es el que hubiéramos querido. El modelo sindical se basa en unas elecciones generales cada cuatro años y nosotros hubiéramos preferido una implicación constante del trabajador. Por otro lado, se han alcanzado muchos logros gracias a los sindicatos, pero no se tienen en cuenta. Por ejemplo, el incremento de las pensiones, la subida del salario mínimo interprofesional y que no se pierda el poder adquisitivo. Y de eso se beneficia todo el mundo sean o no afiliados.
—¿Cómo van las relaciones con Comisiones Obreras? ¿Compiten entre ustedes?
—En todo caso, la competencia es sana. Lanzarote es de los lugares de la geografía canaria donde primero comenzamos a practicar la unidad de acción. Tenemos buenas relaciones, independientemente de la rivalidad que tengamos en comités de empresa concretos. No sería bueno tener un sistema monolítico, debe existir la libertad sindical. Habría que seguir avanzando en este tipo de colaboración entre las organizaciones sindicales, pero siempre con respeto a la idiosincrasia de cada una.
—La sucesión de huelgas en Lanzarote ha creado un cierto clima de desacuerdo con las reivindicaciones laborales ¿son siempre imprescindibles estos paros para lograr mejoras?
—Lo que se puede arreglar hablando no se debe arreglar de otra manera. Pero si se va limitando la salida a los problemas o se mantienen situaciones injustas, el trabajador debe ir a la huelga. Nosotros hemos sido respetuosos con las movilizaciones aunque no las hayamos convocados. Los trabajadores no deben renunciar a sus derechos y a reivindicarlos como tengan que hacerlo.
—¿Ha sido beneficioso el proceso de regularización de inmigrantes?
—El último proceso de regularización de inmigrantes, en la medida que ha estado vinculado al mundo de trabajo, ha sido positivo. Han aflorado situaciones que se habrían mantenido en la economía sumergida. Hay empresarios que deseaban normalizar la situación porque necesitaban personal y querían cumplir la ley. Pero también hay desaprensivos que se aprovechan para abusar. Yo defiendo la máxima de 'a igual trabajo igual salario' independientemente del origen del trabajador en cuestión. Si se permiten situaciones de abuso acabará incidiendo en los que tienen un puesto estable. Si se tiende a la baja en las condiciones laborales, el resto de empresarios que cumplen con la ley no pueden competir. Los sindicatos hacemos propuestas no sólo para beneficiar a los asalariados sino que son positivas para toda la sociedad. Pero tenemos menos eco del que quisiéramos.
—¿El conflicto de los trabajadores del Conservatorio Insular de Música se encuentra en un callejón sin salida?
—Hemos sido respetuosos con la inestabilidad en los distintos grupos de gobierno del Cabildo, que ha supuesto que se escuden unos a otros para no cumplir los compromisos contraídos. Se ha exigido una cualificación para poder desarrollar una labor docente y después, los niveles retributivos no son los de la competencia del profesor. Hemos intentado dialogar y a día de hoy todavía no está resuelto. Es lamentable que no se valore adecuadamente este tipo de enseñanza, que beneficia conjunto de la sociedad lanzaroteña.
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